
El próximo 12 de noviembre 2023 se presenta en la sala principal del Teatro Solís el músico, acordeonista y compositor argentino Chango Spasiuk, referente del folklore y de la música del nordeste argentino, el chamamé, con su último trabajo “Eiké – Entrar en el alma”.
Con motivo de su presentación en Uruguay, lo entrevistamos para conversar sobre su música y el espectáculo que estará presentando en nuestro país.
Si bien a lo largo de tu carrera te has presentado en varias oportunidades en Uruguay, nos interesaría, pensando en quien tal vez aún no conoce tu trabajo, que nos comentes sobre los proyectos en los que has trabajado a lo largo de estos 30 años de carrera como músico.
Soy argentino, nací en Misiones, la provincia más al nordeste de Argentina, metida como una cuña entre el sur de Brasil y el Paraguay.
Toco el acordeón y soy compositor e intérprete y, de alguna manera, he nacido en la tradición de lo que hoy se conoce como el chamamé. Nacer en esa tradición no necesariamente significa tocar solamente este ritmo, el chamamé, sino que se trata de todo un mundo sonoro, lleno de muchos elementos y texturas: algunas más criollas, otras más mestizas y otras en las que se puede apreciar la fuerte influencia de la inmigración europea, quien trajo el acordeón a esta zona del mundo.
En esta tradición no solamente hay chamamé, sino también polkas, chotis, danzas, rasguidos dobles, chamarritas. De alguna manera, estos son como colores de un mundo sonoro que ya existía cuando nací y, simplemente, he aprendido ese lenguaje y con el he desarrollado todos mis proyectos.
Actualmente, soy como un referente de una mirada muy contemporánea de toda esta tradición. No soy un músico tradicional, sino una persona que tiene muchos años dedicado a esto. He estado tratando siempre de hacer una lectura muy contemporánea de esa tradición y la he llevado a desarrollos estéticos. No porque no me gustara la tradición sino, simplemente, porque en eso que uno llama desarrollo, uno está buscando su propio rostro dentro de la tradición. Como dicen los sabios, “no hagas lo que hacían tus abuelos, sino que busca lo que buscaban ellos”. Un poco ese ha sido mi trabajo desde hace más de 30 años.
Cuando mencionas que siempre has tratado de realizar una lectura o tener una mirada contemporánea de estas tradiciones, ¿en qué se traduce esta mirada en tu música?
Mucha gente cree que la tradición es la repetición mecánica de algo de otro tiempo y que no hay que modificar absolutamente nada, y esto es un falso concepto de tradición. Como decía Stravinsky, “la tradición es una fuerza que vivifica todo el tiempo el presente”. Mi presente es diferente del presente de compositores e intérpretes de hace 40 o 50 años atrás. Por eso, cuando uno dice “una mirada contemporánea”, significa una mirada desde donde están mis pies ahora. Esa mirada no sería posible si uno no conociera la tradición hasta el hueso y si no estuviese realmente enamorado de la tradición. No es que uno no ama la tradición y por eso busca otros sonidos sino que, justamente, porque ama la tradición, busca nuevos sonidos y le agrega un color más a esos infinitos rostros que componen el mundo sonoro en el cual uno nació: por ahí instrumentos que no son tradicionales, desarrollos armónicos, proyectos estéticos, cruces con otras tradiciones que no necesariamente tienen que ser fusión sino simplemente el desarrollo natural y estético de cualquier tipo de música, como ha sucedido en otras tradiciones y en otras músicas populares del mundo.
En una nota, al referirte a la tradición mencionas que “la tradición es algo que está absolutamente vivo”. ¿Cuál es tu percepción sobre el desarrollo del folklore hoy en la región?
En Argentina la transmisión oral de todas las músicas es ininterrumpida. También en el Uruguay. Si uno ve el desarrollo de la música popular en el Uruguay, también ve que está vivo y hay muchos intérpretes, como por ejemplo Ana Prada, por nombrar una referente. La música popular siempre está viva y siempre hay guitarristas nuevos, compositores, pianistas, autores, cantantes. Recuerdo cuando hacía el programa “Pequeños Universos”, que se transmitía por el Canal Encuentro (Argentina) y viajaba mucho, a veces la gente me preguntaba: ¿dónde encontrás las cosas que vemos en los Pequeños Universos? Y les digo: las encuentro en la esquina de su casa, están, todas esas cosas están, solamente depende de dónde pongamos nuestra atención.
Resulta muy interesante ver cómo desde hace ya varios años esta música ha logrado salir al mundo, a otras culturas.
Cuando yo era chiquitito parecía que teníamos que tocar en pequeños lugares y que de esos lugares no nos podíamos mover. En realidad, si uno considera que tiene algo bello y lo quiere compartir, por qué no lo va a compartir en cualquier lugar; si la gente que ama la belleza, la ama en cualquier lugar, en cualquier cultura. Así como nosotros celebramos la belleza de otras culturas que nos visitan, como el flamenco, la música balcánica, la música china o la música oriental. La celebramos, nos conmueve, nos toca, somos permeables a ello. ¿Por qué no vamos a pensar que también esas otras culturas son permeables a nuestras formas de belleza?. Cuando uno está convencido de ello, simplemente sale al camino y lo hace. Los últimos 20 años he viajado mucho por el mundo y me da mucha alegría ver que la narración que hay en la música que tocamos, la gente la recibe, la comprende, la integra y la celebra, y eso es una experiencia muy bella. No en términos comerciales, sino en términos artísticos. Cuando querés contar el patio de tu casa en otros lugares, en otros países, te esforzás por mirar y prestar mucha más atención en cómo es el lugar donde naciste, y no das por sentado tantas cosas y las volvés a revisar, a rever y resignificar, y ese es un bello ejercicio.
