Un ómnibus lleno de libros puede parecer una imagen de otra época. Hasta que llega a una ciudad, descarga sus tablones, despliega las mesas y alguien encuentra el título que venía buscando. Entonces la imagen se vuelve presente: hay lectores, hay preguntas y hay un oficio que sigue haciendo posible ese encuentro. La escena se repite desde hace más de veinte años: una familia pone los libros en movimiento y sale a encontrarse con sus lectores.
La base actual está en Punta del Diablo, donde funciona la librería El Diablo Lector. Desde allí parte la propuesta itinerante de Lucero Libros. Su presencia comercial también alcanza Aguas Dulces y se complementa con un catálogo digital, pedidos por WhatsApp y envíos a todo Uruguay. En su sitio, el emprendimiento se presenta como una librería familiar de la costa de Rocha que mantiene la atención de persona a persona.
Al frente está Lucero Zapata, colombiana, radicada en Uruguay desde hace más de cuarenta años. La acompañan sus dos hijos; Julio y Jorge. Su trayectoria en el mundo del libro precede a la feria y ayuda a explicar una propuesta que fue tomando forma al escuchar lo que pedía la gente.
El origen estuvo en Salto, donde vivía la familia. Importaban directamente y habían reunido una cantidad de mercadería que necesitaba nuevos canales de venta. Salir a explorar otros mercados fue una decisión comercial que, con el tiempo, construyó una red de encuentros.
En cada ciudad aparecían pedidos. Los lectores preguntaban por títulos y temas, y la selección comenzó a ampliarse. A los libros de liquidación se sumaron novedades y obras de circulación habitual. La feria creció siguiendo esas conversaciones.
“Esto nació hace más de veinte años así”, resume Lucero. No describe una fórmula cerrada: habla de observar, probar y ajustar una propuesta familiar que encontró respuesta en distintas localidades.
Treinta y Tres, Melo, Rivera y Tacuarembó forman parte del circuito que menciona en la entrevista. En el recorrido de este año, antes de llegar a Tacuarembó, estuvieron en Paso de los Toros, invitados en el marco de la Semana de Benedetti. Melo y Rivera son los siguientes destinos anunciados.
El orden cambia. Lucero explica que habitualmente llegan a Tacuarembó después de pasar por Melo, pero esta vez modificaron la secuencia. La itinerancia se acomoda a las invitaciones y a los calendarios locales; en Tacuarembó, por ejemplo, octubre se volvió una fecha de referencia por el aniversario del club que recibe la propuesta.
El vínculo con Melo tiene antecedentes documentados. En una cobertura de una edición anterior, instalada en el Teatro España, Zapata destacaba la importancia de acercar una selección que ampliara las posibilidades disponibles para los lectores de la ciudad. Ese propósito reaparece en su testimonio actual: variedad y precios que permitan encontrar una lectura dentro de cada presupuesto.
La escala requiere una logística particular. El antiguo ómnibus GM que acompañó los primeros viajes dio paso a otro más grande. Con mayor capacidad de carga, aumentó también la cantidad de ejemplares. Una camioneta acompaña el trayecto como vehículo de apoyo.
En la feria de Tacuarembó, Lucero calcula que hay más de diez mil ejemplares. Se trata de una estimación de los libros reunidos allí, con una selección que atraviesa géneros y edades: clásicos, filosofía, novela romántica, policial y negra; historia, política, arte, cocina, música y deporte. Las mesas juveniles incorporan ficción, romance, terror, suspenso y magia. También tienen lugar el desarrollo personal, el emprendimiento y los títulos vinculados con tarot y oráculos.
La amplitud convive con una estrategia de precios. Zapata explica que parte de las ofertas procede de renovaciones de existencias o cambios de diseño de las editoriales. Son libros nuevos que la familia adquiere en cantidad para ofrecerlos a valores menores.
Pero el oficio también consiste en acompañar una elección. Lucero recoge una observación frecuente entre sus clientes: pueden pedir por internet, aunque prefieren tener el libro delante, abrirlo y leer un fragmento antes de decidir.
Cuando se le pregunta por la idea de que la gente ha dejado de leer, responde sin vacilar: “Es un mito”. La afirmación nace de su experiencia de más de cuatro décadas trabajando en el rubro. Desde esa perspectiva, sostiene que el papel mantiene su atractivo y que el acercamiento de las nuevas generaciones depende también de quienes les ponen libros al alcance. “El contagio con el libro se lo damos nosotros”, dice.
