
Entre la rebeldía, el teatro, las palabras y una escena musical que todavía tiene deudas con las mujeres, Eli Almic construyó una identidad que nunca terminó de quedarse quieta. El 6 de noviembre llega por primera vez a Sala Rondeau con un espectáculo que reúne La Llave de principio a fin, pero también recupera canciones de distintas épocas. Una oportunidad para recorrer el camino de una artista que aprendió a confiar en su propia voz y que hoy se permite imaginar escenarios mucho más grandes.
En su vida, antes del rap estuvieron el teatro, las canciones de otras bandas, las primeras composiciones, los libros leídos durante la infancia y una adolescente que todavía no sabía muy bien qué hacer con todo aquello que le pasaba por dentro. La música apareció como una posibilidad de expresión, pero también como una forma de reconocimiento y una manera de descubrir que aquello que parecía pertenecerle a otras personas también podía ser suyo.
Nacida en Malvín, Eli creció entre juegos callejeros, lecturas y una temprana fascinación por el universo artístico. Fue la cuarta hermana de una familia montevideana en la que la música y la actuación no constituían necesariamente un horizonte profesional. Su padre disfrutaba cantar, mientras ella encontraba en los libros y en los escenarios escolares algunas de sus primeras experiencias de felicidad. La formación teatral en la EMAD y su paso por la Facultad de Información y Comunicación fueron parte de ese recorrido que terminaría acercándola definitivamente a la música.
El rap, sin embargo, no fue una elección trazada de antemano. Llegó después de probar otros lenguajes, de integrar bandas, de escribir canciones y de escuchar a mujeres que demostraban que era posible habitar un género históricamente masculinizado desde otra perspectiva. Lauryn Hill y La Mala Rodríguez fueron algunas de esas referencias que le permitieron imaginarse en un lugar que, hasta entonces, parecía reservado para otros.
Con el tiempo, su trayectoria fue construyendo una identidad reconocible dentro de la escena uruguaya. Desde Hacé Que Exista, hasta Días Así y La Llave, su música fue incorporando distintas capas como la palabra como herramienta narrativa, la perspectiva feminista, la experiencia personal y una sensibilidad que nunca necesitó ajustarse a las fronteras estrictas de un género. En el día de ayer recibió el premio a Mejor single de trap por Cuenco en Los Premios Graffiti 2026.
Al hablar con ella, Eli plantea algo que tiene muy en claro: «Quiero ser una artista enorme afuera, para tener el reconocimiento que me gustaría en mi país, pero también para poder ser una artista del mundo». No lo dice como una renuncia a sus raíces ni como una declaración de principios vacía, lo plantea desde un lugar de mayor seguridad, con la conciencia de que el talento necesita trabajo, oportunidades, estrategia y espacios concretos donde desarrollarse.
El 6 de noviembre, Sala Rondeau será el escenario de un nuevo capítulo de ese recorrido. Por primera vez, Eli llegará a esa sala con un espectáculo que recupera el universo completo de La Llave, disco que presentó originalmente en la Sala Zavala Muniz, pero que esta vez tendrá una dimensión diferente. No será solamente una oportunidad para volver a escuchar aquellas canciones: habrá un recorrido por distintas etapas de su carrera, una puesta escénica que profundiza el encuentro entre música y actuación y un universo visual que continúa expandiéndose.

En esa búsqueda aparece también una artista que ya no siente la obligación de definirse exclusivamente por aquello que hizo antes. Puede volver sobre sus primeras canciones, reconocer a la adolescente que empezó a escribir desde la rebeldía y, al mismo tiempo, proyectar una obra nueva que transita sus inquietudes actuales.
El 6 de noviembre llegás por primera vez a Sala Rondeau. ¿Qué representa este espectáculo dentro de tu recorrido?
