
“TODO ESTA EN GUERRA MENOS LA FOTOGRAFÍA QUE ESTA MUERTA”.
Con más de cincuenta años de trayectoria, la figura y la obra de Mario Marotta, se instaura como una aventura voraz, audaz y personal, siempre abierta a las consideraciones de las mismas. Tanto en cuanto al mundo de las imágenes, como a la reflexión y al pensamiento que recaen sobre ellas y nosotros. Nuestros encuentros están signados por esos avatares de búsquedas, donde el tiempo y sus espectros desatan, la enunciación imprevisible del mañana.
Te nombré una serie de fotógrafos de registros bélicos. Llevado por la situación mundial, la cantidad de los mismos muertos o asesinados, y por la posibilidad de captar imágenes a través de dispositivos digitales. Lo hice como un disparador hacia algo más profundo que tiene que ver con el mundo de las imágenes, su sobresaturación y valoración, así como el papel que desempeña hoy la fotografía en el mundo….
– Dejó de interesarme la fotografía de guerra hace ya mucho tiempo, no me aporta nada, demás está decir que a mí, lo que hablo es mi manera de ver el tema, esas fotos de guerra eran parte del negocio de la propaganda, no me mueven un pelo. En revistas o diarios te encontrabas con un montón de cuerpos amontonados en Beirut, en un lado en otro, una especie de basurero humano, algunos haciendo uso de una sensibilidad dudosa parecían conmoverse, pero se detenían en las páginas siguientes que mostraba a Kim Basinger semi desnuda o a Richard Gere. La fotografía como parte del negocio editorial, hoy casi dejó de existir, yo, – a nivel personal – no conozco a nadie que recuerde fotos de guerra, son sólo para un nicho equis. Ninguna guerra terminó por las lágrimas derramadas al ver los cientos de millones de muertos en los conflictos, es más, no lo dicen pero es como con las fotos porno, a muchos les encantan, y los fotógrafos que se marcharon en ellos, bueno, hay una serie de probabilidades de que si vas al zoológico y te metes en el espacio en donde viven los leones te arranquen la cabeza, es simple.
Eso no impide reconocer que ciertos fotógrafos han dejado su impronta y han sido testigos de ciertos hechos que gracias a ellos han podido ser documentados…
– Hablar de Capa, de Burrows, de Curry, de Salgado y algunos otros, me parece muy aburrido e intrascendente, – es mi punto de vista claro está -, no existen, son tumbas,… siempre las mismas figuritas como si al hoy dichos nombres y sus imágenes significase “algo” para alguien, no, no pasa nada. Las nuevas generaciones de fotógrafos por ahí reconocen algún nombre y sus obras, y muchos se han preocupado en hacerlo, por y para que sus “profesores” – o como se les quiera llamar de determinados centros o talleres – puedan hacer su trabajo, no te olvides que a pesar de la no existencia si tenes diez fulanos pagándote por oírte, es rentable, así es como los veo y veo el panorama de este pueblito. La fotografía murió hace más o menos quince años atrás, desde el momento en que comenzaron a circular muchas imágenes por internet, hoy gracias a los celulares, el flujo y tráfico de fotografías es de miles de millones por segundo en todo el planeta, los más de 15.000 millones de celulares activos las 24 hs. del día, enviando fotitos y las plataformas como, Facebook, Instagram y todas las demás, terminaron con las paparruchadas delirantes sobre los portentos de las fotografías y sus ramificaciones psico alucinadas… Para poder hablar algo sobre fotografía, y lograr una frase atractiva van a tener que pedirle letra al chat GPT. Quieren fotos, bueno, ahí tienen octillones, 100 vidas no darían para ver lo que se produce en 20 minutos de tráfico por las vías antes citadas, y lo mejor, todos pueden acceder ante lo que era una “disciplina para eruditos o yo que sé”, cualquiera con un celular es un fotógrafo o videasta, fantástico.