La feria convierte esa convicción en trabajo cotidiano: cargar, viajar, descargar, ordenar y conversar. Desde Punta del Diablo hacia otras ciudades, cada parada abre una oportunidad para que alguien encuentre el libro que buscaba o descubra uno que todavía no sabía que quería leer. Después, las mesas se desarman y el ómnibus vuelve a la ruta.
Las cifras detrás de una convicción
“El libro va a seguir”, sostiene Lucero desde su experiencia pese a la irrupción de inteligencias artificiales y metaversos. Los datos permiten poner esa convicción en contexto.
En el estudio de Nómade sobre hábitos de lectura en 2025, apenas el 4,1 % de las personas lectoras utilizaba exclusivamente el formato digital. El resto leía solo en papel o combinaba ambos soportes. El relevamiento también distinguió entre leer y comprar: el 52,4 % de los adultos consultados había leído al menos un libro, mientras que el 44,5 % había comprado alguno. Los préstamos y los regalos también hacen circular las lecturas.
La producción editorial aporta otra referencia. El informe de la Biblioteca Nacional “Los números del libro”, correspondiente a 2019–2023, contabilizó 2.808 registros de títulos en 2023, de los cuales 2.150 correspondían a soporte impreso. El papel representaba aproximadamente tres cuartas partes de los registros de ese año. Estas cifras describen actividad editorial, no ejemplares vendidos ni cantidad de lectores.
En cuanto a los puntos de venta, representantes de la Cámara Uruguaya del Libro señalaron, según una cobertura publicada en julio de 2026, que Uruguay contaba con alrededor de 150 librerías, además de comercios de formato mixto, como papelerías que también venden libros.
La circulación se sostiene también desde los espacios públicos: el censo de 2022 registró 116 bibliotecas públicas en funcionamiento. Son cifras de años y universos distintos, pero ayudan a dimensionar parte de la trama que conecta producción, acceso y lectura.
Un país que se reúne alrededor del libro
La itinerancia de Lucero dialoga con una temporada de encuentros literarios. Mientras Tacuarembó recibe la feria familiar, Montevideo desarrolla su 48.ª Feria Internacional del Libro, del 2 al 18 de octubre. San José celebró en septiembre, del 7 al 13, la 19.ª edición de su Feria Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro.
La coincidencia entre Montevideo y Tacuarembó, y la cercanía en el calendario con San José, amplían la presencia pública de la lectura. No hace falta atribuirles una organización conjunta para reconocer ese efecto: durante estas semanas, distintas ciudades ponen los libros en conversación.
La diversidad editorial también encuentra espacios de visibilidad. En la feria montevideana de este año, la Librería de la Ciudad reúne 23 editoriales y proyectos editoriales que acceden a una propuesta de exhibición y venta, especialmente pensada para quienes no cuentan con un estand propio. Es una muestra concreta de esa diversidad, no un censo de editoriales del país.
Para Lucero, lo valioso es que la propuesta cultural pueda estar presente en varios puntos. Su feria aporta a esa circulación desde la escala de un emprendimiento familiar: recorrer rutas, sostener visitas y atender personalmente.
Ser librera, acercar una posibilidad
El oficio tiene una dimensión material: cajas que pesan, libros que se ordenan, cuentas que deben cerrar. También una sensibilidad que se aprende frente a cada persona. Escuchar qué busca alguien, recordar un título, ofrecer una alternativa, dejar tiempo para elegir.
Lucero explica que las ofertas incluyen libros nuevos adquiridos en cantidad tras cambios de portada o renovaciones de existencias de las editoriales. Esa estrategia permite ofrecer precios menores. La accesibilidad se trabaja en decisiones concretas.
Pero también invita a pasear entre los libros. Hay quienes llegan con una búsqueda precisa y quienes descubren lo que quieren leyendo unas páginas. El encuentro empieza muchas veces así: una tapa llama, una frase detiene, una recomendación abre una puerta.
Ser librera puede ser eso: cuidar las condiciones para que una lectura empiece. En esta familia, además, significa cargarla en un ómnibus y llevarla hacia otra ciudad. Cuando la feria se retira, los libros elegidos toman otros caminos. La ruta continúa en las manos de sus lectores.
