
Gonzalo Silva construye un espacio donde la memoria, la ansiedad, la infancia, los vínculos, la violencia, el deseo y las contradicciones humanas pueden convivir sin que nadie les coloque un cartel que diga cómo deben interpretarse.
Músico, realizador audiovisual y compositor uruguayo, Silva llega a este proyecto luego de años de recorrer distintos formatos creativos, incorporando una mirada profundamente narrativa sobre la canción, donde cada composición funciona como un pequeño cuento abierto a múltiples lecturas.
Lejos de la lógica de consumo inmediato que hoy gobierna las plataformas, Los buenos tiempos propone detenerse. Escuchar. Permanecer. Como si cada canción fuera una habitación distinta dentro de un mismo hotel emocional al que uno puede regresar cuando necesita reconocerse otra vez.
Porque quizás los buenos tiempos no sean los momentos perfectos. Quizás sean aquellos capaces de sobrevivir a la memoria.
—En “Educación sentimental” hay algo muy cinematográfico. La música parece narrar tanto como la letra. ¿Cómo construiste esa relación?
Gonzalo Silva: —”Esa canción parte de un relato contado desde la adultez, recordando un episodio que sucede cuando el protagonista tiene trece años. La música acompaña ese recorrido. Incluso hay momentos donde la propia estructura está contando cosas que la letra no dice. Hay una parte donde no se nombra explícitamente lo que sucede, pero la música funciona como una elipsis.
Con Santiago Peralta pensamos mucho en eso. Incluso la introducción larga responde a esa idea. Hoy parece que todo tiene que empezar con un estribillo para que nadie haga scroll. Nosotros hicimos exactamente lo contrario. Hay un minuto y medio donde la canción simplemente se toma el tiempo de existir antes de llegar al centro. También pasó con “La luz incidental”, que dura seis minutos. Nunca pensé si era demasiado larga. La canción pedía ese tiempo y listo”.
—Muchas canciones abordan temas difíciles. Sin embargo nunca aparecen respuestas cerradas.
Gonzalo Silva:—”Porque tampoco las tengo. Me interesa escribir sobre situaciones incómodas, incluso conflictivas, pero sin convertir la canción en un sermón. Hay personas que escuchan “Educación sentimental” y creen que romantiza algo. Otras entienden exactamente lo contrario. Yo no voy a aparecer al final diciendo quién es el monstruo.
Me interesa que aparezcan distintas lecturas. Que exista debate. Creo que un artista debería sembrar preguntas, no comportarse como alguien que baja verdades desde un pedestal”.
“La literatura me enseñó otra forma de escribir canciones”
—En tus letras hay una influencia muy fuerte de la narrativa.
Gonzalo Silva:—”Sí. Siempre me interesaron los cuentos, las crónicas, las novelas. También tengo formación audiovisual y pienso mucho en imágenes. Me gustan esas canciones de los años sesenta y setenta donde realmente te contaban una historia. Intento trasladar eso al formato canción sin juzgar a los personajes. Que sea el oyente quien complete el relato”.
“Encontrar una voz propia lleva tiempo”
—¿Sentís que este disco marca el momento donde encontraste definitivamente tu manera de escribir?
Gonzalo Silva:—”Creo que sí. Durante la pandemia empecé a abrirme mucho más. Antes escondía las cosas detrás de palabras más rebuscadas. Después entendí que algunas emociones funcionan mejor cuando se dicen de manera sencilla. Ahí empecé a encontrar un tono propio y a desprenderme de algunas influencias. Fue un proceso largo, pero necesario”.
—Da la sensación de que las personas que participaron también forman parte de la identidad del álbum.

Gonzalo Silva:—”Totalmente. Siempre quise trabajar con gente con la que compartiera una visión del mundo, no solamente una afinidad musical. Todos eran amigos y terminaron siendo todavía más amigos. Incluso mi pareja participó del disco y la conocí justamente a través de la música. Al final el disco también habla de esos vínculos que fueron creciendo durante el proceso”.

