
Entre el punk, el hardcore, la melodía, el ruido y una sensibilidad pop que aparece sin pedir permiso, Obelisco construyó una identidad que no parece necesitar demasiadas definiciones. Fragmentos Para Dominar El Silencio reúne canciones nacidas de distintos momentos, estados y búsquedas. El resultado es un disco que funciona como un rompecabezas y una banda que entiende la música como movimiento.
Su música puede partir del punk y atravesar el hardcore, el emo, el shoegaze, el rock pesado, la melodía y cierta sensibilidad pop sin detenerse demasiado a pedir permiso. No porque exista una voluntad programática de mezclar estilos, sino porque, en el universo de la banda, la libertad parece funcionar como una herramienta de composición. Una canción puede ser pesada. Otra puede ser melódica. Una puede gritar. Otra puede bajar la intensidad hasta rozar la intimidad. Lo importante es que ninguna tenga que responder a una frontera previamente dibujada.
La formación actual está integrada por Federico “Kolo” Rossotti en voz y guitarra, Camila Sena en voz y bajo, Emanuel Piotto en guitarra y teclados y Pablo Vellozo en batería. El nuevo álbum, Fragmentos Para Dominar El Silencio, continúa una historia que comenzó con Energía (2019), siguió con Epifanía (2020) y encontró nuevos caminos en Sueños y jardines. El trabajo más reciente fue editado también en cassette en coproducción con Chape Records y reúne ocho canciones.
Pero quizás para entender a Obelisco haya que dejar de pensar primero en géneros y empezar a pensar en movimiento.
Una banda sin jaulas
Durante la conversación, ellos hablan de una palabra que podría funcionar como manifiesto: libertad.
La banda tiene sus raíces en el punk, pero no quiere convertir esas raíces en una frontera. La idea es poder hacer mañana algo completamente diferente si eso es lo que pide la música. Incluso una cumbia, bromean, aunque todavía no hayan llegado hasta ahí.
La frase parece sencilla, pero detrás existe una postura artística bastante profunda: no permitir que una identidad construida termine convirtiéndose en una cárcel.
“El plan es poder ser libres”, dicen.
Quizás ahí esté una de las claves de Obelisco. No se trata de abandonar lo que fueron, sino de evitar que el pasado decida por ellos lo que tienen que ser después.
La banda nació en 2019 por iniciativa de Federico “Kolo” Rossotti y fue atravesando distintas formaciones y mutaciones sonoras. Esa historia también explica su presente: Obelisco no parece entender el cambio como una amenaza, sino como parte natural de su existencia.
Y en esa transformación también aparecen las distintas biografías musicales de sus integrantes. La llegada de Piotto, por ejemplo, suma otra manera de comprender la música y de pensar las estructuras, mientras que la experiencia de cada integrante aporta capas diferentes a un proyecto que se construye desde el intercambio.
No hay una sola mirada y eso, justamente, parece ser parte del sonido.
Cuando las tribus dejan de importar
Uno de los momentos más interesantes de la conversación aparece cuando hablamos de escenas musicales, pertenencias y tribus.
Durante mucho tiempo, la música funcionó también como una forma de decir quiénes somos. Punk, metal, emo, hardcore, indie. Cada género podía convertirse en una pequeña casa, con sus códigos, sus vestimentas, sus lugares y también sus límites.
Obelisco observa que algo está cambiando.
Las escenas empiezan a mezclarse. Una banda de rock puede compartir escenario con artistas de trap. Alguien que llega desde el skate puede terminar descubriendo una banda de punk. Un público que nunca había visto un grupo de esas características puede encontrarse con la experiencia del vivo y quedarse.
A Obelisco le ocurrió después de la pandemia, cuando comenzó a compartir fechas con bandas vinculadas al trap. De aquellas presentaciones surgieron nuevos públicos, personas que quizás nunca habían tenido contacto con una banda de punk o rock en vivo. También llegaron espectadores desde el skate y desde otras escenas.
La música, entonces, empezó a funcionar como puente.
“Construir agarrando gente de todos lados”, aparece en la conversación.
