
Bitácora, sábado – Día 2 – Cosquín Rock Uruguay 2025
La última danza entre himnos, abrazos y memorias.
El predio inquieto desde temprano, como si los cuerpos supieran que esta era la última oportunidad para entregarse del todo. Con entradas agotadas, caminando entre escenarios, galpones, carpas y puestos, lo que se respira no es solo rock. Al menos no ese rock con el que muchos crecimos, de guitarras al frente y rebeldía tatuada. Lo que hay acá se parece más a una especie de odisea musical, una excusa para encontrarse con otros, con uno mismo, con la música que suena donde no la esperás.
El sol fue más amable que el viernes. La brisa movía las banderas y también las coordenadas del festival. Sin mucha ceremonia, los ritmos tropicales se colaron como quien ya se siente parte de la casa. No necesitaron dominar la programación, bastaron algunos momentos para marcar el pulso
La jornada se fue desgranando en distintas capas de rock, un abanico de colores y texturas que se paseaba por el festival como quien busca su lugar en la noche. El Plan de la Mariposa abrió ventanas a mundos íntimos y expansivos, con una sentida dedicatoria de la canción “Es por Ahí” a José “Pepe” Mujica, lo que el publico respondió con aplausos y gritos al cielo. Mientras Mota desempolvaba clásicos de Once Tiros, ecos que golpean suave y fuerte a la vez, recuerdos que no se resignan a quedar en el pasado, increíble el pogo y la energía que genera esta banda, el sello no se pierde!. Las Pastillas del Abuelo trajeron ese toque de barrio porteño, mezcla de urgencia y melancolía, llenando el aire con canciones hechas para ser cantadas en ronda. Prolijo animador, consecuente con el público y con palabras de agradecimiento y elegidos para la organización y la gente.
En el escenario Volkswagen, Eté & Los Problems montó un ritual con la entrega de quien sabe que no hay próxima. Todo parecía dicho para dejar marca. Y entonces, la voz de Martín Quiroga, gastada como vereda vieja, encendida como fogón en la madrugada. Prolija presentación, con sorpresas y muy buena onda arriba y abajo del escenario.
No Te Va Gustar sin compasión y con una energía imparable, armó una grilla de hits que atraviesan generaciones. No dejó espacio para el cansancio, solo bailar, cantar y sentir que, por un rato, el tiempo se detiene. Metieron clásicos sin guardarse nada, de punta a punta, como quien sabe que tiene media hora para darlo todo y lo hace sin calcular, dejaron contento al 100% del público y se despidió dejándole la alfombra lista a la banda amiga, que terminó de prender fuego todo el ruedo del Cosquín. La Vela Puerca lo hizo de nuevo, un ritual compartido, una comunión de miles que se movían como uno solo, entregándose a esa mezcla de furia y ternura que la banda sabe regalar como nadie.
Se los puede describir como una banda de entrega absoluta y sin reservas. Acompañados de banderas, y cantos casi militantes que provenían desde el público, aminando el ya clásico himno inventado para ellos, con la potencia de lo que ya es parte de la memoria afectiva -colectiva.“Vamo, vamo la vela de mi corazón”. También hubo espacio para bajar la pelota al piso y abrirle paso a la emoción. El Enano levantó la vista, hizo un gesto al cielo y con la complicidad de todo el predio, dedicó la última canción a la memoria del Pepe. Seguidamente “José Sabía” como un guiño cargado de ternura, de respeto, de historia. El público acompañó con una fuerza que no fue grito, mas bien latido; se coreó con el alma, se sintió en el pecho. Por un momento, el festival se transformó en algo más grande, íntimo, verdadero. Fue realmente conmovedor, de esos instantes que te dejan con un nudo en la garganta y un temblor en los ojos. Una especie de efecto basurita en los ojos…. ganas de abrazar y de quedarse en silencio.
Minutos después, empezó un movimiento suave, casi secreto. Una corriente de pasos que, en lugar de escaparse, se fue acercando a otro centro. Parejas que se daban vueltas, manos que se encontraban, algunos que se animaban a bailar ahí mismo, entre vasos vacíos y pasto gastado. Era la hora de, El Club de la Cumbia que tiró la primera nota como quien lanza una flor. Y la noche empezó a cerrarse así, sin pogo, pero con cintura, con meneo, sonrisas y con esos bailes que nadie ensaya pero todos conocen. En esta especie de cierre de varieté El Mono de Kapanga dijo presente, también Miss Bolivia.
Volvieron los integrantes de La Vela. Nadie tenía apuro. Nadie miraba el reloj. El Cosquín Rock se despedía en clave de abrazo largo, de esos que te quedás un rato sin soltar, por si no hay próxima.
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