Las vacaciones del mundo escolar se colaron por la ventana hace rato y las licencias aguardan ahi a una playlist de distancia. Dejo por acá una lista de discos que me llevaron la oreja este 2024. La advertencia sigue en pie, este cuerpito ya cruzó el medio siglo y esta cabeza peina canas hace años.
Va mi lista.
I.- Sangre joven
1.- The Linda LIndas – No obligation
California es una tierra generosa cuando se trata de catapultar a la fama bandas de chicas con buen gusto por las melodías pop y los armonizaciones vocales (Bangles) o con un filo rocker de cuero y guitarras filosas (Runaways). Las Linda Lindas -Bela Salazar (guitarra y voces), Eloise Wong (bajo, guitarra, voces) y las hermanas Lucía (guitarra y voces) y Mila de la Garza (batería)- entraron con fuerza en ese trillo y parecen decididas a dejar su marca. Se formaron en 2018, metieron una banda de sonido (Moxie, 2021) un interesante primer álbum (Growing up, 2022) y se despacharon con un No obligation que es de lo más refrescante del pop guitarrero que nos deja el año. All in my head, Lose yourself, o Nothing would change son buenos ejemplos de lo que pueden estas gurisas (la menor de ellas tiene 14 años) que parecen haber llegado para quedarse un tiempo largo y seguramente divertido.
2.- The lemon twigs – A dream is all we know
Los hermanos D’addario, llegan a su quinto disco. Crecidos en Flushing, Queens (como la Nana Fine) estos neoyorquinos llevan a los Beatles en las orejas desde la más tierna infancia. El disco es una delicada colección de canciones pop muy bien arregladas, con una gran presencia de las guitarras que, como las voces, no dejan de dialogar componiendo melodías pegadizas. Doce canciones -con sonido rickenbacker y un delicioso aire a los
Byrds y Tom Petty- que caben en 34 minutos. La época parece volver al vinilo hasta en la duración de los álbumes. En la primera escucha My golden years, Church bells y Sweet vibration se me quedaron enredadas en la oreja, y solo por eso las elijo ahora. Cualquiera de las otras 9 podría estar allí.
II.- Señores mayores de alma sensible, que supieron ponernos a bailar
3.- Pet Shop Boys – Nonetheless
El nuevo trabajo de los ingleses tiene diez temas claramente construidos a partir de las melodías y arregladas a puro sinte y programming. En una primera pasada se cuela un dejo melancólico, que luego no deja de ser un sabor agridulce y persistente. Neil Tennant llegó a los 70 y Chris Lowe a los 65, y se les nota. Resulta un muy buen disco para acompañar una larga caminata por la costa oceánica, o para sentarse bajo los sauces llorones a mirar
correr el río negro. Los arreglos no tienen sorpresas, lo PSB son la definición del eurodisco, y no hay razón alguna para que se muevan de un territorio que dominan con maestría desde el lejano Actually que nos tomó por asalto a los 15. Me quedo con: Loneliness, que abre el disco, Feel, y Bullet for Narcissus
4.- The Cure – Songs of a lost world
Ambiental, oscuro, denso. El disco nuevo de los Cure viene de la mano del tránsito de Robert Smith por la pérdida de sus padres. Y a esta altura del partido ya sabemos que perder los padres a cualquier edad es perder un mundo. O dos.
Como algunos de los ya clásicos -Disintigration, o los de la trilogía fundante de inicios de los 80- es un disco que pide ser escuchado entero y de un tirón. Ocho pulidas piezas de ébano brillando en medio del cotillón de los algoritmos al uso. Pasen y vean. La casa corre con los gastos. Si debiera elegir dos temas, seguro serían Alone y All I ever am.
5.- Cachorro López e invitados
Un lindo ejercicio de nostalgia ochentera, cuando el rock era pura fiesta, libertad y una pizca de inocencia. Desde Bazterrica y Calamaro (ex abuelos) a Vicentico, o Lali, pasando por otras bandas de nombres tan raros como los peinados nuevos de los 80s, el disco repasa varios hits de la banda, aportando un aire fresco a varios de los temas. Despues de sufrir varios “discos homenaje” o “reversiones de un discazo” resulta que ésta, que sale muy bien parada, es motivo de festejo y escucha solo o acompañado. Me sigo quedando con No te enamores de aquel marinero bengalí – de los mejores títulos para canción, y un riff demoledor- el silbido de arranque de
Chalamán y la dignidad con la que sale parado el Himno de mi corazón.
