
Con entradas agotadas el Teatro Solís recibe a un viejerío divino, que se divide entre los que se congratulan por poder asistir de championes, bien cómodos, y los que piensan que cualquiera puede venir de championes, y ya no se arregla a la altura de un evento de gala.
Un anuncio institucional nos da la bienvenida y presenta toda la ficha técnica del espectáculo, que cuenta con la dirección musical del Maestro Álvaro Hagopián, la dirección artística de Nacho Suárez y la dirección general de Alexis Buenseñor.
Se levanta el telón mientras ya se escuchan los primeros acordes de nuestro mayor himno tanguero: La Cumparsita, compuesto en 1917 por Gerardo Matos Rodríguez. La orquesta se compone de piano de cola, contrabajo, dos violines y dos bandoneones. Al fondo del escenario se proyecta brevemente el nombre de la obra interpretada, y su autor.
Luego de este impactante comienzo, aparece por el lado derecho del escenario Nacho Suárez. Cuelga el sombrero en un perchero de madera y se sienta en lo que menciona es mobiliario del propio Baar Fun Fun, mientras nos relata la evolución desde la pulpería de campaña hasta la influencia de los elegantes cafés europeos. Estos fueron los lugares donde el hombre del siglo XIX pernoctaba junto a sus soledades, y así se conformaron los comienzos del tango, desde la soledad, desde los prostíbulos de Buenos Aires y Montevideo, incluso Rosario. Alimentados de adioses y separaciones portuarias.
Es esta la introducción para Melodía de arrabal de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, interpretado tan bien por Ricardo Olivera, que la ovación ni siquiera espera que termine la canción. Sigue con Romance de barrio de Homero Manzi y Aníbal Troilo. El escenario se ilumina de rojo tiñendo todo para acompañar la letra que habla de dolor, de traición, desprecio, llanto. La queja característica del tango arrabalero.
Mientras Ricardo canta, los músicos se miran entre sí y sonríen, felices. Contrasta el disfrute de la actuación con el mensaje de la canción.
Nueva intervención de Nacho Suárez que hace mención a la famosa bebida de Fun Fun: la Uvita, menciona a sus correlativos dueños: Coco, Lula y Gonzalo y dice que ellos son un símbolo del paso de los tiempos. Eran aquellos años en que los emigrantes, la mayoría hombres, que habían dejado lejos a sus madres y hermanas, encontraban como único contacto con las mujeres, a las prostitutas. Y se enamoraban, y sufrían… y ese fue el lugar que la mujer ocupó en el tango, en esa primera época. Letras jocosas y eróticas que fueron dejando paso a otras más reflexivas, con la incorporación de la poesía, hasta hoy, donde la mujer ocupa roles protagónicos en el arte.
Esta frase es el pie para que aparezca una espléndida Valeria Lima en el escenario, recibida con aplausos. Ataviada de un impactante vestuario, interpreta Bien de abajo de Arturo Penón y Héctor Negro que habla justamente de lo que Nacho nos venía relatando y sigue luego con Afiches de Homero Expósito y Antonio Stampone, un tango inmortalizado por Goyeneche, que habla de la juventud perdida.
Luego de la visceral interpretación, vuelve Suárez desde su lugar, a comentarnos que ni bien terminó el espectáculo La Cumparsita 100+6 del año pasado, ya empezaron a pensar en el siguiente, y cómo trabajaron para buscar un repertorio que nos represente como sociedad, ya que todo arte es una recreación de la vida, nos vamos proyectando. Nos cuenta cómo la clase media aceptó el tango sólo luego que el género triunfó en París, antes era mal visto. Sin embargo, ha ido ascendiendo socialmente. Como el gachó gris, que hoy es un símbolo.
Suena El choclo de Ángel Villoldo y esta vez quienes salen al escenario son tres parejas de bailarines liderados por Federico García, que realizan una serie de movimientos imposibles, acrobacias de tango de exhibición.
Suárez habla de ese fuego que sube por las piernas, del texto erótico y sensual. Esa liturgia laica, suave, poética y feroz llamada tango.
Sale a escena Nelson Pino y su elegancia, a cantar Recuerdo Malevo de Ricardo Tanturi y Alberto Castillo. La genta aplaude enfática, fascinada, mientras sigue con El encopao de Enrique Dizeo y Osvaldo Pugliese, que habla de alguien que ya está más allá del qué dirán. Una tercera canción: Mala entraña de Enrique Maciel y Celedonio Flores, también popularizada por Gardel.
Los músicos siguen felices mientras ejecutan sus instrumentos.
Suárez nos recuerda que este año se cumplen 50 años de la película La Tregua, basada en texto de Mario Benedetti y habla de la de la vigencia que tiene el tema de las segundas oportunidades, de que nunca es tarde para el amor. Que es de lo mismo que habla el tango, esa es la verdadera esencia rioplatense, mientras vemos escenas de la película, proyectadas al fondo del escenario y suena el tema principal, compuesto por Julián Plaza. Al finalizar, el Maestro Hagopián hace parar a los músicos para recibir el aplauso del público.
