
Llega el fin de una era. Comienzan los últimos shows en La Trastienda. Los encargados de abrir este cierre son la banda de rock Buitres.
La fila para entrar es larga, desde Fernández Crespo se forma hacia 18 de julio y pega la vuelta a la esquina por la calle Paysandú.
Mientras algunos hacen fila, otros hacen previa. Toman algunos tragos fuera de este mítico lugar de diversos espectáculos de la capital de Montevideo.
A la izquierda, a la entrada, en el hall, está el merchandising oficial de la banda y del cierre de la trastienda.
Miguel cuenta que son quienes venden la mercadería oficial de Buitres, pero que también a pedido de La Trastienda venden las remeras que marcan este cierre.
El local da puerta y dentro, ya en “la cancha”, un mundo de cabezas se ha formado, una marea humana que está esperando a que la banda arranque toque.
James Brown funciona como banda sonora mientras el murmullo se acrecienta.
Pocos espacios, casi ninguno, se vislumbran desde las alturas. El primer piso también está lleno. Las entradas se agotaron en los primeros días de venta.
Prueba de sonido de los plomos, últimos ajustes.
El staff, en el primer piso, forma parte integral de La Trastienda. Hacen las veces de acomodadoras, mozas, que cobran y entregan los pedidos a la mesa. El primer piso, la zona top. Una vista privilegiada. Servicio a la mesa. Y se puede observar el show cómodamente, eso sí, la gente queda lejos del posible pogo, quizá buscan eso también.
Silbidos nacen desde el público, piden que la banda toque.
“Buenas noches, buenas noches”. Dice Gustavo Parodi. Guitarrista, fundador y gran compositor de la banda. La gente ya está pronta para que Calaveratour los despeine y el riff que rompe la noche, se haga epidermis. José Rambao pone el ritmo base.
Leo Barizzoni, el fotógrafo que acompaña siempre a Buitres, aparece a la derecha en el primer piso, registrando con su particular mirada todo. Quizá Buitres, gracias a Barizzoni, puede llegar a tener el archivo fotográfico más grande jamás realizado en Uruguay de una banda de rock.
Las luces, algo fundamental
Un guión en la consola marca al iluminador, que sigue el show segundo a segundo y pasa al próximo seteo. Luego de cada acción, un nuevo seteo, en cada canción el seteo es particular.
Dicho guión está ingresado en la consola y en las fibras del iluminador que canta todas y cada unas de las canciones mientra hace fades y cambia de seteo a seteo.
El guión dice “PARODI” y los focos se ponen en él y solamente en él. La profesionalidad de un show de rock.
El Guitarrista lanza un “Buenas noches a esta segunda noche de despedida”.
“Buenas noches”, dice Rambao. “Bienvenidos a este último toque en La Trastienda. Vamos a disfrutarlo! Como hicimos siempre”.
Gabriel Peluffo envía un mensaje sobre la despedida “las canciones seguirán sonando en las paredes de La Trastienda, las de Buitres y las de todos las bandas que pasaron por este lugar”. Inmediatamente larga un solo de armónica y comienza un nuevo tema.
Se pega una versión rock de El Darno. Suena “El Instrumento” y todo el público
acompaña en voz y agite.
“Tres botellas de vino por el suelo ♫…” Y en la estrofa del tema se escucha que sale del público “Peñarooollll, dale Peñaroooolllll ♫”. Un clásico.
Una balada para bajar intensidad. Así y todo, el público hace palmas y acompaña.
Parodi anuncia que el próximo mes se van con un puñado de canciones a grabar a Buenos Aires y La Trastienda celebra con un aplauso.
Suena “Soy del montón” y se abre una bandera gigante con el logo de la banda que tapa a una buena parte del público.
Empiezan a subir personas “a caballito”.
Una, dos, tres chicas suben a la espalda de alguien que se ofreció como voluntario o voluntaria.
Una cantidad absurda de celulares en vertical, horizontal se prenden, filman a la banda. Registran estos últimos toques en la trastienda. La marea de cabezas, ahora es una suerte de alfombra de destellos y reflejos.
“Buena suerte para vos”, el agite de los Buitres no para hasta que Parodi anuncia “nos tomamos diez minutos y enseguida volvemos”.
Gran parte del público sale. Algunos a fumar, otros a respirar, estamos en febrero. En un lugar cerrado. Verano con rock, no es para cualquiera.
El público vuelve a entrar para lo que será la segunda mitad del show.
Arranca “Una noche con vos”. En la entrada, antes de pasar por las puertas de vaivén, de lo que antiguamente sirvió como un cine, una pareja baila como si este fuera el último baile de su vida.
Y en realidad lo es, ese tema, esa banda, ese lugar, el último baile en La Trastienda.
Juan Peluffo, hijo de Gabriel, sube como invitado. Una guitarra más suena en el escenario. Hace coros, mientras toca la rítmica y canta “La copa frágil del amor, se llena con el corazón ♫”.
Milonga Rante pegada a Mincho Bar y el público explota cantando cada letra en coro gigante.
Una segunda parte del show que hace temblar la propia fundición de La Trastienda. Como dijo más temprano el vocalista, las paredes van a recordar estas canciones y la energía generada por todos. Es un día especial.
Uno de los vecinos, de las personas que están en situación de calle, entra tímidamente al hall. Tiene en su mano un celular muy similar a un Nokia 1100, mismo formato y quizá tan antiguo como aquella máquina casi indestructible.
Filma. Sigue avanzando un poco más y la gente de seguridad, un poco cómplice, lo deja. No avanza mucho, hasta ahí no más. Filma un poco del tema que está sonando. Baila, se emociona. Quizá la música lo llevó a otro tiempo y le regaló hoy este tiempo.
Se retira feliz. Fue uno más, esta noche de despedida de Buitres de éste local. Gabriel agradece a la gente de La Trastienda. Luces, sonido, servicios, barras, “los lugares se cierran, pero lo que hace a los lugares es la gente”.
Carretera perdida, el coro que canta y acompaña toda la canción. La plegaria de un cuchillo y se arma un pogo que no puede describirse.
Había gente que se iba, pero vuelve. Pensaron que había terminado el bis y hay un segundo bis.
Vuelven los integrantes de la banda. Cierran el show como Los Estómagos. Avril.
Todos cantan “¿Todas las promesas donde fueron a parar?
Uno de los mejores temas del rock postdictadura, que quedará sonando también
en las grietas de este edificio y en el público.
Todos levantan las manos. “Nos queremos sacar una foto con ustedes”, dice Parodi. Leo se acomoda, acomoda a la banda, acomoda al público. Saca la foto final.
Una foto que quedará para la historia de la música uruguaya, para la historia de la banda y para que en algún momento, cuando se escriba el libro de la historia de La Trastienda, seguramente forme parte de las imágenes que acompañen esa obra fundamental. Ya la estamos esperando.
Tocaron Los Estómagos, Buitres Después de la Una y Buitres en La Trastienda y no, no fue una noche más.
A La Trastienda salú. Gracias por tanto.
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