El último disco de Jorge Lazaroff es distinto a todos los que había hecho antes. Se estaba preparando para un cambio drástico, estético, tímbrico, arreglístico, pero lo encontró la muerte en plena madurez de su arte. Esta canción es una obra maestra, no solo en lo compositivo, sino en lo arreglístico. La base rítmica, hipnótica, es ESA TRISTEZA de Mateo y sirve de plataforma para que el “Choncho” nos cuente la sórdida historia de un crimen real acontecido en Solymar. La banda es tremenda y rinde de manera estupenda con la percusión soberbia de Wil Negreyra– recientemente desaparecido- y la base a cargo de Hugo Jasa y Daniel Jacques.
Es una delicia la cantada, me deleita cada vez que la escucho. Jorge era un cantor “rústico”, potente, torrencial, y aquí maneja sutilezas de manera maestra. Ese glisando de la voz, en la parte donde nombra a la discoteca es increíble. Y detrás de este disco y de este texto está la impunidad política. Jorge ya había escrito lúcidos artículos sobre eso, llamando a reflexionar sobre el accionar de los aparatos represivos en “democracia” y que la dictadura no se habría “evaporado” así como así. Tenía razón. La Historia se la da.















