Eli Almic: “En realidad, el disco La Llave ya lo presenté hace un año en la Sala Zavala Muniz. Fue un espectáculo precioso, agotamos las entradas y tuvo una recepción muy linda. Ahora voy a hacer mi primera Sala Rondeau pero no es una presentación del disco en el sentido tradicional. Lo que sí voy a hacer es tocarlo entero, porque nunca había vuelto a interpretarlo completo y me parecía interesante darle nuevamente ese protagonismo.
La propuesta también va a ser mucho más larga. Voy a tocar otras canciones, de diferentes momentos de mi carrera. Hay algo de la puesta en escena que se desprende de lo que hicimos el año pasado, pero también hay una evolución. No sé si estoy cerrando una etapa o si simplemente estoy dándole un lugar especial a este disco. No lo tengo tan pensado. Sí sé que representa bastante a la Eli que estoy siendo ahora”.
Si vamos un poco hacia atrás, tu recorrido artístico pasó por distintos lugares. Antes del rap estuvieron el teatro, la actuación, la formación en comunicación y otras experiencias. ¿Cómo fuiste encontrando el lenguaje con el que finalmente te sentiste identificada?
Eli Almic: “Al rap lo encontré antes que al teatro pero tímidamente. No pensaba en hacer un camino profesional. Era algo que estaba ahí, que por momentos me animaba a hacer y por momentos dejaba.
Creo que justamente, al no venir de una familia de artistas, sino de una familia más típica montevideana, de trabajo y de casa, la posibilidad de dedicarme al arte no era algo demasiado realista para mí. Nunca me lo negaron, pero tampoco nací con una guitarra bajo el brazo o con discos de vinilo de mis padres. Me llevó un tiempito.
A los quince años armé mi primera banda, hacíamos covers de canciones que nos gustaban con amigas. Había Beatles, Pearl Jam, The Cranberries y también otras cosas. A los dieciocho armé una banda con canciones propias y escribí mis primeras composiciones. Eran bastante antisistema, muy críticas, aunque yo tampoco era una persona especialmente politizada en ese momento.
Después empecé a escuchar otras músicas y descubrí esa posibilidad de rapear y cantar. Me di cuenta de que podía hacerlo, de que tenía más que ver con mis aptitudes vocales y con algo que me latía por ese lado. Fue una búsqueda de probar cosas”.
En otras oportunidades hablaste de lo cerrado que podía resultar el circuito del rap uruguayo cuando empezaste a acercarte al género. ¿Sentías que había un espacio disponible para vos?
Eli Almic: “Creo que el análisis sobre la escena vino mucho después. Al principio fue un descubrimiento personal. Yo tampoco conocía demasiado lo que estaba pasando. Escuchaba lo que me recomendaban mis amigas, iba a ver bandas y desarrollaba mis propios gustos.
A veces una no sabe si tiene algo para comunicar porque ni siquiera piensa que sea posible hacerlo. Hay un paso anterior que es preguntarse: ¿yo puedo hacer esto?, ¿Este mundo también es para mí?
No tenía esa certeza. En algunos cumpleaños rapeaba con mis amigas, la gente me alentaba y me decía que lo hacía bien, pero después pasaba un tiempo y volvía a dudar. No era que no me interesara sino que todavía no entendía si ese camino también podía pertenecerme”.
Y en ese contexto, la presencia femenina era bastante escasa. ¿Qué referentes encontraste que te permitieran imaginarte dentro de esa escena?
Eli Almic: “Mis referentes eran Elefante, que me encantaba, aunque al poquito tiempo se separó y tampoco llegué a verla en vivo. Después fueron muy importantes Lauryn Hill y La Mala Rodríguez.
Cuando escuché a Lauryn Hill por primera vez, me pasó algo muy interesante. Era una mujer que rapeaba y cantaba, y me pareció alucinante. Después apareció La Mala, que también me influenció muchísimo. Yo tendría veinte o veintiún años y había algo en esa posibilidad de jugar con el rap desde un lugar de mayor convencimiento.