Los libros que me hicieron detener
Recorrer una feria también es permitir que un libro nos cambie el rumbo. Entre las mesas del Club Tacuarembó encontré títulos que me hicieron detener, levantar un ejemplar, leer una contratapa y guardar una pregunta. El árbol de Anna, de la tacuaremboense Susana Aliano Casales, me llevó hacia la memoria familiar; La poesía de los números, de Daniel Tammet, hacia esa belleza que puede esconderse donde menos la esperamos. También aparecieron invitaciones a revisar nuestra relación con el tiempo, como No te dejes para después, y a explorar otras formas de mirarnos, como Ceremonia. Son hallazgos de este paseo: libros que despiertan ganas de seguir leyendo. Porque a veces entramos buscando un título y salimos con una curiosidad nueva.
- El árbol de Anna, de Susana Aliano Casales: La autora nació allí en 1973 y explica que comenzó esta novela durante una búsqueda genealógica que la llevó de Uruguay a Italia. Volvió a su ciudad natal para terminar de escribirla. La historia aborda las raíces familiares, las ausencias y la transformación que puede producir el acto de nombrarlas. Susana Aliano Casales. Lo recomiendo como una lectura para quienes se sienten llamados por la memoria familiar y por esas historias que empiezan mucho antes de nuestro nacimiento.
- La poesía de los números. Cómo las matemáticas iluminan mi vida, de Daniel Tammet — Blackie Books: Tammet entrelaza matemáticas, experiencias personales e imaginación. Desde su percepción sinestésica —asocia los números con colores y formas—, invita a descubrir belleza donde muchas veces solo vemos cálculos. La propuesta cruza números, lenguaje y maneras de percibir el mundo. Blackie Books. Me pareció interesante este encuentro inesperado entre sensibilidad y conocimiento. Ideal para despertar curiosidad, incluso en quienes siempre creyeron que las matemáticas no eran para ellos…. tal como me pasó a mi.
- No te dejes para después, de Fabiana Jafif — Ediciones LEA: Combina historia personal, reflexiones y ejercicios sobre la relación con el tiempo. La autora aborda maternidad, emprendimiento y liderazgo personal, junto con la experiencia de un diagnóstico de esclerosis múltiple. Su propuesta pone el acento en elegir prioridades y gestionar la energía, más que en acumular tareas. edicioneslea.com. Me llamó la atención por las temáticas que comparto a clientes en mis sesiones de coaching o en la columna radial sobre recomendaciones de la gestión del tiempo, revisión del lugar que nos damos en nuestra propia agenda, proyecto ocupacional y plan de acción.
- Ceremonia, de Brianna Wiest — Gaia Ediciones: Una obra de desarrollo personal centrada en el autoconocimiento, la aceptación y la construcción de un camino propio. Su presentación editorial destaca las oportunidades de descubrirnos que aparecen en momentos inesperados de la vida. Grupo Gaia. Todo lo que invoca a ritualidad, se lleva mi atención, puede ser atrayente para quienes atraviesan cambios o sienten la necesidad de detenerse y escuchar qué quieren hacer con la etapa que comienza.
- Los cuatro acuerdos, de Miguel Ruiz — Urano: Un libro de desarrollo personal y espiritualidad que el autor presenta como inspirado en la tradición tolteca. Propone revisar creencias y hábitos que condicionan nuestra relación con nosotros mismos y con los demás. edicionesurano.com. Es la biblia de mis cursos y de cada comienzo por lo cual encontrarlo siempre es sincrónico; una puerta de entrada a la reflexión sobre nuestras palabras, interpretaciones y formas de vincularnos.
- Fractales bíblicos, de Karin Neuhauser: La autora, arquitecta, utiliza la idea de los fractales para interpretar situaciones, personajes y estructuras de la Torá. Busca repeticiones y semejanzas entre distintas escalas del texto: las partes que remiten a un conjunto mayor. Es una propuesta de interpretación que cruza pensamiento, tradición judía y lectura bíblica. semanariohebreojai.com. Me parece uno de los descubrimientos más singulares de la selección, especialmente para lectores interesados en símbolos, patrones y nuevas maneras de acercarse a textos antiguos.
- La escritura y el carácter. La ciencia de la grafología, de Jules Crépieux-Jamin — colección Ingenios: El ejemplar fotografiado presenta un enfoque histórico de la grafología que interpreta los rasgos de la escritura en conjunto, atendiendo a sus relaciones. Puede resultar interesante como documento de una tradición que quiso vincular escritura y personalidad. Me pareció una gran curiosidad histórica sobre la interpretación de la escritura y su simbolismo.
- Ética y psicoanálisis, de Erich Fromm. Una obra que vincula el conocimiento de la personalidad con los problemas de la ética humanista y el arte de vivir. Merece sumarse para ampliar la selección hacia filosofía y pensamiento social sobre lo que había muchos y variados títulos.