En “La furia de las imágenes / Notas sobre la postfotografía” * de Joan Fontcuberta, en el inicio del libro este relata cómo fue requerida su opinión por parte de una empresa que se mantenía en el anonimato, a favor en o en contra, sobre la posibilidad de incorporar a los teléfonos móviles, cámaras fotográficas. El autor cuenta que la idea en su momento le pareció disparatada, y que no veía posibilidad alguna de que esto pudiese ampliar el campo fotográfico, suponiendo que no estaban dadas las condiciones técnicas a través de los móviles, para poder lograrlo. Luego supo que la corporación en cuestión que requería de sus opiniones, no era ni más, ni menos, que la empresa estatal Telefónica de España.
El advenimiento de la fotografía digital en sus diferentes medios, fue celebrada como una “democratización” del ejercicio fotográfico. Muchos lo celebraron como al igual que comienzos del Siglo XX, cuando apareció la cámara Kodak de Cajón, que abarató la posibilidad de que las nuevas clases burguesas, pudiesen tener una en sus hogares. Sin embargo, volviendo a una frase de Sontag que suelo utilizar “el componente ético de la fotografía es frágil”, puedo sostener que lo era antes y ahora se ha multiplicado de forma exponencial. Las selfis (esa necesidad imperiosa de auto reafirmación existencial) no es algo nuevo. Se tomó como un punto de partida, para la aceleración de imágenes sin más destino que engrosar archivos digitales sin sentido, y aumentar el tráfico de las mismas como una costumbre social propiciada por plataformas y redes, que a su vez incorporaron programas de manipulación de las mismas. La fotografía se tornó un “juego social”. Después de tanto años de trabajo, tanto desde la perspectiva artística, como de la actividad del periodismo gráfico, ¿cuál sería tu opinión sobre esto?.
– No tengo una perspectiva artística sobre la fotografía, ya que no la considero un arte. Si me gusta mucho eso de las series fotográficas… la gente se toma el asunto con la seriedad que considere. Unos muestran sus mascotas, otros atardeceres, otros lo que comen, otros descubren el agua…y así al infinito. Sí celebro en algo o mucho la llegada de la foto digital, es cuanto a la calidad que se logró, en su evolución tanto de captura como de reproducción, y que te voy a decir de lo maravilloso de la Inteligencia Artificial, me considero un testigo privilegiado de poder disfrutar de ver el cambio, de haber visto la agonía y la muerte de la fotografía como se concebía en los libritos de los grandes maestros, ésos que caben en un cajón de una mesa de luz. Hoy los libritos están apolillados, los maestros muertos, y La Vida sigue sin pausa, un camino, que en general no se comprende o mejor dicho no se entiende. Nadie puede cambiar lo que ya fue decretado.
Podemos admitir también una contrapartida en cuanto a ciertos beneficios, es decir, la implementación, por ejemplo, de cámaras en los celulares que nos han permitido captar realidades que de otra forma no hubiésemos conocido. Pongo dos ejemplos, las medidas de los talibanes respectos al control “moral” de la sociedad y sobre todo de las mujeres al igual que en Irán, y recientemente los hechos acontecidos en la destrucción de Gaza o los bombarderos rusos contra la sociedad civil de Ucrania.
– Los celulares -para mí- es el aporte tecnológico más importante en la breve historia de la fotografía, lo último es la IA aplicada a la misma, y los mismos han brindado una inabarcable visión del mundo, pero dependen de cómo se usen. Es lo que te decía antes, postales turísticas hay para todo gusto, miles de millones de ellas. A quién le importan las fotos de guerra o de lo que sean. Hoy L- Gante es no sé, el McCartney de los pibes de extrarradio, dile a los del barrio a cualquiera de Avenida Italia para el norte y para el sur, o de donde sean, que opinan de Capa, o Burrows o Toscani, o que te hablen de Gaza, o los que van a Punta del Este, te mandan al diablo,… solo les interesan las maneras de como completar las 12 horas útiles del día, son un micro fragmento del tiempo de vida de los cuatro gatos locos “interesados” por las fotografías. La nada misma que es esto de la fotografía. Tres chicas con una latita de Speed sacando la lengua, enseñando sus cuerpos y haciendo cuernitos en una publicación de Instagram, logran en 15 minutos 40 millones de likes, 100 fotos de Bresson o Salgado en 40 años -hipotéticamente- lograrían con mucha suerte 25 likes. Como te digo, es mi forma de ver las cosas.
