
Baden-Baden es una ciudad principesca, monacal, que durante el siglo XIX sirvió como sitio de relax para las familias de la realeza donde acudían a tomar baños en los Spa de sus lujosos hoteles.
Hoy día su destino se ha tergiversado, pero la ciudad que se abrió espacio a los codazos entre la Selva Negra, mantiene su aire señorial rodeada de suntuosas construcciones y donde el mayor aporte está en el aire fresco que proviene de sus alrededores.
La ciudad parece estar abrazada por la Selva Negra, que o bien la protege o bien la pretende devorar.
El agua es un elemento constante en todos los rincones ya sea proveniente de los desagües naturales que bajan de las montañas o los que emanan de sus fuentes.
Es tal el sosiego y la tranquilidad de esta ciudad, que siempre se puede oír el murmullo de sus aguas así como el canto de los pájaros.
Los jardines que la rodean como el Kurgarten que acoge el Trinkhalle en el complejo de spa Kurhaus construido a
mediados del S XIX, o como el Lichtentale Allee donde se encuentra el Museo Burda, dan cuenta de las características de esta urbe.
A partir del evento SWR3 New Pop que acabó hace unos días, el Centro Histórico está alfombrado de una punta a otra de color rojo, lo que me provoca la ilusión de que fue puesto para darme la bienvenida.
Hace muchos años que no venía por acá, desde el siglo pasado, y el reencuentro fue absolutamente agradable.















