En Uruguay seguramente había más mujeres haciendo rap que yo no conocía. Mujeres siempre hubo, el problema también es la visibilidad. Pero sí, para lo que yo conocía, estaba bastante complicado. No era habitual encontrarse con una piba rapeando”.
El rap es un género donde la letra tiene un protagonismo enorme, donde cada canción puede convertirse en una historia. ¿Sentís que tu vínculo temprano con la lectura tuvo algo que ver con esa capacidad narrativa?
Eli Almic: “No lo había pensado de esa manera pero es muy lindo. Yo leía desde muy niña. Como soy la cuarta hermana, aprendí a leer muy temprano, a los tres o cuatro años, y tenía mucha facilidad. Me acuerdo de leer el cuaderno de comunicaciones en el jardín delante de mis compañeros y sentirme súper feliz porque podía hacerlo sin trancarme.
La aprobación del resto te da seguridad, especialmente cuando sos chica. Entonces yo sabía que tenía facilidad para leer y también escribía algún cuentito, alguna cosa que después dejé de hacer.
Creo que esos primeros años de tanta lectura seguramente me ayudaron a escribir canciones muchos años después. Canciones que, en definitiva, terminan siendo relatos sobre quién soy, qué quiero, hacia dónde voy, qué me pasa.
Fue una época muy germinal, aunque yo no era consciente de eso. En mi familia nadie escribía ni leía demasiado. Después me desconecté de la lectura durante muchos años y volver a ese lugar a los veinte fue algo importante. Siento que abandonar ese espacio que tanta felicidad me había dado fue una especie de herida personal pero creo que aquella niña tan lectora y curiosa fue el germen de muchas cosas que vinieron después”.
¿El escenario terminó convirtiéndose en ese lugar donde podías reencontrarte con una parte de vos misma?
Eli Almic: “Sí, totalmente. Muchas veces una busca algo sin saber exactamente qué está buscando. Yo pensaba que haciendo esto podía encontrar un propósito, un lugar hacia donde ir.
La adolescencia te pone muchísimo en jaque. No sabés qué vas a hacer, no sabés si te gusta cómo sos, si te gusta el mundo, si tenés algo para ofrecer. Es una primera crisis muy profunda.
Entonces, probar algo que me daba cierta seguridad, que me devolvía la imagen de una gurisa con fuerza, también fue bueno para mi autoestima. No sabía si iba a ser más feliz haciendo eso, pero pensé que podía agarrarme de ahí para probar y terminó pasando que había una certeza mucho mayor de la que yo creía.
Yo siempre fui una niña muy rebelde, de contestar, de no quedarme callada. También hubo gente que me quiso y me conoció de cerca que me decía: «Che, cantás lindo, ¿por qué no probás?». Era información que yo no tenía.
Cuando me subo a un escenario o cuando estoy en mi casa grabando una canción en la computadora, encuentro uno de los lugares donde soy más feliz. Nunca voy a dejar de hacer esto, creo. El juego es la felicidad“.
Tu música también fue incorporando una dimensión política y feminista. En un género históricamente atravesado por voces masculinas, ¿Cómo fue evolucionando tu relación con esa responsabilidad de representar o abrir espacios?
Eli Almic: “Creo que eso también tiene que ver con la autoconfirmación. Primero necesitás creer que sos buena para algo. Cuando empezás a escribir y alguien te dice que está bueno lo que hiciste, que rapeás bien, aparece esa pregunta: ¿será que es verdad?
Después, con más desarrollo y experiencia, empezás a preguntarte si podés aportar algo en ese camino. Si podés ser una voz colectiva, especialmente cuando hay tan pocas mujeres y tantas dificultades para ocupar esos espacios pero primero tiene que despertarse algo interno. Yo soy buena para esto, tengo ciertos talentos, puedo hacer algo que me gusta y que además puede inspirar a otras personas.