En la “Cámara Lúcida”, Barthes señalaba las características del retrato y sus derivaciones simbólicas desde la perspectiva semántica y sus iconografías. Las costumbres por retratar a los familiares fallecidos, ancianos o niños, además de los retratos por sí mismos, considerando que estos entraban en un estado de latencia infinita, a la que paso a denominar una “vida plana”. Creo que entonces se tenía mayor conciencia del retrato en sí mismo. Hoy este ha entrado (salvo el condimento eterno de la publicidad) en una fase de sometimiento a la vulgaridad cotidiana o doméstica, donde la sociedad (al menos la nuestra, la occidental) parece haber perdido todo tipo de pudor y donde el mostrarse (Facebook nos condujo a Instagram este a Only-FAN, luego a Tik Tok, a las plataformas de encuentros casuales (Tinder). La fotografía por un lado amplió su rango de utilización, (así como el video) y es difícil centrarse o volver a reencontrarse con los aspectos dinamizadores de sus orígenes…
– Sí, esos los aspectos dinamizadores fueron el comienzo del auge del negocio, los nenitos y los muertos, las fotos de familias. Mirá las propagandas de las cámaras y películas Kodak de la época y te das cuenta claramente hacia dónde iban. Después fueron las playas, los animalitos, los paisajes, en fin, a la vez los diarios publicaban fotos “de guerra”, era lo que había, es como si hoy le preguntaras a alguien, por ejemplo, si recuerda el informativo de Radio Carve del 15 de abril de 1974 de las 19 hs., paparruchas. Y qué puedo decirte sobre Facebook, Tinder, Instagram, o lo que sea, parece que está fenómeno, que más dinamizadores que ésos lugares de citas… y bueno no hay que olvidarse de los gatitos, los bebitos, las florcitas y las plantitas, los últimos héroes y protagonistas del vertedero de las fotografías, …es fantástico, antes si querías ver un desnudo de mujer tenías que comprarte una Playboy, ahora entras a Instagram o ha Only Fan y bueno, deja que tu imaginación haga lo que tenga que hacer.
Tras haber un auge de “nuevos fotógrafos”, el impulso parece haberse asentado. Cualquiera que posea una cámara en mano o un teléfono, acciona su “automático”, y está en disposición de obtener ciertas tomas de “calidad”, no importa el contenido ni la disposición del encuadre. La mayoría ignora, que estas cámaras pueden resetearse según las aspiraciones que persigas para obtener una imagen de forma personalizada, es decir trabajar de manera manual. Hemos bastardeado el entramado de las composiciones visuales clásicas, algo que se venía haciendo dentro de diferentes corrientes artísticas y gráficas, pero con el valor añadido de la experimentación, y la búsqueda expresiva. Como se busca la inmediatez, en la mayoría de los casos, falta el acto reflexivo de obtener una o varias tomas.
– Que puedo decirte. Pienso que cada vez el disentimiento es mayor, ya que los fotógrafos se multiplican por millones hora a hora. No hay que subestimar a los miles de millones de fotógrafos con celulares, ésos seres anónimos, o los que únicamente publican en redes, y que son tal vez sin saberlo los ojos del planeta. No es tiempo de reflexiones, lo veo igual que antes o mucho mejor en ciertos aspectos, quiero decir que las cosas se ponen cada vez más en su lugar, y como mi mente no da para entender y comprender el concepto de lo perfecto. Esto lo digo llevado al todo, los conceptos de fotos e impresiones perfectas, instantes perfectos, lentes perfectos, y así podemos seguir en torno a la otrora disciplina sublime. Hoy se terminó toda la pavada con esos miles de millones de fotógrafos que no le envidian nada a los libros apolillados. ¿Qué hay de perfecto en nosotros los humanos? Yo no lo sé, estamos todos inacabados, mal terminados y todo es análogo, aún lo digital, análogo a La Vida, al deterioro y cambio de nuestras mentes y cuerpos, a “todo” lo vivo… final cantado, sí sé, que para mí está todo está más que bien, todo es justo, todo obedece a un equilibrio superior.
