
Agosto 2022
En la actualidad nos encontramos como sociedad, inmersos en un debate acerca de la inclusión de un programa de estudios que abarque la Educación Sexual Integral (ESI) en los centros educativos de nuestro país, a efectos de brindar herramientas de concientización y apoyo a los y las estudiantes, sobre corporalidad, sexualidad, enfermedades de transmisión sexual (ETS)na María Ba, entre otros.
Resulta interesante destacar los planteos de Ach en relación al lugar que la escuela como institución ocupa en nuestros días, reparando en las concepciones existentes sobre identidades binarias y orientaciones sexuales. Ana María Bach (2015) afirma:
Se sabe que la escuela, en cuanto institución social, puede actuar manteniendo el status quo o promoviendo cambios. En estos momentos es necesario que actúe como uno de los agentes transformadores de los estereotipos relacionados con los papeles aceptados sobre lo que se considera femenino y masculino. Pero para lograr este propósito es necesaria una docencia con perspectiva de género, que se remonte a los orígenes y revea las concepciones acerca del significado de género. (p.16)
Lo cierto es que, como afirma Graciela Morgade en el título de su obra Toda educación es sexual (2011); por lo que resulta absurdo pensar que ciertamente los programas educativos actuales no están brindando una perspectiva sobre dichas temáticas al impartir discursos tales como la reducción de las prácticas sexuales a la mera reproducción de la especie humana, o la normalización de las identidades binarias por ejemplo. Este tipo de educación no hace más que reproducir los discursos que conforman nuestros marcos culturales hegemónicos.
Si bien es cierto que en las últimas décadas se han abordado en los espacios educativos algunos puntos claves por ejemplo, sobre el uso de anticonceptivo para prevenir ETS o embarazos no deseados, se mencionan cuestiones relacionadas a la corporalidad que apuntan sobre todo a su perspectiva biologicista y dejan establecidas, explícita o implícitamente, ideas referidas a la sexualidad poco afortunadas. En este sentido, Gayle Rubin (1989) expresa:
Foucault critica la visión tradicional de la sexualidad como impulso natural de la líbido por liberarse de las limitaciones sociales. Foucault argumenta que los deseos no son entidades biológicas preexistentes sino que, más bien, se construyen en el curso de prácticas sociales históricamente determinadas. Foucault hace hincapié en los aspectos de la organización social generadores de sexo, más que en sus elementos represivos, al señalar que se están produciendo constantemente sexualidades nuevas, y señala la existencia de una falta de continuidad importante entre los sistemas de sexualidad, basados en el parentesco y las formas más modernas. (p.14)
En lo que respecta a la producción constante de sexualidades nuevas, basta con observar la realidad actual de nuestra sociedad para dar cuenta de ello. Los vínculos humanos van más allá de las prácticas heterosexuales y de identidades binarias, de las cuales los discursos más conservadores no se hartan de reproducir. En este sentido, la ESI aparece como una herramienta de esperanza en la deconstrucción de dichos discursos, permitiendo así abarcar las demandas sociales que emergen.
El error más común entre los sectores conservadores de la sociedad, se encuentra en la creencia de que la ESI se plantea desde la práctica sexual per se en tanto erotización. Allí se genera el conflicto sobre la conducta erótica y la propia valoración sexual según creencias religiosas y morales. Ciertamente, en Octubre del 2020, las especialistas en género y educadoras María José Herández y Mariana Sanabia, han analizado el impacto que podría alcanzar la aprobación de una ley que permite a padres y tutores, elegir la educación sexual de menores a cargo, en las instituciones educativas, ya que significa un retroceso. Se desprende de la noticia publicada por La Diaria , que la ESI debe ser transmitida desde una perspectiva de género, derechos humanos, equidad y diversidad. Para ello resulta clave hacer partícipe al cuerpo humano, puesto que en definitiva se busca promover la autonomía, el conocimiento y la valoración del mismo en términos de libertades y derechos. En este sentido, Sanabia (Octubre 2020) nos dice:
Las técnicas corporales forman parte del trabajo, pero no en clave erótica; tiene que ver con cómo nos vinculamos y qué representa el cuerpo para mí. Les niñes, teniendo esos espacios para irse construyendo corporalmente con otras personas, se están beneficiando, porque son individuos que se van a volver adolescentes y adultos que van a tener mucha más noción de sí mismos, de lo que les pasa, cuándo les pasa y con quién les pasa. Por lo tanto, van a poder poner mucho mejor los límites, van a tener muchas más herramientas para discernir o poder identificar una situación abusiva.