Es una imagen especialmente poderosa para una escena como la montevideana, donde las distancias son pequeñas y las comunidades musicales terminan inevitablemente tocándose.
También porque la autenticidad parece haberse convertido en un territorio común. No necesariamente importa que una persona escuche exactamente lo mismo que otra. Puede importar más reconocer que aquello que está sucediendo delante suyo es verdadero.
Obelisco no plantea una oposición sencilla entre lo independiente y lo popular. Tampoco reniega de aquello que está de moda.
La conversación deriva entonces hacia ese mecanismo conocido: algo funciona, se populariza, aparecen imitaciones y finalmente el estilo se satura. Las escenas se vuelven a cerrar, aparecen nuevas fronteras y el ciclo comienza otra vez.
Frente a eso, Obelisco parece elegir otra estrategia: moverse. Adaptarse. No aferrarse demasiado.
Quizás por eso su identidad no esté en un sonido determinado sino en la posibilidad de cambiar de sonido sin perder aquello que los mantiene unidos.
El disco como rompecabezas
Fragmentos Para Dominar El Silencio tiene un nombre que explica bastante más de lo que parece.
Las canciones no fueron concebidas originalmente como las piezas de un concepto cerrado. Fueron apareciendo desde distintos momentos, situaciones y sentimientos. Después, esas partes encontraron una manera de convivir.
La imagen del rompecabezas aparece casi inevitablemente.
De hecho, el disco originalmente iba a llamarse Rompecabezas y aunque el nombre finalmente cambió, la idea permaneció.
Obelisco parece transitar por varios caminos musicales. ¿Cómo entienden ustedes esa libertad sonora?
Obelisco: “Es una banda que claramente viaja por varios estilos y las composiciones nunca están muy cerradas en algo. Algo que entre nosotros decimos que es bastante abierto, o libre.
Nosotros tenemos como punto de partida quizás las raíces del punk. Nuestra banda sale del punk, pero también tenemos el deseo constante de explorar distintas cosas y hacer lo que nos va dando ganas. Hoy podemos querer hacer algo más pesado y otro día algo más melódico. Los gustos van cambiando y nos damos la libertad de ir cambiando junto con nuestros gustos y con cómo nos sintamos en el momento.
De hecho, la concepción misma de esta banda fue para dar lugar a que eso pase. Veníamos de tocar en bandas de estilos más cerrados y siempre pensamos que el próximo proyecto que tuviéramos nos iba a liberar de esas cadenas de estilo. Ahora estamos en esto de darnos la libertad de hacer mañana algo que no tenga nada que ver. Si queremos hacer una cumbia, capaz que podemos hacerla. Todavía no llegamos a eso. El plan es poder ser libres”.
También está la posibilidad de que cada integrante aporte sus propias experiencias, gustos y recorridos.
Obelisco: “Sí, sin duda. Eso es uno de los puntos más importantes y por lo que nos gusta hacer música: también ir conociendo otras propuestas, otras personas, y de ahí ir tejiendo redes. No necesariamente con gente a la que le guste exactamente lo mismo que a vos.
Creemos que hoy en día está pasando más esto de que se abren las propuestas. En un mismo toque no tienen por qué ser exactamente el mismo estilo de música. Entonces también empieza a ampliarse más el público, y los propios músicos y músicas que están tocando ahí”.
¿Cómo vivieron ustedes ese cruce con otros públicos?
Obelisco: “Una de las cosas que pasaron en la historia de esta banda fue que cuando salimos de la pandemia empezamos a hacer toques con pibes que hacen trap y tienen un público de jóvenes traperos que por ahí nunca habían conocido una banda así o nunca habían visto una banda de punk o rock en vivo.
Tuvimos un montón de público que venía de ahí, de otros estilos, al que le gustó lo que vio en vivo y nos empezó a seguir. Y también gente que nos vio en skateparks, gente que anda en skate y que por ahí no escucha específicamente una música de género, pero le gusta la experiencia de ver una banda así, enérgica, en vivo.
Así se va construyendo, agarrando gente de todos lados”.
¿Creen que las nuevas generaciones están viviendo la música con menos necesidad de pertenecer a una tribu específica?