Así como creo que la mentada “regla de los tercios” ya no cuaja dentro de las elaboraciones compositivas, que me puedes decir sobre la siempre controvertida teoría del “instante preciso”, ¿lo esperamos o lo construimos? Dos ejemplos al azar pero que seguro recuerdas. La toma del ciudadano chino deteniendo un tanque en la época del levantamiento estudiantil de la Plaza de Tiananmén, si bien la toma fija, está tomada de un fotograma de un video. La otra que fue censurada durante un tiempo, la del hombre en caída al vacío en el atentado del 11 de septiembre a las torres del World Trade Center en Nueva York…
– En lo que a mí respecta cada uno crea su Disneylandia, más en eso que una vez le dieron por llamar fotografías, puedo ver esas imágenes y no decirme nada. Una es un hombre en caída, y en la otra llama la atención el sujeto frente al tanque, es eso, pero cada quién que interprete las cosas como quiera o como las vea, todo bien. Hay cosas que esquivo, la propaganda no me aporta, me aportaba cuándo creía, pero el proceso acumulativo me llevó a dejar de creer, y eso del “momento preciso” lo considero un delirio, una excusa boba para intentar sustentar un título y una disciplina determinada, en la que cualquiera con una camarita (supongo que en un par de años las van a regalar como sorpresa dentro de un huevo de Pascua), y un poco de labia la pueda vender. Una bebida más en un escaparate de un boliche, para mí, una tontería, así como la mayor parte de los que hablan sobre las virtudes de “la fotografía”.
¿Queda la fotografía reducida al ámbito de la moda (donde hay autores que generan propuestas arriesgadas, más allá del susodicho marketing y usinas de estereotipos), al ámbito científico y a la fotografía artística de índole conceptual?
– El ámbito de la fotografía de moda tiene al sexo como elemento principal. Ha sido así desde sus inicios. Vender la ilusión de que puedes ser o tener una mujer hermosa (o un hombre) e ir o llevarla a la torre Eiffel para divertirte, o usar un cierto desodorante y viajar al Taj Mahal, son las estrategias del marketing, que se mueve a través de esos estereotipos, tonterías que ofrecen brutales resultados económicos. Creo que dentro de poco, también los celulares, gracias a la IA hará que se prescinda de los “especialistas de cámara”, bastará dar una orden y a otra cosa. Lo de la fotografía científica es distinto, es supuestamente “didáctica”, y la fotografía que llaman artística, siempre en mi visión, es uno de los mayores “papos” del mito, no existe, que quedaría entonces para un Rembrandt o un Van Gogh…
Que me puedes decir sobre la fotografía nacional, de los fotógrafos de aquí.
-Sobre los fotógrafos de aquí, creo que cada uno hace lo mejor que puede. Yo aprendo de todos, siempre aprendo, es como todo en la vida, es el proceso del cambio acumulativo, pero salvo dos fotógrafos no me interesa ninguno en particular. El primero es Luis Fabini, con un trabajo descollante, reconocido en todo el mundo, menos aquí, como no podría ser de otra forma. El otro soy yo, me interesa especialmente mi obra, crecer junto a ella. Naturalmente que en mí respuesta hay un cierto sarcasmo al hablar de fotografía, y especialmente de fotografía uruguaya, como si la fotografía tuviese nacionalidad. Me parecen conceptos retrógrados, hay una meca de los embaucadores que entienden la fotografía sólo a través de sus identidades. Tampoco sé lo que son los curadores, o curanderos, o sanadores, o gestores, o como les llamen, no me interesan. Por suerte tengo muchas actividades paralelas, más interesantes que la fotografía o lo que sea que haga con las imágenes, y no permito que nadie me cure ni un grano de mis copias. Siempre he vivido del oficio, tengo casi 70 años, desde los 13 estoy en esto, a los 17 comencé a vivir únicamente de la fotografía, siempre cambiando la cabeza y mis visiones -no me canso de decirlo-, es el proceso de acumulación. Para mí es lo normal, sino andaría gateando o dentro de un corralito con un sonajero. Cualquier cámara me sirve, hoy uso una Sony de bolsillo porque me gusta, y salvo por su comodidad, no tomo en cuenta ciertos elementos que para otros son esenciales, por ejemplo tal o cual empuñadura. En mi fotografía, la cámara incide casi nada, es como decir que lapicera prefiero, yo que sé, te diría la Bic que esta fenómena, pero todas sirven para escribir. Carezco de nostalgia, no sé lo que es eso y menos del entorno de la fotografía, vivo el hoy, mañana tal vez esté muerto, no puedo tener nostalgia de algo que una vez fue una profesión también muy estresante. Hace 50 o 40 años atrás, ojalá hubiesen existido los celulares, tengo nostalgia del ahora, del llegar a ver el día de mañana, puede parecer una bobada esto que digo, pero hay otros que lucran con ésa ilusión y la mayoría se autodenominan fotógrafos, y hacen unos manguitos con los nostálgicos…
Siempre tomaste a la fotografía no sólo como una fuente de trabajo, sino como un instrumento documental que te llevó a realizar registros únicos sobre un tiempo y protagonistas señalados. ¿Influye en tus opiniones sobre la fotografía y toda la representación visual actual, cierto enojo con la misma?
