
En la conversación, Ximena me dejó de una pieza con esta reflexión y por eso decidí comenzar la nota así: “Yo creo que en el terreno creativo el único error es tener el motivo incorrecto, hacer por un motivo que no sea profundo. Para mí ese es un error, y es casi el único error que verdaderamente es un error. Todo lo demás son sucesos. Lo que pasa es que a veces son sucesos que escapan a tus planes.”
Y me hace pensar: ¿Cuánto habremos dejado de crear por miedo al error o – aún peor – cuánto habremos hecho sin una razón que nos conmueva? Es casi un sacrilegio y una aprendizaje que nunca terminamos de incorporar, pero quizás, Ximena sí lo haya asimilado y por eso me resulta muy interesante conocer – y que se conozca – más de su trabajo.
Su disco Fuerza Àlla comenzó a tomar forma en 2021, en una circunstancia que, en principio, parecía hecha de límites: una pierna rota, la imposibilidad de caminar con normalidad, una operación que no llegaba, la pandemia y un aislamiento que terminó extendiéndose durante meses. Pero aquello que podía ser leído únicamente como una interrupción terminó convirtiéndose en una puerta. Una puerta hacia el pensamiento, hacia la escritura, hacia la memoria, hacia la fe, hacia el tiempo entendido de una manera no lineal.
Editado por Aceituna Brava, Fuerza Àlla es el cuarto álbum de Ximena Bedó y reúne ocho canciones. El material, construido a lo largo de casi seis años de composición, grabación y edición, trabaja con lenguajes diversos como el collage, la palabra hablada, la experimentación y una dimensión profundamente sensorial atraviesan un disco ecléctico.
El próximo 18 de octubre (a un mes de publicarse) a las 20 horas, Fuerza Àlla llegará a Sala Rondeau. Ximena estará acompañada por Mauricio Ramos, Andrés Pigatto, Irene Porzio, Juan Polgar, Lucía Gatti y Juan Castiglioni, en una formación de siete músicos que no pretende reproducir mecánicamente aquello que existe en el álbum, sino volver a interpretarlo con otra intención y donde todos somos parte y, tal vez, esa sea una de las ideas centrales de este trabajo: nada permanece exactamente igual cuando vuelve a pasar por el cuerpo.

Antes de llegar a Fuerza Àlla, Ximena ya había recorrido otros caminos creativos pero existe un episodio que ella misma incorpora a su historia aunque no lo considere formalmente un disco: Instantáneas, una experiencia construida a partir de improvisaciones registradas como audios de WhatsApp.
La anécdota parece pequeña, casi doméstica. Una serie de improvisaciones guardadas, una captura de pantalla convertida en portada, una publicación que en principio no estaba destinada a ser escuchada por demasiadas personas. Sin embargo, allí aparece una de las claves de su manera de crear. Ximena no se reconoce en una composición excesivamente planificada. Su procedimiento está más cerca del impulso, del “tirón”, de aquello que aparece antes de que la razón pueda intervenir para corregirlo y esa confianza no es ingenuidad. Es, más bien, una forma de conocimiento.
La improvisación le interesa precisamente porque puede esquivar los mecanismos de control. En esa zona donde pensamiento, lenguaje y sonido todavía no fueron completamente domesticados aparece algo que, para ella, posee un valor particular.
Quizás por eso Instantáneas, aunque haya sido una especie de experimento, terminó funcionando como una gimnasia que preparó el terreno para lo que vendría.
En Fuerza Àlla, esa búsqueda de lo genuino reaparece incluso en la grabación de las voces. Ximena, que trabaja desde hace años como preparadora vocal y profesora de canto, decidió utilizar en varias canciones las tomas de las maquetas en lugar de las tomas definitivas. Sabía que durante una maqueta no estaba pensando obsesivamente en cómo estaba cantando. Era una manera de engañar a su propia técnica para permitir que apareciera el gesto.
“Me hice esa trampa misma, si se quiere, para poder acceder a tomas genuinas”, explica.
Fuerza Àlla fue compuesto en un período en el que Ximena permaneció durante meses prácticamente aislada. La pandemia ya había alterado la experiencia cotidiana del mundo y, en su caso, una pierna rota terminó de sellar ese paréntesis.
La imposibilidad de avanzar físicamente produjo una suspensión que le permitió avanzar en otra dirección. Estar quieta la llevó a pensar. Pensar la llevó a escribir. Y escribir terminó abriendo un recorrido creativo que no estaba organizado alrededor de una búsqueda de género, sino de grandes preguntas internas.
“Pensaba en todas mis edades en un mismo punto”, dice durante la conversación.
