
La presencia de referentes del blues mundial se está haciendo costumbre en Montevideo gracias a las buenas gestiones del Club del Blues. Este fue el octavo show internacional que organizaron. Estos recitales implican varios objetivos, el primordial es ver en escena a referentes de primer nivel, pero también la oportunidad de compartir escenario con ellos, intercambiar experiencias y adquirir aprendizajes en pos del desarrollo del blues en Uruguay.
La Máquina a Vapor fue la banda anfitriona y encargada de abrir el recital. Pero para acompañar a Big se armó un combinado de músicos de Argentina, Brasil y Uruguay a la que denominaron Blues Special Band.
Durante el recital, en un caballete de pintor, una pareja se alternaba para ir pintando con colores flúor bajo una luz de neón una obra pictórica. La cuarta pared se rompe y somos testigos del proceso de creación en vivo y en directo. La escenografía también está compuesta por pinturas, probablemente de los mismos artistas, que cuelgan en distintos planos generando un interesante efecto tridimensional.
La Máquina a Vapor cumplía sus siete años de existencia y qué mejor manera de festejarlo. Quizás el punto flaco se ubique en la ausencia de información. Los artistas se fueron alternando y desde la platea desconocíamos sus nombres y las obras que interpretaban, simplemente iba sucediendo, entiendo que la comunidad del Club del blues y sus allegados conocen perfectamente a sus intérpretes y las obras, pero también hay un público que se acerca por primera vez y queda un poco huérfano de información.
El show arrancó con un bluesman local, cantando acompañado de su guitarra. Luego fue el turno de una chica pelirroja que nos deleitó con su armónica, mientras una bailarina sumaba su performance y alguien del público bailaba en el pasillo de la sala con un vaso de cerveza en la mano. La situación me resultó extraña, pero después descubrí que había venta de cerveza en el hall de entrada.
Las personas que suben al escenario se van alternando, se acompañan, se suplantan, cambian instrumentos y quien en un tema fue guitarrista en el siguiente puede tomar el bajo, o el veterano cantante de blues, con más de treinta años de trayectoria, ocupa su lugar en la batería en el siguiente. La primera parte se cierra con la bailarina, esta vez bailando en malla de natación.
¿Quién es Big Walker?
Los especialistas lo definen como uno de los maestros de la armónica y el saxo de la Costa Oeste. Fue integrante de la banda de Luther Tucker, y ha acompañado a artistas como Lowell Fulson, Big Mama Thornton, Sugar Pie Desanto, Sonny Rhodes, Percy Mayfield y Mike Bloomfield, entre otros.
Con su imponente figura, de impecable traje azul y sombrero, arremetió con su armónica, después le indicó al público, que ya estaba en su bolsillo, que marcara el ritmo con palmas y dos golpes al piso con la planta del pie, con ese acompañamiento la hondura de su voz se apoderó de la sala y nos llevó a un viaje a la raíz del blues, a la forma en que se lo podía cantar en los campos de algodón.
Su primera armónica la compró a un dólar con veinticinco centavos, hoy compró una igual a sesenta dólares, exactamente igual ¿qué pasó?, se pregunta mientras el público ríe.
La armónica es un instrumento sencillo de tocar, nos dice, y agrega que su tío le explicó que básicamente tocarla consistía en soplar y aspirar y lo demuestra emulando el sonido de un tren con ella.
Dotado de un micrófono inalámbrico, Big se movió libremente por el escenario y la platea, caminando entre el público, cantando, tocando la armónica o el saxo.
Respecto al saxo afirma que lo toca al estilo Mississippi, un estilo que se define, según él, por la necesidad de ir aumentando el tamaño del instrumento. Le pregunta a la banda si están listos y comenta que lo que le gusta de ellos, es que siempre están listos.
Vuelve la armónica, pero esta vez para tocar a dúo con Camila, la chica de pelo rojo que es parte del colectivo que abrió la actuación.
Big Walker sigue hablando con el público entre canción y canción, le resulta extraño haber recalado en un país que se llama Uruguay, que es tan chiquito y desconocido para ellos, los norteamericanos, que son muy poco atentos a la geografía, su mundo sucede allí, en los imperiales Estados Unidos de América, no hay mucha necesidad de conectarse con el mundo si uno ya tiene el propio y cuando lo hacen se sorprenden, en el caso de Big lo mejor ha sido la gente que ha conocido aquí, toda gente buena.
Los músicos de la banda le avisan que se está terminando el tiempo de la actuación, y él comenta que siempre pasa lo mismo, cuando se está en lo mejor del concierto hay que anunciar que es la última canción. La banda se amplía en el escenario, la fiesta llega al final, se presenta el cuadro terminado y le piden a Big que lo bendiga con su firma.
La fiesta se traslada al hall donde se venden CD de su presentación en Brasil y que él firma gustoso.
Solo resta invitarlos a que estén atentos a las actividades que organiza el Club del Blues, las visitas internacionales logran su sustentabilidad si el público acompaña como hoy. Si usted es un feligrés de la santa homilía blusera estos espectáculos están hechos a su medida, y si es alguien que gusta de la buena música, el disfrute también está garantizado. Felicitaciones al club y por muchas visitas más.





































