Como es tradición fin de año se llena de listas de “los mejores x discos, libros, películas, obras de teatro, etc del año”. Esta que dejo por aquí no es de “los mejores”, ni “mis favoritos”, es apenas una lista de diez discos que pienso reescuchar dos o tres veces en las vacaciones. Discos para cincuentones rodeados de adolescentes, púberes y jóvenes que cada tanto nos recuerdan nuestros “gustos de viejo” nomás porque colocamos en la bandeja algún vinilo de Pink Floyd, Los Olimareños o Soda Stéreo.
En principio hay dos discos uruguayos, tres que son claro signo de los tiempos, orientados al pop para entretener, uno de tintes metaleros, dos del inmenso mundo del blues, y otros dos de músicos ultra archi conocidos y establecidos. Al final, y como bonus track un EP que capturó mi atención mientras recorría el espinel en búsqueda de contenidos para esta lista, provisoria, y seguramente, desechable. El orden es -obviamente- alfabético de acuerdo a los nombres de los artistas.
Andy Adler – Un adios entre dos adioses – Andaluz
Una delicada colección de canciones grabadas por uno de los próceres de lo mejor del rock uruguayo pos dictadura. La atmósfera más bien triste, envuelve como una mortaja de niebla cada una de las canciones que Andy eligiera siguiendo su particular gusto, que no deja de ser el que nutrió a muchos de nuestros músicos nacionales de cabecera. Advertencia, es un disco para escuchar con ciudado, preferentemente en tramos, y de ser posible en la soledad de las siestas veraniegas. No incluir ninguno de los 17 temas en playlists destinadas a animar fiestas. Guess I’m doing fine y Laura Wonders no te sueltan así nomás.
Bonnie Raitt – Just like that – Redwing
El décimo octavo disco de estudio de esta verdadera leyenda viva dentro del mundo del blues no trae sorpresa alguna. Y eso es una suerte, porque a veces a los artistas uno solo les pide que sigan creciendo, siendo tan buenos como siempre, y que sigan estando siempre allí, regalándonos lo suyo. Blues eléctrico, melódico, potente, con swing. Del que se puede escuchar en el bus que te lleva a laburar en enero como en julio, o en el que te está llevando en ese momento a las tres semanas del año por las cuales toleramos las otras 51. Livin’ for the ones (pura energía) y la canción que da nombre al disco (acústica y confesional) son los polos entre los cuales Bonnie nos mantiene atentos durante 46 minutos
Ghost – Impera – Loma Vista
Aun no decido si Impera de Ghost es Abba haciendo una versión para estadios de power metal o una grabaciòn perdida del costado más pop de Van Halen salpimentado con una pizca de épica nórdica. Podría ser la banda de sonido de Vikings. Tranquilos padres, el teenager no se les hará satanista, aunque es probable que sufra un espasmo si sus amigos insisten en que le guste el reggaeton o el trap.
Watcher in the sky es el tema que me quedó adherido a la oreja.
Harry styles – Harry’s house – Columbia
De los 1D, Harry Styles parece ser el que ha desarrollado una carrera más creativa. Un sonido pop plagado de referencias funk, o un soul descafeinado, con bajos grooveros y arreglos de vientos que recuerdan al Jamiroquai de Space Cowboy. Por momentos a los oídos más clásicos les puede dar la sensación de música de ascensor. Suba el volumen y hágale caso a ese piecito derecho que escucha el beat, desoyendo sus prejuicios. Late nigth talking y la ultrapromocionada As it was se dejan bailar hasta en una caminata de playa.
Jack White – Entering Heaven Alive – Third Man
Además de visitarnos, este año Jack White se despachó con dos discos. El eléctrico (en la tradición de los Raconteurs) Fear of the Dawn, y este otro, mucho más ligado al jazz, el folk y el blues previo a la electrificación de las guitarras en la ya lejana Chicago de Muddy Waters y Willie Dixon. Un disco al que seguramente vuelva cada tanto, a empaparme del barro de los pantanos del sur del norte, y sentir que hay allí algo vivo, latiendo todo el tiempo. Jack White se ha inscrito en una tradición en la que la delicadeza musical y el swing están siempre presentes como una imperecedera marca en el orillo, lo cual no le quita para nada ese borde filoso que caracteriza cada uno de sus discos. All along the way, I’ve got you surrounded (with my love) y Please God, don´t tell anyone son canciones potentes que sostienen el resto.