Fuerza Àlla no parece querer contar solamente lo que ocurrió en esos años, sino explorar aquello que sucede cuando pasado, presente y futuro dejan de comportarse como una línea. La música se convierte entonces en una especie de habitación donde distintas versiones de una misma persona pueden encontrarse y las habitaciones, justamente, tienen una importancia especial en el universo sonoro del disco. Los espacios, los sonidos ambientales, las texturas, el desplazamiento del oído de un lugar hacia otro funcionan casi cinematográficamente.
La propia información del lanzamiento define al álbum como un trabajo atravesado por la espiritualidad, la fuerza motriz, otras temporalidades y el ánima de habitaciones y objetos.

Estaba viendo tu discografía y, más allá del lanzamiento, tenés otros discos editados, ¿Este sería el cuarto?
Ximena Bedó: “Sí. En realidad este disco lo trato un poco como el cuarto porque en el medio tuve ahí un delirio que subí como una especie de disco con improvisaciones en audios de WhatsApp. Si bien no lo considero un disco, a mí personalmente me gusta un montón y me influyó mucho haber pasado por esa instancia. Me condicionó un montón para bien. Entonces yo siento que este es el cuarto, en realidad”.
¿Cómo fue esa experiencia de hacer improvisaciones con audios de WhatsApp?
Ximena Bedó: “Ese disco se llama Instantáneas. Yo improviso mucho, tengo el hábito de improvisar. Fui parte de un grupo de improvisación en su momento, pero además es la manera que yo tengo. No es que yo haga un trabajo artesanal donde elijo palabras y hago como una especie de gran ejercicio. No, eso no lo hago, no lo sé hacer. Y cuando he intentado hacerlo, solo me produce hastío y siento que es como una falsedad de mi parte.
Mi manera es de un tirón y entonces esa es la gimnasia que yo tengo, porque yo confío mucho en ese tirón, aunque no lo entienda en el momento.
Yo tenía un grupo donde improvisaba y guardaba mis improvisaciones y un día vi la pantalla y dije: “Le voy a hacer una captura”. Hice la captura de pantalla, fue la tapa de ese disco que se llamó Instantáneas y lo colgué pensando realmente que la gente no lo iba a escuchar. Después me saltó alguna notificación de alguna reseña de ese disco y dije: “Ah, lo van a escuchar, lo están pudiendo escuchar”. A mí me hizo mucho bien hacer eso”.
Un audio de WhatsApp es algo que uno hace espontáneamente con personas que conoce, desde un lugar de confianza.
Ximena Bedó: “Sí. Tengo mucho respeto por ese tipo de composición, barra pensamiento, barra lenguaje, porque siento que viene de un lugar que uno no logra controlar del todo y eso está bueno. Es como un objeto de uno que logra evitar los peajes, los mecanismos de control. Y eso es respetable”.
Y en tu trabajo también aparece mucho la voz.
Ximena Bedó: “Yo trabajo como preparadora vocal hace muchos años y como profesora de canto. Ese es mi trabajo. Entonces hay algo de ese vocalismo, si se quiere, que se filtra. De hecho, trato que se filtre, que no termine siendo solamente exigencia, sino que se filtre de la forma más desacartonada posible.
En este disco, específicamente, yo no usé tomas definitivas. Usé las tomas de las maquetas porque sabía que cuando estaba grabando las maquetas no estaba pensando cómo estaba cantando. Entonces hay varias canciones donde hice las paces con la maqueta y dije: “Vamos con esta porque es lo que siento”.
Tu espectro musical es muy amplio, casi inclasificable. Está el jazz, el folclore y muchos otros lenguajes. En este nuevo disco, ¿Cuál es la búsqueda de Fuerza Àlla?
Ximena Bedó: “Fuerza Àlla fue compuesta en el año 2021, en un año en que yo estuve mucho tiempo aislada porque tenía una pierna rota y estaba la pandemia. Yo no podía retomar la marcha y tampoco podía operarme, entonces quedé como congelada en un segundo piso por escalera durante muchos meses. Esa fue una situación completamente atípica que yo viví, que hizo que me pegara a mi encierro, en el sentido de que me pusiera a filosofar, a pensar y a escribir mucho.
Estaba bastante aislada de la cotidianeidad y del mundo. Y eso me abrió una ventana a otro tipo de pensamientos.
A partir de ahí, todo el proceso, que fueron cinco largos años, casi seis, fue extremadamente experimental. No había una predisposición. Lo que había eran grandes temas de mi fuero interno que yo quería reflejar en el cuerpo sonoro y después lo que terminó pasando es que se reflejó en el sonido del disco.