Es muy gratificante pensar que puedo ser feliz haciendo algo que me divierte, pero también puedo inspirar a otras personas o ir a tocar a una manifestación y apoyar una causa”.
También formás parte de Soona, el colectivo de raperas e identidades no binarias. ¿Qué importancia tuvo ese espacio en la construcción de una red dentro de la escena?
Eli Almic: “Soona fue un colectivo que necesitábamos para nuclear a las distintas raperas e identidades no binarias que estábamos haciendo cosas. Grabamos unos tres videoclips muy potentes y nos dimos a conocer como colectivo, más allá de que algunas ya teníamos nuestra carrera.
En los últimos años no estuvimos tan activas como colectivo, pero siento que sigo siendo parte. Me parece importante que exista un espacio donde podamos encontrarnos, hablar de la escena y pensar cuáles son las cosas que necesitamos.
También veo que hoy hay muchas más gurisas que pueden encontrar referentes cerca. Está Malapraxxis,, están otras artistas que están haciendo su camino. Las redes sociales y los talleres de rap también permiten que esas experiencias tengan mucha más visibilidad.
Antes muchas cosas sucedían en los barrios y quedaban ahí. Ahora cualquier gurí puede escribir, competir en una plaza, hacer un video y compartirlo. Hay más posibilidades de que algo llegue a otras personas.
Creo que quienes empezamos hace tiempo también fuimos construyendo un camino para que otras puedan recorrerlo con menos dudas”.
¿Sentís que esa realidad es diferente cuando salís a tocar a otros países?
Eli Almic: “La verdad es que encuentro dificultades bastante parecidas. Ahora estoy en México y me llama mucho la atención que cuando voy a conciertos de rap muchas veces no hay una sola mujer arriba del escenario.
No digo que en Uruguay sea completamente diferente, pero por lo menos es más fácil encontrarse con una piba rapeando y eso me hace pensar que, con toda la experiencia que tengo, también puedo venir acá y hacerme mi lugar. Ya lo hice en otro lado y puedo volver a hacerlo.
Durante mucho tiempo pensé que iba a construir mi camino sin determinadas personas o determinados discursos. Hoy me interesa ser un poco más estratégica. Seguir siendo yo, pero entender que no tengo que pasarme la vida discutiendo con todo el mundo. Quiero estar en esos espacios, quiero tener esas oportunidades y quiero que mi trabajo sea reconocido y remunerado como corresponde”.
Tu trayectoria tiene un crecimiento importante, con presentaciones fuera de Uruguay y oportunidades en otros mercados. También atravesaste la pandemia y una etapa de replanteamientos personales y profesionales. ¿Cómo cambió tu manera de pensar la carrera después de esas experiencias?
Eli Almic: “La pandemia me cortó mucho, como a todos los artistas. Personalmente, lo que más me afectó fue el reconocimiento que venía construyendo afuera.
Se movieron muchísimas cosas. Los managers empezaron a cuestionarse si acompañar a los artistas era económicamente viable, las bandas tuvieron que revisar sus integrantes y sus costos, y una también empezó a preguntarse qué música quería hacer. Además, yo estaba cuestionándome si quería seguir siendo una rapera estrictamente dentro del género o si quería hacer otras cosas. Hubo unos años en los que sentía que no estaba pasando demasiado y decidí moverme yo. Buscar oportunidades, pedir ayuda, ver qué puertas se podían abrir.
Lo interesante de este momento es que sé hacia dónde voy. Antes pensaba que mi recorrido tenía que ser más progresivo, primero Uruguay, después Argentina, después otros lugares cercanos. Hoy tengo mucho más claro que quiero ser una artista enorme afuera.
Quiero tener el reconocimiento que me gustaría en mi país, pero también quiero ser una artista del mundo. Me encantaría tocar en escenarios enormes, viajar, conocer otros públicos y construir una carrera internacional.
Siempre siendo fiel a quien soy. No a cualquier costo, porque entonces dejaría de ser yo”.