III.- Música para encrucijadas. Blues que me has hecho mal
Para mayores de 40 -porque en cualquier cruce de caminos el blues siempre te espera pibe- este verano la lista hace un apartado para recorrer cuatro maneras de encarar esa música que sigue siendo a la vez la enfermedad y la cura.
6.- Shemekia Copeland – Blame it on Eve
Shemekia Copeland, hija de un bluesero texano, nacida en Harlem, canta desde los diez años. Este disco (el décimo) está ya lejos de su debut en 1998. Tal vez por eso mismo, no le falta ninguno de los ingredientes fundamentales. El resultado puede resultar un pelín desparejo, pero hay más de cuatro temas preciosos. Destaco su voz que cubre un abanico que remite a la Etta James más clásica y dolida de los 50 a la Tina Turner fiestera de los 80. Un swing potente, puro canchengue en las caderas, y una banda que cuando acelera es una aplanadora. La culpa de todos los males, como siempre, se la podemos adjudicar a Eva, que se dejó seducir por el Sr aquel de la manzana y la pentatónica. Blame it on Eve, Wine O’Clock, Tell the Devil son un buen resumen en tres temas de un disco que gana terreno en cada pasada.
7.- Selwyn Birchwood – Old school
“Let´s do it old school fellas”, dice la voz aguardentosa de Birchwood al inicio del disco, y eso es lo que hacen. Cuadrado, potente, sin floreos ni investigaciones en sonoridades desconocidas o arreglos innovadores. El guitarrista de Tampa, no ganó el Blues Foundations de 2013 en vano. El blues que propone es de los que se te
cuelan bajo la piel y te dejan marcando el compás con el pie como al descuido.
Eléctrico y sin concesiones. Me quedo con Old school, The one that got away y Just like a fine wine.
8.- Tinsley Ellis – Naked truth
Este guitarrista nacido en el 57 navega con seguridad las aguas del blues / boogie de pata dándole duro y firme al piso que conocimos con John Lee Hooker cuando el mundo era ultra analógico y la TV no aparecía ni en las novelas de ciencia ficción.
Una voz profunda y una guitarra que acompaña y puntúa con toques slide y un sonido acústico y sin embargo extremadamente metálico. El blues se mantiene vivo a fuerza de cambios sutiles, hundiendo las raíces en las historias cotidianas de la gente, y este disco es otro ejemplo de esa tradición más que centenaria. Devil in the room, Tallahassee blues y Grown ass man son tres temas tomados casi al azar en un disco muy parejo.
IV.- Heavy saurios
Dos de las bandas más añejas del mundillo del metal, se despacharon con discos que aportan cero novedad y muchísima permanencia. Y a los padres fundadores, en cualquier orden de la vida, se los respeta..
9.- Judas Priest – Invincible Shield
50 años después de su debut discográfico, los sacerdotes de Judas vuelven a gritar que siguen tan vivos y desafiantes como siempre. A puro riff, doble bombo, bajos derechos y una voz que llega a agudos donde solo un dios del metal puede llegar, la banda de Rob Halford mantiene la misma contundencia de los discos que sentaron las bases del género.
Sin sorpresas, y sin traiciones, lo que en épocas de fakenews y posverdades no deja de ser una buena noticia. Invincible shield, Devil in disguise y Vicious circle remiten al sonido más clásico .
10.- Saxon – Hell, fire and damnation
El excelentísimo Biff Byford, la voz del metal, vuelve al mando de sus sajones. Lo hace como siempre: fuego y destrucción. Aunque todos sabemos, es un abuelo macanudo de clase trabajadora que en el fondo no quiere más que una pinta -o diez- de cerveza y un par de rocanroles para gritarle al mundo que fue la música la que nos reunió, ayer, hoy y siempre. Sin alejarse de la fórmula clásica, con guitarras machacando, y la batería marcando el paso, los Saxon siguen dando una pelea que ya es más una fiesta callejera que otra cosa. Para sorpresas está la vida. Madame Guillotine y 1066 merecen más de dos escuchadas.
Extra bonus track
11.- Project Pierrot – Blue Eyes
Wise Jester Records se despachó con el debut discográfico de Project Pierrot. Blue Eyes, a toda electrónica, es un tema bailable, super bailable. Con una base que entrelaza texturas de rangos diferentes y énfasis percusivos con bajos profundos que van directo al plexo; y una línea melódica pegadiza, el tema te mete en un ambiente cercano al trance, y ahí te mantiene durante cinco minutos y medio. De los nuevos talentos montevideanos a los
que seguramente haya que comenzar a atender.













