Yo estaba pensando todo el tiempo en el alma, en el ánima de los lugares, de las habitaciones. Pensaba en el tiempo, en el tiempo como algo no lineal. Pensaba en todas mis edades en un mismo punto, como si yo tuviera acceso a todos los momentos de mi vida desde un mismo instante. Pensaba en mi origen. Pensaba en la fe”.
Es interesante que aquello que podía aparecer como un obstáculo, el quebrarte una pierna, terminara funcionando paradójicamente como una posibilidad de libertad creativa y de búsqueda conceptual.
Ximena Bedó: “Sí porque, además, estaba muy silenciosa. La pierna fue como la firma, el sello oficial, como la forma de oficializar un pequeño tiempo de exilio de la vida.
Yo no podía hacer otra cosa que esperar a que eventualmente me llamaran para operarme y después toda la recuperación. Fueron como siete meses y eso me dio una ventana que, si no hubiera sido así, creo que el disco tampoco hubiera sido así.
Luego, por supuesto, vino la parte de grabarlo. y ahí hay una búsqueda también de volver a confiar en el mundo y de buscar las conexiones desde otro lugar y fui a parar al estudio de Juan Castiglioni, en Casa Jardín, donde él, por suerte también, es bastante así, completamente ajeno a muchas cosas, y eso nos dio la posibilidad de realmente darle rienda suelta a la experimentación. Y así se fueron cinco años”.
Parece un paralelismo entre tu creación y tu experiencia personal. Primero estar en un contexto diferente por una situación física y después volver a aprender a estar en el mundo exterior.
Ximena Bedó: “Es un poco novelera la cosa que te voy a decir ahora, pero es como refundarte un poco. De volver a meter los dos pies en la vida, pero de otra manera, porque estuve un tiempo considerable en un paréntesis y es un paréntesis muy revelador en cuanto a cómo querés estar en el mundo.
En un mundo, además, bastante controversial, que no hace otra cosa que ponerse cada vez más controversial. Entonces creo que hay un lindo pasaje entre la soledad del material y luego esa búsqueda por encontrar los interlocutores válidos para generar la música y crear, de hecho, el disco.
Es un disco que me regaló también un proceso vital muy bueno, que me dejó en una orilla muy linda. Me gusta que me haya dejado en esta orilla desde el punto de vista vivencial. Para mí la música es un refugio para entenderme a mí y entender la vida que me tocó, y quiero que lo siga haciendo”.
A veces la lógica está sobrevalorada también. Tratamos de buscar un mundo que tenga sentido todo el tiempo, cuando muchas cosas ni siquiera sabemos por qué ocurren y me llamó mucho la atención que el primer sencillo de este disco sea “Mi nombre”, como si fuera una introducción no solamente a la persona, sino a la construcción de esa persona, incluso desde el cuerpo humano, como fragmentos: la cabeza, los brazos, el torso, los extremos.
Ximena Bedó: “Un brazo, una mano, un ojo. Sí. Es que es lo que te digo: en este viajecito había algo como ir a lo más primario: la identidad, el tiempo, la fe y la conexión. Es raro, suena muy novelero lo que te digo, pero fue así.
Y también en el último tema, “Mi corazón”, hay como una sensación de querer decir algo que tiene que ver con la identidad. Es difícil a veces uno pensar sobre sus propias cosas”.
Y capaz que esto es como tu renacer, sin ser demasiado cursi. Cuando uno se enfrenta a una situación que le cambia la vida, aunque para otros pueda ser una situación quizás menor, todo depende de cómo cada uno lo enfrente y lo viva. En tu caso fue muy marcante y ahora se lleva al disco.
Ximena Bedó: “Sí. Yo andaba, en muchos aspectos, con una cuestión de cambiar de dirección. La recuperación de la pierna me ayudó a hacer un movimiento que tiene que ver con cambiar de dirección de tu propio arco para que la flecha vaya para otro lado y el disco acompañó eso. Al mismo tiempo se transformó en eso.
Yo no sé qué me produjo el disco a mí y qué produzco yo en el disco, pero es como una doble energía entre el disco y yo para lograr un giro en la dirección en la que yo iba caminando. Eso siento que es este disco”.
Como que el disco fuera algo vivo.
Ximena Bedó: “Ni hablar. Para mí el disco era como un planeta. Vos pensá que yo todas las semanas, durante cinco años, un día se lo dedicaba a esto, entonces para mí era como un modo de vida.
En un momento, al principio de este año, empecé a volver a mezclar algunas canciones y ahí ya me di cuenta de que estaban en un límite medio… Mis amigos me decían: “Bueno, ya está, esto ya se está pasando de castaño oscuro” y entonces ahí sí, ya quería que se fuera, que terminara pero igual me la pasé muy bien haciéndolo”.