-Realmente no estoy enojado con la fotografía, simplemente he envejecido y veo todo desde otra perspectiva. Toda mi vida viví de esto, el tiempo ha pasado y el que reste, lo quiero pasar mejor de lo que lo pasé. Cada vez son menos las cosas que me interesan y más las que no lo hacen, la fotografía está en esta última categoría. En buen romance poco me importan hoy las fotografías. Fui editor jefe muchos años, me harté de ver fotos y fotógrafos. Conozco a muchos, pero salvo un par de ellos, no he tenido amigos fotógrafos, solo conocidos, hago mis trabajos únicamente para mí, y dentro de mis creencias o filosofía de vida. Considero que el mundo nació conmigo y conmigo se irá, creo en un equilibrio superior, que me hace percibir de que todo está en su lugar, y al decir todo es TODO, es algo metafísico. No estoy para nada enojado con la fotografía, por ahí al decir lo que pienso puede dar esa sensación, y está bien, hay tantas verdades o percepciones en este mundo como personas, aparte como podría estar enojado con pedazos de papeles muertos…
Hemos hablado un poco sobre los fotógrafos del medio. Aparte del ya señalado, el trabajo de quién resaltarías de esos que te interesan, y porque? Hay también un auge del foto libro, de la edición editorial como forma de “exponer” y perpetuar gráficamente una suerte de “historias”. Me puedes decir algo al respecto.
-No veo fotografía nacional alguna, como ya te mencioné no creo en la identidad de la fotografía, es como si me dijesen qué te parece la espuma plast nacional, no tengo idea, no sabría encontrarle una diferencia con la Africana, de aquí veo fotografías comunes y silvestres, nada nuevo en la disciplina, aunque los fotógrafos den lo mejor de sí, creo que siempre fue igual, unos hablan y otros hacen, otros mitad y mitad, y así no pasa nada. No resaltaría el trabajo de casi ninguno, para mi es ver cómo riegan olas en una playa. Sobre los fotolibros, lo veo más como un intento de introducirse en un tiempo que fue, parte de esa cosa nostálgica de la que hablamos, de hacer algo para no sé bien qué, un nuevo producto. Encontraron el nombre que creyeron adecuado para el caso, lo digo a nivel personal, muchos de los que hacen sus fotolibros o libros de autor, jamás publicaron nada, me refiero a nada en un medio serio fuerte, en un medio gráfico, en prensa. Supongo que en parte debe ser algo frustrante, ver que algunas personas han vivido holgadamente décadas de lo ganado honorablemente con su profesión de fotógrafo y sus fotografías, y otros -los más-, mirándola desde fuera en muchos casos con envidia. Personas que tomaban y toman fotos criticando en templos de habladurías fotográficas, hablando tonterías, en definitiva los fotolibros me parecen fantásticos para quien los haga, los veo en líneas generales como una reminiscencia de tiempos inalcanzables, tiempos idos, un souvenir, que durará un par de añitos. ¿A quién le puede interesar un fotolibro que no sean tus amigos o familia y alguno no sé…? Algunos de los que hacen esos fotolibros, fueron rechazados una y otra vez en los talleres fotográficos de los medios, cuándo existían, lo vi, yo era jefe y editor de un taller grande. Es una cuestión de ego básico, el ego de hacer un pan con grasa mejor del que puedan hacer en una panadería, es lo que es para cada quién, pasa en casi todas las profesiones.
