
Mientras anochece en el exterior de la Sala Zitarrosa amanece en el interior sobre la escena. Carmen Pi abre un concierto de estrellas que vibran y establece los Puntos cardinales para transportarnos -tras su estela- a María Gadú, Dani Black y Silva en formato trío, dúo e individual.
Una generación de nuevos músicos que trae consigo el aire de la permanencia y la constancia de que lo bueno nunca muere. Amanece, sí, y frente a este sol artificial aparecen tres sombras de espectros que aplauden cantando a Drexler, y de fondo el agua, y en palabras el río. De esta fábrica de luces surge un contraluz que convierte a las figuras en gigantes y se establece un diálogo de instrumentos, de idiomas distintos y de movimientos que generan aplausos del público para la música y de los músicos para el público. Aparecen las sonrisas: sonrisa infantil de María Gadú, atrevida de Dani Black y tímida de Silva.
Entre corazones humanos y corazones musicales, el violín acompasa. Emergen gestos y abrazos cada vez que salen y entran en escena. A veces cantan a capela con el ritmo de los pies, otras con guitarra eléctrica, otras con guitarra acústica. Cantan en español y en portugués y muestran caras distintas a las que, tal vez, hemos ido conociendo hasta ahora. Se ríen, juegan y se van del escenario al mismo tiempo que se iluminan las luces, luces que han ido acompañando en perfecta armonía estética.
Dejan la escena para regresar con carteles cuestionando dónde está Santiago Maldonado y regresan a la música para cerrar el concierto agradeciéndonos la presencia e invitánonos al mismo show, pero del otro lado del río. ¡Vuelvan!
4 de Septiembre 2017, Montevideo/ Fotografías: Lucía Coppola
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