¿Y qué lugar ocupa Uruguay en esa proyección?
Eli Almic: “A mí me encanta volver porque me reencuentro con personas que siguen mi música desde hace muchísimo tiempo, que creen en mí y que me acompañan. A veces una le da tremendos palos a Uruguay porque es un país chiquito y porque no hay suficientes oportunidades pero después salís y te encontrás con públicos que te conocen mucho menos. Entonces volver es reconfortante. Hace poco me escribió una persona de Tacuarembó que me dijo que nunca me había seguido en Instagram, pero que me escuchaba desde 2018 y que le había pasado mi música a un montón de gente. Eso también te demuestra que el público está mucho más presente de lo que una cree.
Yo quiero seguir creciendo afuera, pero también quiero ser una artista mucho más grande en Uruguay. Para mí es un diálogo: volver, aprovechar lo que tengo, seguir creciendo y volver a irme y volver”.
En ese sentido, ¿Qué podemos esperar de este espectáculo en Sala Rondeau?
Eli Almic: “Pueden esperar encontrarse con La Llave de pies a cabeza, porque voy a tocar el disco entero. Mucha gente me dijo que es un disco muy especial y quiero que sepan que va a tener su lugar pero no es solamente un disco, terminó creándose un universo visual que para mí es muy importante porque es algo que siempre quise hacer: unir el mundo de la actuación con la música, meter la actuación en la música y la música en la actuación.
El año pasado hice una presentación donde había personajes, textos teatrales y una banda que estaba presente durante todo el espectáculo. No había una separación entre las partes actuadas y las canciones: todo sucedía en escena como una unidad.
También van a aparecer canciones de mi primer disco y temas de distintas etapas. Quiero que sea un concierto largo, escénico, pero sobre todo un concierto donde la gente pueda disfrutar y encontrarse con canciones que quizás no escucha hace mucho”.
Hay una frase que me quedó de otra entrevista: «Mateo era un visionario porque sabía vivir en el presente». Me hizo pensar en cómo a veces necesitamos mirar hacia atrás o proyectarnos tanto hacia adelante que nos olvidamos de habitar lo que estamos haciendo ahora. ¿Sentís que hoy estás en un momento de mayor reconocimiento de tu propio presente?
Eli Almic: “Sí, creo que después de todo lo que te contaba, de las búsquedas y de las cosas por las que pasé, hoy me encontré y me encanta quién soy más allá de si tengo o no el éxito que me gustaría, estoy contenta con mis ideas, con el equipo que tengo, con mi banda y con la confianza que tengo para llevar mis ideas al escenario.
Hoy puedo tener una imagen en la cabeza y decir: «¿Sabés qué? Voy a hacer esto». Porque tiene sentido, porque está unido a otras cosas y porque confío en lo que estoy proponiendo. Antes tal vez no tenía esa seguridad. Estaba descubriendo otras cosas, era más chica y tenía muchas más dudas.
Ahora estoy muy contenta con este momento. Tengo muchas ideas, algunas certezas y también cosas que todavía no sé. Pero voy para adelante con confianza”.
¿Qué otros proyectos están apareciendo en este presente creativo?
Eli Almic: “Estoy haciendo un disco nuevo y espero poder lanzarlo durante los primeros meses del año que viene. Es un disco que no tiene nada que ver con La Llave. Estoy escribiendo sobre otras cosas y ya lo tengo bastante avanzado. Lo estoy trabajando con gente de Uruguay y de México.
También voy a volver a presentar la puesta en escena que hice de La Llave en la Zavala Muniz pero en otra locación. Gané un FONAM y eso me tiene muy motivada porque el universo visual va a quedar en mi canal de YouTube para compartirlo con la gente. Es algo que nunca había hecho.
Así que los espero el 6 de noviembre y que podamos compartir una noche muy linda”.
La invitación está hecha así que no te quedes sin tu entrada. La podés conseguir en este link.