Volviendo a los fotógrafos del medio, si reconozco que a través de los años, de todos he aprendido y sigo aprendiendo. Aprendo qué hacer y qué no hacer a partir de sus trabajos, y en ése proceso de ver fotografías, está el mismo proceso del vivir, del cambio permanente. De los uruguayos me gustaba Carlos Porro allá a principios de los noventas, y ya promediando lo que va de este siglo, Luis Fabini como te dije al comenzar. Un maestro total, alguien que me provoca realmente admiración.
Tengo la teoría, de que el hipercriticismo de los años 70 y 80 (descendientes de la Generación del 45´), terminó dinamitando la “función crítica”, más o menos independiente, ya que no creo que nada escapa a las consideraciones personales. Hoy la crítica en el arte en general, ha sido suplantada por extensos y tediosos textos curatoriales, donde el curador prácticamente se apropia de la obra, y más que nada, se muestra como un observador que hace gala de sus vanidades. Citando autores “importantes”, detallando influencias históricas, todo aquello que de una forma u otra, pueda servir también para apuntalar a su autor de referencia, ya sea en un catálogo o en una reseña periodística. ¿Lo ves así?
-Al respecto de tu apreciación, no tengo una “a” para agregar, me adhiero al 1000 por ciento, estoy de acuerdo contigo en todo. Siempre hablan utilizando palabras de otros para reforzar lo que ni siquiera saben decir o de lo que están hablando, son pusilánimes, no dicen lo que piensan, algunos son méndigos perpetuos de reconocimiento, en mi mundo de trabajo son la nada, humo, no tienen cabida en lo que hago. Imagínate alguien que está cortejando a una dama y le dice -como dijo John Retfield-: “sos preciosa”, o como dijo Robert Mitchum “sos inteligente”, mientras siguen desfilando voces de sabiduría ajena, y la dama finalmente esboza una triste sonrisa mientras se pregunta: “¿y este fulano que me quiere decir?”
En tus comienzos, qué significaba para ti, el misterio de la fotografía. El trasvase de la luz hacia el papel. Y en la actualidad, que representa para ti el misterio de la existencia, que te produce o induce a reflexionar.
-En los comienzos, cuándo a mis 13 años revelé mis primeros rollos y copias en papel, esto era una experiencia idílica, mágica, estaba poseído por todo eso, ir a comprar los químicos a la droguería para el revelador y fijador en la ciudad vieja, el papel fraccionado, el papel que me regalaba un hermano Pallottino y unos Adventistas amigos. Después, con la ampliadora que tenía en la cocina de mis abuelos, y ver aparecer la imagen sobre el papel. Entonces mi ignorancia me llevaba a creer que era algo fantástico, que estaba realizando algo único, fotos que le hice a un cactus, a conocidos, a parientes, ver papeles con imágenes que había tomado. Eran papeles más parecidos a cartulinas gruesas, todas impresiones desastrosas, grises, pero igual pensaba que era “Mandrake”, era un niño, los errores eran la constante tanto en el papel como en los negativos, a los que quemaba o me quedaban cortos, aunque ello en mi mente febril no le quitaba su “cosa especial”, aún cuando reconocía que eran impresiones desagradables, bueno, eso eran los inicios, y no tenía el conocimiento para poder resolverlos, tampoco me importaba, la alteración superaba la poca lógica que tenía en ésos tiempos de descubrimientos “asombrosos”. Luego vino rápidamente la entrada al diario, y allí bueno, la unidimensionalidad del papel se convirtió en “octidimensionalidad” o lo que sea, tenía 17 años y el consejo de un par de laboratoristas capos, me cambiaron la existencia de un día para otro, los