Quizá la diferencia de este espectáculo con otros, es el compromiso, el afecto, el respeto, el sentir el silencio lleno, el aplauso sincero, nos confiesa Suárez. En la feria de las vanidades de la industria del entretenimiento, hemos visto subir y bajar muy rápido… pero cuando el producto es de verdad, se mantiene. Porque una cosa es la admiración y otra cosa es el respeto. Entonces vamos a invitar a alguien que tiene admiración y respeto, coinciden las dos cosas, lo cual es raro. Chacho Ramos va a cantar tango, porque así se lo pedimos.
Se presenta el afamado músico folclórico con un brillante traje a cantar La última copa de Juan Caruso y Francisco Canaro. Se trata de una gran actuación, muy sentida, y es recompensada por un largo aplauso.
Sigue Un boliche de Tito Cabano y suena el recuerdo de Aníbal Troilo. La gente está gratamente sorprendida por el buen canto y por la elección del repertorio. Ramos hacer gala de un gran desempeño vocal.
Suena luego la canción que yo personalmente estaba esperando, no podía faltar: Sur, de Aníbal Troilo y Homero Manzi. Le dieron a Chacho tres himnos del tango y los está bordando. Recibe la ovación con gran emoción.
Con nuevo vestuario salen las tres parejas de bailarines para hacer el vals Corazón de oro de Francisco Canaro y Jesús Fernández Blanco, haciendo un baile grupal, coreográfico, muy atractivo y natural.
Finalizada la gran demostración técnica y artística, Nacho Suárez nos habla del raro proceso que estamos viviendo, con el avance de la tecnología, que por un lado nos da mucha satisfacción poder contar con lo último en iluminación y audio, pero por otro es preocupante el avance de la Inteligencia Artificial. Pero dice estar convencido que no habrá Inteligencia Artificial alguna que sea capaz de crear la ternura que puede haber en una muchacha cantando junto al piano en el Teatro Solís. Vuelve Valeria Lima para interpretar el tango Nada de José Dames, en una delicada versión, solamente con el piano del Maestro Hagopián, mientras los otros músicos les miran atentamente.
Sigue luego Los pájaros perdidos de Astor Piazzolla que ya me parecía a mí que se estaba demorando en aparecer por aquí. Valeria agradece el aplauso, emocionada y da paso a los tres bailarines masculinos, que ejecutan energética danza con La Puñalada de Pintín Castellanos y qué maravilla es verlos bailar en pareja o en trío, se siente como en el arrabal. Luego se suman las bailarinas de rojo brillante y qué contraste, la elegancia de los trajes en negro y blanco, con la finura y la alegría de los vestidos, pero sin perder la energía y el frenesí.
Lindo haber venido hoy ¿no? Nos interpela Nacho. El público asiente fervorosamente. Tanto tenemos que hablar del tango como reflejo de la realidad, sigue Suárez, que en él vemos proyectadas las dudas, el pesimismo, las crisis. De allí siguen los filósofos, como Enrique Santos Discépolo que fue capaz de describir las miserias, y plantear el existencialismo como Sartre u Onetti. Esto da pie para que Ricardo Olivera cante Infamia del citado autor, de donde descubro sale la famosa y burlona frase que se decía en mi familia, cuando algún gurí hacía una chamboneada: “fue inútil gritar”. Y luego otro clásico de Santos: Tormenta, gran letra y música, que termina sin necesidad de utilizar el micrófono, sólo con su potente voz.
Es el momento de la despedida, Suárez insiste en que les hacía mucha ilusión este encuentro, esta noche, pese a los nervios. Nombra uno por uno a los responsables y a los artistas que estuvieron dando todo.
Nos invita para el próximo 8 de abril de 2025 cuando se realizará La Cumparsita 100 + 8, y que espera contar con nuestra presencia. Porque La Cumparsita nos convoca, es el tango tal cual es. Y vuelve a sonar la pieza, salen los bailarines, esta vez de negro brillante, cada pareja pasa al medio del escenario para lucirse, y luego van cambiando de partenere, perfectamente sincronizados.
Así termina una noche de tango, fueron 90 minutos sin pausa, no hubo bises y la gente siente que ha sido corto. Nos deja con ganas de más, y eso siempre es bueno. Nos vamos tarareando…
Ficha técnica
Solistas de la Orquesta de Tango de la ciudad de Montevideo
Mtro. Álvaro Hagopián: piano, dirección y arreglos.
Mtro. Néstor Vaz, Sergio Astengo – Bandoneones.
Matías Craciun, Franco Locardi: violines.
Jorge Pi: contrabajo.
Voces: Valeria Lima, Ricardo Olivera, Nelson Pino.
Artista invitado: Chacho Ramos.
Bailarines: Liliana Merlino, Rodrigo Fleitas, Iahara Stolarsky, Carlos Borthagaray, Áarati De Rosa y Federico García.
Coreógrafo: Federico García Núñez.
Operador de Video: Alfredo Cid.
Ingeniero de Sonido: Gustavo de León.
Iluminación: Martin Blanchet.
Producción: Sheila Bonino.
Dirección Musical: Mtro. Álvaro Hagopián.
Dirección Artística: Ignacio “Nacho” Suárez.
Dirección General: Alexis Buenseñor.












































