Detalle de obra del artista Claudio Tamosiunas - Setiembre 2012 © Federico Meneses www.cooltivarte.com

Los vicios del Siglo XXI

En 1954 Nicanor Parra escribió su clásico Poemas y Antipoemas. Uno de los dieciséis antipoemas que describe en su obra, se refiere a Los vicios del mundo moderno. A los vicios de su mundo moderno. Porque setenta años de su publicación es mucho tiempo, poco menos que la vida del hombre actual, no como en el tango que veinte años no es nada. ¿Cuáles serían los vicios que el poeta describiría hoy, 1 de agosto de 2020, cuando escribo esta columna? No lo sé, pero sí sé que diría lo que dice en Advertencia al Lector, con que introduce los antipoemas, tercera parte de su obra: “El autor no responde de las molestias que puedan ocasionar sus escritos: / aunque le pese / El lector tendrá que darse siempre por satisfecho”.

Seguramente vio con regocijo, aunque no lo dijo, que muchos de los vicios que él refregó en la cara de los lectores de 1954, anidan en las almas descompuestas de los actuales “cadáveres digestivos” que deambulan como zombis por las calles de la ciudad. “Pongo por las nubes mis creaciones”, diría sarcástico como siempre. Claro que ahora no sorprendería el lenguaje poco elegante de su poesía hecha de palabras áridas y nada de estéticas. Una poesía alejada de Darío y de Martí. “La palabra arco iris no aparece en ninguna parte”, nos dice en Advertencia al Lector, pero “Sillas y mesas sí que figuran a granel, / ¡Ataúdes! ¡útiles de escritorio!”. Una especie de las flores del mal del siglo XX.

El lenguaje de Parra es el lenguaje preciso para describir los vicios de los hombres, con sus taras y sus imperfecciones. Cómo describir Las discriminaciones raciales, por ejemplo, de otro modo diferente. Parra es un poeta sin eufemismos de por medio. “Me vanaglorio de mis Iimitaciones”, nos dice. ¿De cuáles? ¿De las no usar palabras como arcoíris? Hay un desafío poético en su Advertencia al Lector que incomodó al lector de su tiempo, porque hoy ningún lector se incomoda por nada: “Parra postula una transformación de la expresividad canónica literaria por otra que sirva a la plasmación de la objetividad social, en la que los referentes sean los mismos que utiliza el hombre común”, nos dice María Alicia Guzmán de la Universidad del Mar del Plata en su ensayo Los Vicios del Mundo Moderno de Nicanor Parra. Una Mirada desde lo Social (Claves de un poema experimental).

Por eso la declaración de los vicios no tiene doble lectura. Su yo poético es un yo poético desacralizador de la poesía tradicional. Un yo poético irrespetuoso de los clásicos cánones poéticos, un yo poético que ironiza, satiriza y se burla de los modelos líricos tradicionales. La metáfora de Parra es la metáfora de la vida, aquella del lenguaje común que habla de las cosas comunes: “Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse”, nos dice en su Advertencia al Lector. La poesía debe bajar del Olimpo y mezclarse con la gente, con su humana cotidianidad: “Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia” y mejor hablar de La catástrofe de los ancianos, uno de los vicios descritos que ha zamarreado al individuo de hoy. Parra en su longevidad fue espectador de esta catástrofe de los ancianos, cuya reivindicación humana ha movido masas en el mundo.

Iván Carrasco, citado por Nadja Kornhill, de la Lunds Universitet, en su estudio Nicanor Parra. Su vida y la antipoesía, señala con mucha precisión el propósito de la antipoesía como expresión literaria: “La antipoesía responde a la búsqueda e identificación con la mentalidad y sensibilidad estética del hombre medio y pretende ayudarlo (del único modo posible para un ser deshumanizado) a recobrar su identidad humana o, por lo menos, a colocarse cara a cara con su humanidad en crisis”. Y Los vicios del mundo moderno son exactamente eso: una humanidad en crisis, entendiendo por humanidad la naturaleza humana y su conjunto de cualidades y caracteres que le son propias. Es esta humanidad la que está colapsada porque ha perdido el rumbo de los valores que la distinguen como humanidad, como El afán desmedido del poder y del lucro, uno de los males que afectan la paz social mundial. La poesía de Parra es una poesía de denuncia social, no de conformismos ni acomodamientos sociales.

El yo poético de Parra, desestructurador, demoledor de modelos poéticos, es un yo vivencial que se construye “a partir de la identidad personal del poeta por sobre toda otra circunstancia”, señala Juan Gabriel Araya en su libro Nicanor en Chillán, editado por Universidad del Bío Bío el año 2004. El crítico compara los antipoemas con lo que Foucault en Arqueología del saber reconoce como “descentramiento del sujeto”, es decir, un yo poético muy diferente al yo poético de la modernidad, siempre en su centro, coherente y reflexivo. Qué lejos del yo parriano: “Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte”, nos dice en Advertencia al Lector. Pero ahí está, desafiante y perturbadora casi setenta años después, porque los vicios del mundo moderno se han multiplicado y el mundo aparece más moderno que nunca, más destemplado que nunca, más desestructurado que nunca. “Porque, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos”, nos dice en Advertencia al Lector. Y para que no haya dudas de que el cielo se está cayendo a pedazos, Parra lo resume así en Los vicios del mundo moderno: “El mundo moderno es una gran cloaca”.

Los vicios del mundo actual, con ya dos décadas del siglo XXI, no difieren mucho, en realidad, de los vicios del mundo cuando era moderno en 1954. La sociedad continúa amenazada por ellos, y Parra lo sabía puesto que vivió hasta 2018. Se podría decir con mucha certeza, que los antipoemas gozan de una insospechada vigencia para una obra literaria que no responde a los patrones clásicos de la poesía en su relación con la realidad inmediata que es la naturaleza humana, la humanidad del individuo y su entorno. Y nada de su final de Advertencia al Lector lo hubiera modificado hoy, porque es el signo de su vocación poética que acorrala al lector, lo provoca y lo desafía: “Los pájaros de Aristófanes / Enterraban en sus propias cabezas / Los cadáveres de sus padres. / (Cada pájaro era un verdadero cementerio volante) / A mi modo de ver / Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia / ¡Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores!”.

La poesía de Parra, sus antipoemas, es una poesía esencialmente terrenal, que dibuja al ser humano en sus vicios, sin analgésicos floridos ni anestesia del Olimpo, porque, como él mismo nos dice en Los vicios del mundo moderno: “La verdad, como la belleza, no se crea ni se pierde / Y la poesía reside en las cosas o es simplemente un espejismo del espíritu”.

 

 

Imagen portada – ilustrativa – Detalle de obra del artista Claudio Tamosiunas – Setiembre 2012 © Federico Meneses 

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.