“Los formatos cambian, la canción permanece”
—Ahora vas a presentar el disco con banda, a dúo y también solo. ¿Las canciones cambian mucho?
Gonzalo Silva:—”Cambian los arreglos, pero no la esencia. Fueron concebidas con una guitarra y una voz. Después todo lo demás suma colores. Me gusta que puedan vivir en distintos formatos. Incluso con Santiago Peralta nos dimos la libertad de hacer versiones diferentes, improvisar, incorporar algún cover. Si una canción está bien escrita, debería sostenerse igual”.
—Has mencionado varias veces la palabra ansiedad. ¿Cuánto hay de eso en el nombre Los buenos tiempos?

Gonzalo Silva:—”Muchísimo. La última canción habla justamente de eso. De estar viviendo algo hermoso y, al mismo tiempo, pensar cuándo se va a terminar. Es algo que me pasa. Las personas ansiosas vivimos demasiado en el futuro o en el pasado y muy poco en el presente. El disco también fue una forma de enfrentar esa sensación. Para mí un disco debería convertirse en un lugar al que uno pueda volver y sentirse bien. Como un hotel donde siempre exista una habitación esperándote”.
—Muchas personas buscan descubrir cuánto hay de tu vida en cada canción.
Gonzalo Silva:—”Y es algo que me divierte. Porque muchas veces mezclo varias historias. No necesariamente son cosas que me pasaron. Me interesa mucho más lo que sucede con quien escucha que la curiosidad sobre mi biografía. En la literatura nadie supone que todo lo que escribe un autor le ocurrió exactamente así. En la música parece que sí. Creo que también deberíamos permitirnos esas licencias narrativas”.
“Somos un matiz de grises”
—Estamos hablando más de filosofía que de música.
Gonzalo Silva:—”Porque en realidad la música también habla de eso. Vivimos clasificando a las personas entre buenas y malas, entre un lado y otro. Pero somos un montón de contradicciones. Me interesa escribir sobre esos grises. También mirar al otro antes de juzgarlo. Hay historias detrás de cada persona que vemos todos los días y nunca conocemos. El arte puede servir justamente para romper esos prejuicios”.
A su trabajo se sumaron los músicos: Santiago Peralta, Manu Souto en la batería, Laura Gutman con sus coros magistrales y Romina Peluffo quien estuvo presente desde el germen de estas canciones, testigo de la evolución de cada una de ellas.
Si querés ingresar al nuevo mundo de Gonzalo Silva, la instancia más cercana será el 22 de julio en La Ronda con entrada libre:

Al final de la conversación, la música quedó casi en segundo plano. No porque hubiera perdido importancia, sino porque apareció aquello de donde nacen las canciones: la incertidumbre humana.
Gonzalo Silva habló de discos, de melodías y de escenarios, pero también habla de algo más difícil de nombrar. Habla de las contradicciones que habitan a las personas, de los recuerdos que nunca terminan de acomodarse en la memoria, de la ansiedad que nos empuja hacia un futuro que todavía no existe y de la necesidad, cada vez más urgente, de volver a mirar al otro con atención.
En tiempos donde abundan las respuestas rápidas, las opiniones instantáneas y las certezas empaquetadas para consumo inmediato, Los buenos tiempos parece caminar en dirección contraria. Sus canciones no buscan cerrar sentidos sino abrirlos. No ofrecen refugio en las verdades absolutas, sino en la posibilidad de la pregunta. Quizás por eso conmueven. Porque reconocen que la vida rara vez sucede en blanco y negro. Ocurre, como dice el propio Silva, en un extenso matiz de grises donde conviven la ternura y la crueldad, la memoria y el olvido, el amor y el miedo a perderlo.
Quizás allí resida el verdadero sentido de estas canciones. No en contar la vida de Gonzalo Silva, sino en devolvernos fragmentos de la nuestra. Porque la música, cuando alcanza cierta profundidad, deja de pertenecer a quien la escribió. Se convierte en un espejo donde cada oyente encuentra una historia distinta.
Y tal vez los buenos tiempos no sean esos momentos extraordinarios que la memoria suele idealizar. Tal vez sean estos instantes pequeños y fugaces donde una canción nos obliga a detenernos, a mirar hacia adentro y hacia afuera al mismo tiempo. Instantes donde comprendemos que no estamos solos en nuestras dudas, en nuestras pérdidas, en nuestros deseos de comprender el mundo.
Como toda buena obra, Los buenos tiempos no concluye cuando termina la última canción. Continúa resonando. Como una pregunta que permanece abierta mucho después de que el silencio vuelve a ocupar la habitación.