problemas de impresión eran de fácil solución. El acceder tempranamente a un mundo profesional serio, fue muy importante en mi formación, yo era una esponja, ahí tuve un período de unos tres años aproximadamente o un poco más, en que idealizaba todo, estaba medio loco con las fotos. con los negativos, con las copias en papel, con fotógrafos algunos de ellos muy pro, muy experimentados, que me transmitían sus conocimiento el ver lo que hacían y cómo trabajaban. También conseguía material para estudiar en la extinta librería Ibana, y en embajadas, y de a poco, todo ese mundo fantástico -porque era una fantasía de mi mente-, se me fue cayendo, diluyendo, toda ésa idealización romántica que tenía de la fotografía: de las impresiones, de la escala de grises, el negro que faltaba, que esto o aquello, todas pamplinas finalmente. Todo ése mundo amateur con ínfulas pro, casi se extinguió, terminó en cenizas con alguna brasa, cuándo me encontré a full metido en “el metier”. Cuándo lo conocí bien, muy bien por dentro, y por suerte lo comencé a percibir de ésa manera de muy joven, y pasé a otro estadio de conciencia, dejo de ser entonces un juego de imágenes, un juego de humo, comencé a percibir a través de esas imágenes muertas, una irrealidad que se redimensionaba en la mente, que procesaba en algún lugar del cerebro, entonces el sentimiento que albergué de niño y adolescente hacia aquellos papeles mágicos desapareció, ya no las sentía, te diría que rápidamente se me fueron las pavadas y pasó a ser una forma sistemática de ganarme la vida. A los 22 o 23 años, todos ésas historias de “áahhh, la fotografía, que papel usar, que reveladores, el tono”, y todo lo demás, ya me sonaba mal, y el asunto era tratar de sacarle el mayor lucro posible a este oficio. Que trabajo mejor podía existir que sacar fotos para un diario y otras publicaciones, y a su vez era el puente de conocimiento para cruzar hacia otros objetivos fotográficos que no tenían nada que ver con mi trabajo como reportero gráfico. Allí aprendí parte de lo que qué me interesaba y utilizaba para lo “mío”. Me paseaba por dos o tres carriles paralelamente, el primero el que te describí eran papeles con cosas inexistentes, accidentes, fiestas, lo que se te ocurra, fachadas de ministerios, una imagen que quedaba registrada gracias a cuestiones químicas en esa hoja, un procedimiento que desde la toma hasta el positivado lo podía hacer un niño de 8 o 9 años, y después ese camino de aprendizaje era utilizado para algún raro trabajo en el que dejaba de ser un mercenario, porque me interesaba, como algunas tapas de discos, de libros o posters, cosas puntuales, y luego los trabajos más a nivel personal, espiritual y estético, con una relativa personalidad y cierta creatividad. Lo que hacía para mí, mis “fotiches” pintarrajeadas, los collages, mis obras experimentales de aquéllos tiempos, que con sus variantes a través de las décadas sigo haciéndolas hasta hoy.
Mi reflexión, son esas cuestiones que dijiste, para mí que soy una persona muy simple, no hay misterio alguno en este campo, si hay misteriosos en la vida, que cada cual se maneje como quiera o pueda, el mundo es muy grande, y por suerte en este rubro de la fotografía, existen miles de millones de estupendos fotógrafos haciendo miles de millones de fotos con sus celulares, hasta los bebés toman fotiches con sus celulares, y todos mostrando sus visiones de un nuevo mundo, me parece una maravilla, y un privilegio estar viviendo esto. El pasado y el futuro es hoy, es este ahora, este pocillo, en tres minutos, no lo sé, es demasiado tiempo de especulación.
