Sin duda alguna, Claudio está en la cima del listado de las mejores voces de este país. Un poderoso instrumento, pleno de matices y con un registro increíble. Este carnavalito es una bomba de neutrones. Fusiona de manera inteligente lo folclórico de raíz (en el final aparece una comparsa de aerófonos posta-posta) con el rock.
El resultado es acalambrante. Es una dosis de adrenalina. La voz de Claudio lo cubre todo como un dios pagano que mirara desde arriba y nos contará lo que pasa. La historia es el tema de la distancia entre los afectos y cómo el mapa, y la circunstancia vital, hace que nos alejemos de ellos. Gran tema de un gran artista que nos dejó, lamentablemente, demasiado joven.















