Me parece interesantísimo esto de que durante cinco años le dedicaras una parte de cada semana a construirlo. Es un parto muchísimo mayor que nueve meses.
Ximena Bedó: “Es que el disco funcionó mucho alrededor del error y del imprevisto, todo el tiempo.
Y también del cambio de planes.
Yo, por ejemplo, estaba frente a una canción y sentía que no terminaba de funcionar. Entonces de repente decía: “Bueno, vamos a mutear toda la parte A” y a partir de una decisión así venía todo un largo proceso de orquestar esa decisión. Entonces volvía a crearse, de alguna manera.
Y a mí me pasaba eso todo el tiempo ya fuera porque me faltaba un archivo, o lo que fuera, y entonces armaba todo un firulete alrededor de la falta de ese archivo, que generaba una idea en sí misma, que yo misma tenía que seguir y solventar creativamente.
Era como: “Ay, mirá, ahora que muteamos tal cosa y apareció tal tecla, apareció mucho más clara que esta parte en realidad es esto otro”. Eso pasó mucho”.
Es como que ibas abriendo puertas.
Ximena Bedó: “Totalmente y las puertas siempre se abrían por una cosa que siempre era algo que no tenía o que había quedado cruzado, mal grabado. Entonces siempre el error conducía a la novedad y la novedad me volvía a llenar de entusiasmo”.
Eso está buenísimo porque a veces se menosprecia el valor que tiene el error a la hora de crear.
Ximena Bedó: “Sí. Lo que pasa es que también el tema del error es un tema raro porque es el miedo que todos tenemos, el miedo al error.
Yo creo que en el terreno creativo el único error es tener el motivo incorrecto, por un motivo que no es profundo. Para mí ese es un error.
Pero para mí es casi el único error que verdaderamente es un error. Todo lo demás son sucesos. Lo que pasa es que a veces los sucesos escapan a tus planes y ahí depende de cómo vos te pares ante esa novedad.
Por lo general, y no sé por qué, no tengo ninguna teoría al respecto de esto, pero por lo general ese suceso imprevisto mejora muchísimo todo.
Por eso te decía lo de la improvisación. Yo respeto mucho las cosas que vienen de un lugar que yo no puedo controlar”.
Las canciones como que se van armando ellas mismas y después las vas descubriendo.
Ximena Bedó: “Yo siento que sí. Yo me obsesiono con las cosas pero con cosas que yo escucho, sé que son parte de algo, que las escucho en mi cabeza, entonces voy detrás de ellas. Y una vez que están materializadas, les encuentro el sentido”.
Se viene la fecha en Sala Rondeau y no es lo mismo tocar en vivo que escuchar lo que está masterizado.
Ximena Bedó: “El disco defiende mucho lo vivencial, lo material pero desde el punto de vista espiritual. Creo que eso es lo más honesto”.
Es como el ejercicio de improvisación del que hablábamos. Venís de ese mundo y te ha ayudado mucho. Y aunque haya ensayos y se pulan cosas, está lo que sucede en vivo con la gente, con todo lo que se forma ahí, ese microclima.
Ximena Bedó: “Y las personas. Vos pensá que yo me siento ahora muy afortunada de haberme armado esa banda para presentarla.
No es la misma banda que toca en el disco. Hay gente en común, pero es otra banda, una banda más grande, distinta y yo no me la puedo creer.
Estoy en los ensayos y digo: “Wow”. Es espectacular lo que se armó. Entonces es apostar a eso. Apostar a esa nueva realidad, que son un montón de personas con su sensibilidad y con su música entrando en ese material. Siento que lo más genuino es decir: “Bueno, ahora vamos a respirarlo desde este lugar y resignificarlo”.
Quizás Fuerza Àlla no sea solamente un disco sobre lo que ocurrió durante aquellos meses de inmovilidad. Sería demasiado sencillo reducirlo a eso.
Es, más bien, el registro de aquello que puede suceder cuando una interrupción se convierte en espacio. Cuando el cuerpo obliga a detenerse y la mente empieza a caminar. Cuando el error deja de ser una falla y se convierte en acontecimiento. Cuando una canción deja de obedecer a quien la compone y empieza, en algún momento, a mostrarle el camino.
Ximena habla de puertas que se abren por accidente. De archivos que faltan. De cosas mal grabadas. De cambios de planes que obligan a reconstruirlo todo y esa lógica excede largamente a la música porque la vida misma funciona así.
El 18 de octubre, en Sala Rondeau, esa transformación volverá a suceder en vivo. No será una reproducción exacta del disco porque justamente no podría serlo. Será otra instancia, otro momento, otro microclima. Una nueva oportunidad para que aquello que fue construido durante años vuelva a construirse.
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