¿Por qué llega Atahualpa Yupanki tocando sus milongas y sus versos en Francia sin que la gente entienda el español?: porque conmueve la vibración de su voz. Como a nosotros nos conmueve la voz de Sarah Vaughan, de Ella Fitzgerald, de Louis Armstrong o de Edith Piaf aunque no hablemos francés, hay algo de su voz que nos conmueve. Es estar convencidos de que esto que tengo vale la pena compartirlo y lo hago.
Con relación al disco que vas a presentar en Uruguay, “Eiké: entrar en el alma”, nos gustaría consultarte cómo surge y qué sería esta invitación a “entrar en el alma” que nos propones desde el título.
En el medio del COVID, había fantaseado con empezar a tocar el piano y grabar poesía y tocar el acordeón solo. Empecé a grabar y me dije: ¿qué pasa si en vez de hacerlo solo le mando una canción a esta persona, o a estos artistas que admiro?.Y abrí una pequeña puerta que se volvió una puerta enorme y llevó el proyecto en otra dirección: se convirtió en un disco global desde mi casa. No tenía pensado hacerlo. Si conocía a los artistas con los cuales terminé haciéndolo; conocía a Santaolalla (Argentina), a Jaques Morelenbaun (Brasil). A cada uno de los músicos que invité me los crucé en el camino en algún momento; con algunos toqué en vivo y en algún momento me dije: “qué bello sería que podamos grabar”. Y así, cuando empecé a desarrollar Eiké, me dije: les voy a escribir.
Creo que fuera del COVID sería imposible hacer este disco, porque la agenda de cada uno de ellos es sumamente compleja. En el contexto del COVID todos tenían un cierto grado de disponibilidad y pudieron devolverme sus interpretaciones sobre las músicas que les envié. Y así es como Eiké se volvió lo que es este disco, que en guaraní quiere decir “entrar”. Cuando invitas a alguien a entrar a tu casa, y como está grabado en mi casa, este disco es como una invitación a entrar a mi propio corazón. Como dice de alguna manera la sinopsis del disco, es un diálogo de corazones abiertos entre los artistas que aceptaron mi invitación y entre la gente que me sigue hace tantos años; es invitarla a entrar a este mundo sonoro grabado desde el living de mi casa.
En una nota anterior mencionas una cita de Kudsí Erguner que dice: “La música es una porque es infinita y está habitada por todas las diferencias”. De alguna manera, ¿podríamos decir que este concepto está presente en Eiké?
A veces uno cree que no hay puntos de contacto con el otro y en realidad siempre hay un punto de encuentro. Y el arte, una vez más, te da la herramienta para aprender que siempre se puede conectar con el otro o con lo otro. Es cuestión de querer y de estirar tu mano. Y de alguna manera yo estiré mi mano y encontré la mano del otro que también me estaba buscando. Es bello poder tocar un chamamé con Majid Bekkas de Marruecos tocando el laud, o con Per Einar Watle tocando la guitarra desde Noruega, o con Boubacar Cissoko desde Senegal tocando la korá, que es un arpa que se toca mucho ahí.
Uno ve que la diversidad, más que un problema, es un tesoro, porque el otro siempre tiene algo para enriquecer tu mundo y, de alguna manera, uno también puede enriquecer el mundo del otro en ese diálogo y en ese interactuar. Me parece que es un ejercicio que deberíamos llevar a cualquier plano de nuestra convivencia.
Por último, te quería comentar sobre una nota en la que mencionas: “Por más que tengo un cierto camino recorrido, todavía sigo sintiendo que hay mucho más para probar, experimentar. No estoy en el descanso del guerrero”.
Un poco esa reflexión está en que por más que uno haya hecho muchas cosas, o haya caminado bastante, es como que no hay ningún lugar a donde llegar; es algo que nunca se termina. La vida ha sido muy generosa conmigo, pero todavía quiero seguir buscando, componiendo. La música es un misterio y es una herramienta para preguntarse. Y quiero seguir preguntándome por dónde es, cómo es, de qué manera puedo hacer mi pequeña acción lo más constructiva para la comunidad a la cual pertenezco. Me estoy preguntando todo el tiempo: ¿es por acá?
Ahora estoy enfocado en este disco, en tocarlo, en visitarlos a ustedes en ese bello teatro que es el Solís, y en tocar. Me encantaría hacer un songbook con partituras de mi música escritas para piano, ver si puedo seguir haciendo radio, volver a grabar en un estudio, no sé, siempre hay algo que quiero hacer. Quiero hacer más música de cine, tocar mucho en vivo, viajar. Y entonces, uno pone en funcionamiento un montón de mecanismos para ver si algo de todo eso aparece en el camino, y aparece lo que tenga que aparecer, y uno lo acepta y sigue, más allá del oficio, de lo que uno hace para vivir.
Muchas gracias por este espacio y por la música que nos has compartido a lo largo de todos estos años y felicitaciones por este nuevo disco.
“Eiké: Entrar en el alma” (2023)
El disco cuenta con la participación de los siguientes músicos invitados: Gustavo Santaolalla (Argentina) – ronroco; Carlos Nuñez (España) – flauta; Sixto Corbalán (Paraguay) – arpa paraguaya; Erik Truffaz (Francia) – trompeta; Per Einar Watle (Noruega) – guitarra; Steinar Raknes (Noruega) – contrabajo; Boubacar Cissoko (Senegal) – Korá; Jaques Morelenbaun (Brasil) – violonchelo; Majid Bekkas (Marruecos) – laúd.
Nota: En 2020, el chamamé fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.














