Pensar por ejemplo que la fotografía nace desde una percepción equívoca, “una copia de la realidad”, cuando en realidad depende de una mirada única y personal, en muchos casos adiestrada (o diezmada), con tus años muchos dedicados al ámbito del periodismo gráfico, otros a la expresión artística (aunque no la consideres así), no sientes haber llegado a un “no lugar”. Un país que está fuera de lo comprensible (quizás por ser parte de lo global), donde el pensamiento se ha ido a tomar una siesta y se ha tomado una sobredosis de clonazepam…
-Me haces reír con lo de la sobredosis del clonazepam, creo saber dónde vas con esta pregunta, he tenido como cualquiera una equis dosis de Vida, lo que te decía de los caminos paralelos, no solo en fotografía es en todo, parto de la creencia ambigua de que todo lo que está ahí está porque existo, porque hay una mente o un demente que lo persiguió cuestionándolo en su momento, me refiero a mí, hoy ya no, ya no cuestiono, acepto y nada más, las cuestiones y juicios quedan para cosas realmente importantes, así va desarrollándose mi vida , inserto en un “Necrovideo” desconcertante. Una ciudad global dentro un país global en un mundo bello y globalizado, ninguna apreciación creo está exenta de un juicio, todas desde la elección de unas romanitas hasta si el mate está bien o lavado. Siempre hay un juicio, absolutamente en todo y para todo. Te reitero sin importar la dimensión, siempre hay cambios, y nada absolutamente es nuevo, solo aparecen nuevas posibilidades, intenciones y percepciones. Mi paso por ser reportero gráfico, es uno de los miles que he dado en mi camino. Pienso que el tiempo de lucidez y producción se me va terminando, apagando, el análogo a mi vida, y como te decía en cuanto a las hojitas impresas con imágenes o si querés “fotiches”, sean de papas o cadáveres o lo visto en pantallitas de celulares o computadoras, no las concibo como una expresión artística, aunque sé que es un halago de tu parte para conmigo y con mi trabajo y lo acepto con gratitud. Tampoco creo que nada esté fuera de su lugar, sea lo que sucede este país o lo que sucede en Borundi, lo acepto, sin importancia, aunque también con gratitud, porque es lo que elegí para mis tiempos finales, casi todo lo que sucede me pasa y me sobrepasa, menos la incidencia que tiene en mi mente las consecuencias de las vidas del ínfimo círculo de cuatro gatos locos, el muy reducido grupo que integra mi familia, la de la sangre y la del alma, elegí vivir este último tramo de mi vida así. Respecto a eso del “no lugar”, siempre creo que llegamos a un “no lugar” en todo, conscientes o no de ello, me gusta mucho, es una linda metáfora, hoy soy una hoja marchita realizando sus últimos vuelos, sin dudas, ya no “hay lugar”, si sé que en algún momento quedaré pudriéndome en una vereda, pisado o yéndome al vaya a saber dónde por una boca de tormentas, no tengo más boletos para viajar que este.
Imposible desvincular la música de tus trabajos, que ha significado esta para ti.
-La música, la que me gusta y me apasiona, fue y es una banda de sonido que me acompaña desde que tengo uso de razón. Una banda de sonido permanente, infinita, no sé definirla muy bien, si creo que como una elaboración humana, es de las maravillas ahí sí, en muchos casos, artísticas que no pueden traicionarte por sí. En la música no existe traición, no hay decepción, solo deleite, algunas veces es un viaje sagrado, y un lógico me gusta o no me gusta para cada quien. Y mis trabajos fueron con los músicos, con muchos de ellos, a través de muchos años, para sus tapas o carátulas de discos, conciertos, y posters, libros, dvd’s, cd’s, muchas cosas relacionadas con ése mundo. No se puede vender un vinilo envuelto un papel de diario, entonces se crearon los paquetes de caramelos para custodiarlos mejor, para albergar físicamente a esas músicas, llamar la atención y vender más. No considero que todo mi trabajo sea bueno, pero sí hay un puñado de ellos que me provocan orgullo haberlos realizado, algunos, están por ahí, en los formatos más variados, desde vinilos hasta las plataformas de streaming, en Google, en Discogs, en algunas discotecas, en viejas bibliotecas, en las ferias, en las casas de música, algunas en diferentes lugares del mundo, en fin, curiosidades quizás intrascendentes salvo para mí.
*“La furia de las imágenes / Notas sobre la postfotografía” de Joan Fontcuberta.
Editorial Galaxia Gutenberg. Barcelona, España. 2016.




















































