
El cinco de julio estaba previsto que se presentara Claudio Gabis en la sala Camacuá de nuestra ciudad. Por razones que desconozco, el show fue suspendido.
Hace unos días mantuve una conversación con él a raíz de su gira y su próxima visita a Montevideo. No se tiene todos los días la oportunidad de conversar con un creador fundacional del rock argentino, por tal motivo, creo que más allá de que la visita se haya suspendido, la charla no pierde valor y quizá nos permita entender la oportunidad que nos hemos perdido.
Hablar de Claudio Gabis es sin duda hablar de la historia del rock, ya no solo argentino, sino del rock en español, de cómo el rock y el blues encontraron en nuestro idioma una forma de expresión que supo adoptarlo y aportarle color local para transformarlo en otra cosa, en una música indudablemente nuestra. Entonces, Manal suena al delta del Misisipi, pero también al Riachuelo, a los campos de algodón mezclado con el aire de la Pampa, a la armónica dialogando con el bandoneón en clave de milonga. Manal es blues de acá, de Chicago esquina Buenos Aires, a pasitos de Montevideo.
Claudio emigró joven, con apenas veintitrés años se instaló en Brasil durante trece años, sin saber que estaba emprendiendo un camino sin retorno. El derrotero siguió por Estados Unidos, ya había conocido Brasil y le había encantado y la Argentina de 1972 no era un lindo lugar para quedarse. Desde hace ya muchos años está instalado en España.
Sin embargo, ya pasados más de cincuenta años, siente que Argentina es su lugar, su público, su lenguaje, las canciones que presenta tienen que ver con ese paisaje y esa gente. Considera que ha ganado mucho en tranquilidad, en realización y en tener una vida mejor, pero la pérdida de la pertenencia a un lugar, eso no tiene remplazo, «no es fatal, pero constituye una pequeña amputación virtual», afirma.
Por más que ha pasado mucho tiempo y que ha tenido la oportunidad de tocar con gente muy destacada como Ney Matogrosso, Claudio opina que lo que lograron con Manal en ese tiempo tan breve es lo más alto a lo que ha llegado a nivel artístico, él piensa que llegaron al éxito si se entiende por eso haber podido llevar a cabo la tarea que se propusieron, que era imponer una variante musical que no existía, incorporándole una lírica en castellano y adaptándolo a una idiosincrasia propia:
…porque nosotros no queríamos imitar al blues del Misisipi porque nos dábamos cuenta que no podíamos, entonces entendimos que debíamos tomar esos elementos y le sumamos los elementos del Río de la Plata.
Yo recuerdo que cuando Javier Martínez nos presentó el bosquejo de lo que sería No pibe, una de las canciones emblemáticas de Manal, nos dijo que no le importaba qué más le podían agregar, pero sí quería mantener un riff que proponía y que tenía que ver con el candombe, Javier entendía que por ser de este lado del mundo el candombe nos tenía que importar. Y no podemos olvidarnos que su papá era uruguayo.
Claudio, más que pena, siente cierto rencor por la naturaleza estúpida de la condición humana, esa que impide que Manal se junte cada tanto para brindar un recital. Porque ninguno de los tres ha llegado a superar individualmente lo que hacían juntos, de hecho, eleva la apuesta y afirma que ni siquiera la sumatoria de lo hecho por los tres la supera.
En noviembre de 2014, Manal se reunió en la inauguración de Red House —sala de conciertos de La Roca Industrial— en una iniciativa de Jorge “Corcho” Rodríguez, un recital privado que mereció un libro firmado por Claudio Kleiman, editado en 2022 y un disco grabado en vivo, titulado Manal 2017. Según la crónica el trío dio un recital impecable. Pero los problemas siempre estuvieron presentes, aunque hicieron lo posible para minimizarlos y propiciar la reunión. Alejando y Claudio mantienen la amistad, pero las diferencias con Javier Martínez a esta altura son casi insalvables, porque el vínculo afectivo mínimo que requiere un grupo como Manal se perdió, y Claudio cree que es irrecuperable. La relación siempre fue complicada y la paciencia ya no es la de los veinte.
Éramos tres personalidades egocéntricas, que nos considerábamos pares y nunca hubo un líder, nadie podía darle órdenes a nadie, nos respetábamos, pero ese respeto y esa igualdad entre nosotros hacía que el comportamiento del grupo fuera anárquico, incluso tocando en vivo.
Claudio viajó muy joven a Estados Unidos, fue con una lista de cien discos de los cuales compró sesenta, esa disquera fue fundamental no solo para él sino para todos los amigos que estaban fundando nada menos que el rock argentino. La mayoría de esos discos aun integran su lista de imprescindibles, como el Highway 61 Revisited, porque las letras e interpretaciones de Bob Dylan le siguen brindando el mismo placer que la primera vez que lo escuchó.
¿Para qué escucho discos? Lo hago por placer. Durante muchos años escuché discos para informarme, para estudiar, y hoy en día los que escucho son los que me dan placer, eso incluye a discos de Robert Johnson, Jimi Hendrix, Cream, BB King o uno de folk de Judy Collins que incluía varios temas de Dylan. Los discos que perduran son los que me dan placer. Escucho poca música, muy poco de lo actual, porque no hay nada que me atraiga especialmente.
Quizás su mayor consumo musical pase por el blues, que sigue siendo su música favorita, que es una música madura que no tiene la excesiva seriedad del jazz ni la ingenuidad del rock, ese que intenta parecer eternamente adolescente. Su pasión por esta música puede ser degustada todos los lunes a las 21 horas de España en el programa radial que conduce llamado La Cofradía del Blues por Radio Círculo de Madrid.
Claudio habría llegado a Montevideo en el marco de su gira “La Cofradía Federal Gira Argentina 2023”, un tour de música y charlas por varios destinos de su país y que lo traía por primera vez a Montevideo. La posibilidad de tocar aquí lo ilusionaba, se trataba de una suerte de sueño cumplido, solo ha tocado una vez en Uruguay y fue en la ciudad de Paysandú.
La propuesta de la gira es un recorrido por toda su carrera, interpretando canciones propias que formaron parte de su primera experiencia solista de 1972 con el disco Claudio Gabis y la pesada, algunas de la época fundacional del rock argentino, canciones de Los Gatos, de Pappo, y buena parte del repertorio de Manal, privilegiando el primer disco que entiende que es el mejor que grabaron. Entre canciones, Claudio va desgranando anécdotas, detalles de cómo se compusieron algunas de ellas, derriba algunos mitos y sostiene otros. En fin, una oportunidad de conocer de primera mano muchas de las historias que hacen al rock de este lado del mundo.
Esto es parte de lo que nos perdimos, no sé si habrá otra oportunidad, espero que sí.















