Es por ello que la educación sexual y su enseñabilidad, se establece en un marco de derechos humanos que escapan de las cuestiones de laicidad o moralidad por ejemplo, apuntando además a la no discriminación de las personas en relación a sus orientaciones sexuales o de identidades de género.
El sistema educativo reproduce formas de violencia explícita y simbólica hacia quienes se apartan del discurso social normativo que establece el binarismo hombre-mujer, la heteronormatividad -Matriz sexual según Judith Butler – y el deseo sexual en estos términos. Parte de los beneficios que establece la Educación Sexual Integral en el sistema educativo, es la prevención de la reproducción de dichas prácticas comenzando por no limitar a la esfera privada y doméstica, cuestiones que en sí mismas forman parte de un sistema más amplio, por tanto político, permitiendo a su vez identificar posibles ejercicios de violencia intrafamiliar.
Educar en valores suele presentarse como una necesidad para las familias cuando optan entre diversas propuestas para enviar a sus menores a la escuela. No obstante, dichos valores compartidos por el imaginario social, rozan con la idea de lo que moralmente es aceptado o rechazado por las generaciones adultas, familias y funcionarios del sistema educativo. Morgade. G (2011) expresa:
En las entrevistas a equipos directivos se encuentra un pensamiento sobre la sexualidad cargado de juicios y prejuicios. En general, se desaprueba la edad, la duración, el motivo, la expresión… Los fantasmas son que el ejercicio activo de la genitalidad comience a edades tempranas y en relaciones poco duraderas, la cantidad de parejas sexuales de chicos y chicas, que esas relaciones no están regidas por el amor, no hay sentimiento… y cuando se enamoran, ¡se quejan de que son demasiado efusivos(as)! (…). (p.82)
¿Qué sucede entonces, con la necesidad de establecer una ley como tal cuando ciertamente una gran cantidad de adultos funcionarios del sistema educativo poseen una visión de tal magnitud con respecto a las formas que tienen los adolescentes y jóvenes de vincularse? No forma parte de una cuestión que ocurre únicamente en las familias de esta población, sino que responde a una cuestión generacional, por tanto la Educación Sexual Integral es vista como la piedra angular del cambio, un cambio en la matriz cultural de las sociedades que permita visualizar la amplitud de realidades y formas de relacionarse de los propios individuos.
Por tanto…
Ante la existencia de un sistema democrático, entiendo de crucial importancia el debate social en torno a la inclusión o no de una ley como Educación Sexual Integral en las escuelas y liceos de nuestro país. No obstante, también es de especial importancia que se informe a la población en mayor medida con respecto a ello. Quienes estén en desacuerdo con esta situación, podrán de esta manera concientizarse unos a otros sobre la importancia de no desmerecer la educación en estas áreas del conocimiento, pero a su vez, apuntando a aquellos quienes están de acuerdo con su aplicación para generar un mayor compromiso con dichas causas y proveer de mayor cantidad de argumentos sólidos en pos de un debate responsable y coherente.
En este sentido, no podemos pretender como sociedad que exista un interés por parte de las familias en estos términos, cuando en definitiva a nivel de interna en el sistema educativo aún existen brechas de pensamiento tan profundas. Es por ello que entiendo oportuna la cita al inicio del presente artículo, sobre la necesidad de un cuerpo docente que eduque desde la perspectiva de género como plantea Ana María Bach. En estos contextos, la escuela como institución social debe ser promotora del cambio, atendiendo a las necesidades y demandas del contexto, y no promover una visión tradicional que reproduce un discurso conservador.
El licenciado en ciencias políticas y sociales Emilio Tenti, plantea a la escuela como institución de contención de las personas desde el punto de vista humano y afectivo. Según el autor, no es posible planificar el proceso vital de las personas, por lo que resulta absurdo a su vez pensar que dicho proceso será acompañado de toma de decisiones que respondan a una única forma de proyectarse como ser humano, y de vincularse en el transcurso.
Se entiende la necesidad de una educación en estos términos, que acompañe y contenga a las personas en su proceso vital para hacer de éste, un proceso autónomo, consciente y comprometido en su contexto.













