John Németh – May be the last time
Una guitarra arpegia el tono, una armónica entra en conversación y desde el fondo de los tiempos un alarido cruza de Tina Turner con Howlin’ Wolf declara que esta puede ser la última vez. ¡Ah, gimme the good ol’ times! John Németh hace blues desde las mismísimas raíces, y juega en toda la cancha, dos semanas antes de una cirugía de cambio de maxilar que quizá no le permita volver a cantar. Grabado apenas dos días este disco es de los que deja claro por qué es que un género tan específico en sus orígenes (el delta, allá a fines del siglo XIX) se ha vuelto tan universal. The last time, Feeling good y Stealin’ watermelons son sencillamente perfectas. Sin duda de los discos que va a sobrevivir largamente en mis playlists.
La vela puerca – Discopático – Sony music
Groovero, bailable, con tintes si se quiere un tanto oscuros para quienes -como un servidor- nunca pasamos del segundo o tercer disco de la banda del enano and company. Por momentos la dupla bajo-batería parece instalada en lo mejor del pop ochentoso, mientras las guitarras juegan detrás aportando matices. Los vientos en un segundo plano aportan colores, lejos de aquellos que nos despeinaban hace veinte años cuando se dedicaban a componer himnos tribuneros. Una visita más que recomendable la que le vayan a hacer a este disco que es tan universal como montevideano. Plan de fuga y Tormenta son dos canciones preciosas.
Louis Tomlinson – Faith in the future – BMG
Otro ex 1D, que nos visitó no hace tanto. Pop cargado de percusión machacona y guitarras en acordes mayores. Estribillos gancheros al mejor estilo bubble gum hits, para delicia de los teens que lo escuchaban de purretes cuando era parte de los “uandi”. No va a revolucionar la historia de la música, ni será ternado para un Nobel de literatura por su lírica más bien naif, lo suyo pop music, de la que en veinte años seguramente se baile cada 24 de agosto. Written all over your face y Face the music resultan temas volvedores, como retirada de murga.
Red Hot Chili Peppers – Unlimited Love – Warner
Quizá la banda más Mainstream de toda la lista. Lo mejor de los RHCP es que desde el lejano Californication o By the way no se mueven de una fórmula que les ha resultado más que efectiva. Bajos potentes sacudiendo funk all over the place, guitarras que no pierden jamás el ritmo ni el tiempo, y voces rapeando sobre sexo drogas rock and roll y todos los cliches del rock de los 70s, incluyendo los momentos de bajón que nunca faltan. Lo peor de los RHCP es que desde el lejano Californica… Pero nunca falta quien necesite meter un poco de energía en sus auriculares para trotar por la costa mientras el sol se pone tras las olas del este, o para soportar el calor de este verano plagado de alertas por incendios forestales, la vuelta del Covid y otros males de la época. Aquatic mouth dance es un muy buen resumen de todo lo que se puede oir en este Unlimited love.
Regina Spektor – Home, Before and After – Warner
Una de las voces más personales de la última década, Regina Spektor recorre el folk, el jazz y los mil matices del pop como quien camina por el living de su casa. tiene una facilidad envidiable para crear melodías mínimas de esas que soportan cualquier arreglo y se te quedan enredadas en la piel. Su registro de voz rinde tanto cuando susurra como cuando se deja llevar a las alturas que cada canción requiera. Un álbum perfecto para oír tirado en una hamaca paraguaya, leyendo cuentos o tomando una cerveza helada mientras la chicharra insiste en avisarnos que es verano. One man’s prayer, What might have been, o Through a door son muestras delicadísimas de lo que puede hacer esta mujer nacida en la lejana URSS de 1980.
Bonus track: Fin del Mundo – La ciudad que dejamos (EP) – Anomalía Ediciones
Recorriendo listas especializadas, di con este precioso EP de los argentinos Fin del mundo Fieles al nombre que eligieron para la banda, el sonido se parece mucho al de The Cure en la época del Faith aunque con los bajos no tan al frente como el de Gallup. Melodías largas, ambientes hechos de sonidos más bien oscuros u opacos, con guitarras que más trabajan en componer atmósferas y ambientes que melodías, y una voz delicada que empasta muy bien con las melodías, tanto que cuesta por momentos seguir las letras. Una joyita de la que seguramente oigamos más. Tanto este EP, como el anterior (Fin del mundo, 2020) valen la escucha.














































