
La Renga presentó su último disco Alejados de la red en el Campus de Maldonado.
Mucha gente haciendo previa afuera del estadio. Muchos puestos de venta de remeras, gorros y morrales. Mucha cerveza. Mucha distorsión. Y por supuesto, mucho rock. Si se puede definir lo que fue el recital de La Renga en una palabra, creo que se puede adivinar la elección: mucho.
Escuchar a La Renga en vivo es como poner un disco, sólo que mejor. Era fácil que la característica voz de Chizzo (Gustavo Nápoli), cantante y guitarrista, rompiera con la fría noche del sábado, y calentara todos los motores para disfrutar de una noche a pleno rock and roll. Voz que, de más está decir, está intacta después de tantos años en el ruedo. Aunque en realidad, toda la banda está intacta. La monstruosa batería del Tanque (Jorge Iglesias) no pasó desapercibida, ni tampoco el bajo de su hermano Tete (Gabriel Iglesias), quien como siempre, corrió de un lado a otro por el escenario acercándose a la gente.
El grupo de aire con Manuel Varela y Marcelo Garófalo en saxofón, Cristian “Látigo” Díaz en trompeta y Leandro Loos en trombón, se hizo presente en cada una de las canciones acoplándose de manera excelente a los demás instrumentos, marcando el sonido tan característico de La Renga.
Banderas de todo tipo ondeaban entre la marea de gente: de Peñarol y Nacional, y banderas que identificaban de donde venían los grupos de gente tanto de Uruguay como de Argentina. También, otra de las cosas que no faltaron entre la gente fueron las bengalas, a las que Chizzo, cuando las vio, interrumpió la canción para decirles que las apaguen. “Saben cuantos chicos se murieron por eso”, dijo el cantante. Esto sucedió de nuevo, y otra vez estuvo el llamado de detención. No volvió a suceder.
La previa al show se vivió como una fiesta. Una gran cantidad de ómnibus con excursiones llenaban las calles de Maldonado, y de ellos se bajaban personas que les tocaría esperar un largo rato antes de que empezara el show. A las 17.00 abrieron las puertas, y antes de que tocara La Renga, estuvieron las bandas Sucia Esquina y Viejo Perro de teloneros. Sin embargo, ocurrió lo siguiente: mucha de la gente convocada por La Renga disfrutaba de la música de la banda -colándose de por medio algunos temas de Los Redondos- que salía de un parlante. La gente ya había comenzado a hacer pogo horas antes de que comenzara el show, por eso ya se veía venir que cuando dieran las 21, y le tocara entrar a la banda de Mataderos, las personas explotarían de euforia y emoción.
La entrada de la banda al escenario estuvo demorada debido a la cantidad de agua que había en el escenario, por la interminente lluvia que había. Esta amenazaba con detener un show tan esperado por los seguidores de La Renga, pero no lo logró. Si bien siguió lloviendo un poco, y Chizzo tuvo que detener un tema porque había entrado agua en el sintetizador que estaba utilizando para su guitarra, el tiempo no logró detener el banquete.
La voz del león rugió Panic Show, y el público respondió con el salvaje pogo, aunque no faltaron los corralitos para atadas de cordones, y las levantadas cuando alguien se caía. Este pogo acompañó tanto las canciones del disco nuevo, Alejados de la red, y también los clásicos que suenan hace mucho tiempo entre los seguidores de La Renga. El movimiento no se diferenció en ninguno de los temas. Tanto en El Revelde como en Balada del diablo y la muerte, que es un poco más lenta, el público acompañó a la banda el público estuvo presente en cuerpo y alma.
En un escenario increíble con pantallas también increíbles, la banda hizo saltar y cantar a 15.000 personas. En las pantallas habían animaciones hechas para algunas canciones, como también planos de cada uno de los integrantes de la banda destácandose con sus instrumentos. Por lo que no faltó que Chizzo se hiciera muy presenta con sus alucinantes solos de guitarra. Solos de guitarra que hacen pensar que el rock and roll no murió. Según un ranking de Rolling Stone de 2012, Chizzo está entre los 10 mejores guitarristas argentinos, y cómo no.
Aunque no sólo el protagonismo de la guitarra hace pensar que el rock no murió, sino que todo el sonido de la banda genera este sentimiento. Escuchar en vivo a estos monstruos del rock, que tanto tiempo llevan en los escenarios, y que estuvieron 2 horas y media a pura y dura distorsión, pero al mismo tiempo preocupándose por la gente que está abajo, genera pensar “¿cómo va a morir el rock?”.
“Que lindo que está Uruguay”, dijo Chizzo. “Si supieran las anécdotas que tengo para contar”, a lo que toda la gente se río de manera cómplice, pero el cantante agregó “anécdotas de cuando era chico”. Prometieron no dejar que pase mucho tiempo para que vuelvan, y el cantante invitó a la gente a que cruzaran el charco para verlos en Argentina, porque para él, los uruguayos son siempre bienvenidos.
Hay una conexión inexplicable entre el público y la banda, que hace que cada vez que estos tocan en un lugar, logran convocar a muchísima gente que los sigue a cualquier parte sin dudarlo. En esta ocasión fue Maldonado, la última vez que vinieron fue en Paysandú en 2016. Sin importar dónde, la gente va a hacer lo imposible por ver a La Renga. Quizá se explique por eso que Chizzo dijo al terminar el show de que “La Renga es una familia que no tiene fronteras”
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