El primer LP de Leo Maslíah se editó en 1980 y fue un “hito”. Lo pongo entre comillas, pues poca gente, salvo el entorno musical de la época, melómanos o periodistas inquietos, se percataron de que se había editado un material tan distinto a todo y que desde el título resultaba desafiante. Un grupo de canciones sorprendentes y que rompían con una cantidad de conceptos. Era un disco “proletario”, contestatario y subversivo, por más que no fuese entendido. Algunas de estas canciones eran (son) más de “protesta” que muchas que pasaban por serlo. Como nunca, en el historial breve del cancionero uruguayo, un autor se había centrado tan descarnadamente en el obrero de la ciudad, despoetizando la costumbre de hacer canciones más “amables” o que no contaban “la posta” tan duramente. Mucha gente se reía: es cierto que daba para risa, pero para el autor no era en tono de sorna, sí de ironía, hasta kafkiana.
“El Médico Certificador” es una de ellas (basada en el segundo tema del allegro de “La Primavera” de Vivaldi), donde Leo denuncia los abusos de médicos obsecuentes con los patrones y poco solidarios con los trabajadores. Médicos, además, con fallas en su accionar profesional. Hay una descarga de bombas sobre estos personajes y la canción termina de forma estruendosa, casi hollywoodense, para tomarse en sorna lo del “título de doctor”, tan prestigiado por décadas en nuestra sociedad; aquella que se jactaba de “mi hijo, el dotor”.















































