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Espíritu burlón: crónica de un cumpleaños diferente.
Cada 19 de septiembre, sobre todo en el ámbito musical y cultural, Uruguay tiene un aire especial. En esa misma fecha, pero en un Montevideo de 1940, nació Ángel Eduardo Mateo López. Quizás podría hacer una vasta descripción de su carrera, de sus múltiples aportes a la música popular uruguaya y latinoamericana y, de algún modo, justificar con hazañas y datos biográficos su enorme vigencia e importancia.
Sospecho que es más fácil hablar de música y que, tal vez, es lo que Mateo hubiera preferido.
La SUVD (Sociedad Urbana Villa Dolores) convocó el pasado sábado a cuatro músicos —algunos de ellos con carreras ya consolidadas en la escena rioplatense— profundamente vinculados con la obra de Mateo.
Entre tragos, idas y venidas, y fotografías de la vida de Mateo proyectadas sobre el escenario, la guitarra acústica comenzó a sonar para dar inicio al homenaje tan esperado a uno de los pilares de nuestra música.
Juana Buscaglia: Horacio y Mateo.
Juana Buscaglia comenzó entonando «Un canto para mamá», del mítico disco Mateo y Trasante, para continuar con una bellísima versión de «La libélula» —de La mosca— y «Canción para el tamborero».
Juana, hija de Martín Buscaglia y nieta de Horacio Buscaglia, no se resistió a mencionar la enorme influencia que Mateo tuvo en su vida y, de un modo muy íntimo, se animó a cantar canciones que su abuelo, Horacio, compuso junto a Mateo. Horacio Buscaglia conoció a Mateo en 1967, y comenzaron a trabajar juntos desde entonces. De ese trabajo conjunto, en el que habitualmente Horacio se ocupaba de las letras y Mateo de la música, surgió, entre otras tantas composiciones, el clásico Príncipe azul.
Se destacó también Musicasión, una serie de cuatro espectáculos en El Galpón que reunió a buena parte de la nueva música uruguaya y resultó fundamental para la consolidación de aquella escena.
De esta forma, Juana continuó con «Hombre», «El boliche» —de Cuerpo y alma— y «Cancioncilla amorosa», para despedirse con «Si vieras».
De su presentación se destacó la atmósfera íntima y cálida, acompañada por interpretaciones muy cuidadas y una comodidad evidente, que revela lo importante que es Mateo en el universo musical -y también cotidiano- de Juana.

Santiago Moraes: influencias desde el otro lado del río.
El argentino Santiago Moraes señaló desde el comienzo su tentativa de interpretar tanto canciones de Mateo como composiciones propias, profundamente atravesadas por la escucha del juglar montevideano.
A diferencia de Juana, que anteriormente había estado acompañada por guitarra y percusión, Santiago tocó de forma solista, con un notable virtuosismo en la guitarra y la presencia de una armónica.
Abrió su presentación interpretando el clásico «Hoy te vi», coreado entre los presentes con gran efusión. Continuó con «Pereza», el primero de los cuatro temas propios que interpretaría durante la noche. El segundo fue «Agustina», perteneciente a su disco Transeúntes.
«Voz de diamante» —segunda canción de Mateo y segunda del disco Mateo y Trasante— dio continuidad a su presentación. La tercera composición propia que Moraes cantó fue «El bus», también de Transeúntes.
Apareció entonces, por primera vez en toda la noche, una canción de quizás el más mítico de los discos de Mateo: Mateo solo bien se lame. Se trató de «De nosotros dos».
Finalmente, el último tema de Mateo escogido por Moraes fue «Kin Tin Tan» -de La máquina del tiempo 3er Viaje, 1ª Parte: Ida (1971 – 1984)-. Culminó su presentación con una última canción propia, muy cómica, titulada «El gordo Cárcamo».

Pascual Márquez: El momento de los clásicos.
Pascual Márquez inauguró el tercer bloque de presentaciones, con la destacada presencia de Evaluna Oreta en percusión.
Sin medir palabras, inició con una sentida versión de «Espíritu burlón» y, al iniciar su diálogo con el público, una vez terminada la canción, bromeó: «No sé quién será el espíritu burlón, pero Mateo seguro se ha convertido en uno».
«Quién te viera» fue la segunda elección de Pascual Márquez. Se destacó allí la presencia de unas maracas, tocadas por Evaluna, que le dieron una personalidad particular a este clásico mateístico.
Luego llegó una bellísima canción titulada «Juerguilla», de su disco Pocos cables, seguida por uno de sus temas más conocidos: «Fútbol».
Volviendo a Mateo, optó por varios clásicos: «Jacinta», «Palomas» y «La mama vieja».
Concluyó su presentación con una composición propia titulada «Telemundo».
Estela Magnone: ¿rebeldía o detalles ocultos?
La tan esperada presentación de Estela Magnone —pilar de la música popular uruguaya y figura de enorme importancia en el desarrollo de los movimientos musicales femeninos, particularmente a través de los grupos Travesía y Las Tres— tuvo una particularidad que, al mismo tiempo, resultó extraña: no contó con interpretaciones de canciones de Mateo.
Cuestión que ella misma, entre risas, confesó: «Todos trajeron canciones de Mateo y yo no…»
Sin embargo, basta comparar -e incito al lector a que se tome el trabajo- el inicio de «Días menos Días más» —primera canción del repertorio escogido por Magnone— con el clásico «Quién te viera», de Mateo solo bien se lame. Ya desde los primeros compases, la progresión armónica y el movimiento melódico parecen establecer un curioso diálogo con dicha canción.
Así, la selección de canciones de Magnone quizá no fuera tan arbitraria como pudo parecer a simple vista. Al indagar en los movimientos melódicos y armónicos de las canciones escogidas, aparecen múltiples guiños a la obra de Mateo.
A continuación, los temas interpretados —con gran virtuosismo en el piano— por Magnone:
«Días Menos Días Más»
«Carbón y sal»
«No hay lugar»
«Los Cascos de Pegaso»
Terminó su presentación con la musicalización del poema Desde la celda de María Eugenia Vaz Ferreira.

A todo pulmón: Canción para renacer.
Al momento de entrar, a todos los presentes se nos entregó una hoja con la letra de «Canción para renacer», escrita originalmente por Mateo. En YouTube puede encontrarse un registro de aquella canción, acompañado por fotografías de aquel mítico momento de la música uruguaya en los Estudios Sondor.
Con todos los músicos sobre el escenario, Santiago Moraes afinó la guitarra y, momentos después, desde afuera de la sala, sospecho que solo podían escucharse aquellas voces juntas, al son de:
«Cuando el verde del musgo vuelva a cubrir la pared en sombras…»
Así llegó a su fin una noche de música, recuerdos, chistes y algún espíritu burlón vagando por allí.