Obelisco: “Sí. Hay una generación, en este punto de las cosas, donde todavía está todo mezclado y son nuevas cabezas más abiertas. Sentimos que estamos en un punto donde todavía esta movida no se masificó.
Cuando empieza a masificarse, por un tema de supervivencia, las tribus se empiezan a separar un poco y a generar de nuevo. Está también el gatekeeping de los estilos más cerrados.
Ahora estamos en una etapa donde eso se perdió y creo que en breve va a volver, porque cuando empieza a entrar mucha gente de afuera de la escena, gente que por ahí no tiene idea de la música que escuchan, cuando se masifica mucho y se vuelve algo a lo que todo el mundo accede, hay otros que quieren seguir perteneciendo a nichos más específicos y defender sus gustos. Eso hace que se vuelvan a cerrar.
Pero ahora estamos en un proceso donde recién se está empezando a expandir. Se empieza a ver gente que no escucha punk y está ahí. Se volvió algo más normal. Es una cosa cíclica”.
Y en ese contexto aparece la autenticidad como un punto de encuentro.
Obelisco: “Se nota cuando la gente es auténtica en lo que hace. Cuando lo auténtico se populariza, empieza a aparecer mucho más de lo otro, de lo que no es auténtico, y ahí es cuando se vuelve a dividir la cosa en nichos.
Acá en Montevideo, como es tan chico y todavía hay poca gente, no es algo tan masivo. En Buenos Aires, por ejemplo, te vas a dar cuenta de que hay 800 bandas iguales cuando se pone de moda un género. Aparecen 25 bandas que son todas iguales porque saben que eso está de moda, que funciona.
A nosotros nos gusta la música de moda, entre comillas. Nos gusta que el emo, por ejemplo, esté medio en boom nuevamente. Nos parece que está buenísimo. Las cosas también están buenas porque no están quemadas. Cuando algo se quema demasiado deja de existir.
Nuestra supervivencia creemos que va a estar en la adaptación, en poder cambiar y no aferrarnos a lo que esté de moda. Si no, duraríamos poco como una moda”.
¿Qué querían abarcar con Fragmentos Para Dominar El Silencio?
Obelisco: “Creemos que a lo que fuimos un poco con lo último es que estamos aprendiendo a querer hacer canciones cantables. Nos gusta que la gente las cante.
Fuimos bastante por estribillos fáciles, entre comillas, cosas un poco más pegadizas. Esa sensibilidad pop nos gusta y nos parece divertido hacerlo. También nos gusta ver que la gente responde y canta las canciones.
Trabajamos un poco para ese lado con los estribillos, las melodías y los ganchos que tiene el disco.
También especificamos un poquito más algunos géneros. Hay un tema más específicamente heavy metal, otro más variado. Pero es un poco el mismo viaje que veníamos haciendo: variar, meter ruido, melodía y dinámicas, ir de lo tranquilo a lo pesado y de lo más melancólico a lo más oscuro.
También somos masculino y femenino, voz masculina y voz femenina. Hay mucha dualidad sonora y de contenido. Todo está en ese universo de ida y vuelta”.
¿Eso fue pensado o apareció naturalmente durante el proceso creativo?
Obelisco: “Todo lo que hacemos sale naturalmente. Nunca pensamos “vamos a hacer algo más tranquilo acá y acá algo más pesado”. Es como sale.
Creemos que nuestras dos personalidades hacen que eso sea de esa manera y nos dejamos llevar por lo que somos, básicamente”.
¿Y de ahí aparece también el concepto de “fragmentos”?
Obelisco: “Sí. Justamente eso es lo de los fragmentos. Fragmentos que en un principio no fueron pensados exactamente para formar algo, no había un concepto premeditado. Eran fragmentos que fuimos sacando de diferentes momentos, situaciones, sentimientos, y que al final terminan siendo uno.
Nunca pensamos “el disco va a tener este momento”. Fue lo que nos fue saliendo”.
Incluso pensaron en llamarlo Rompecabezas.
Obelisco: “Sí, de hecho el disco se iba a llamar Rompecabezas. Era la idea y era todo este viaje, el concepto del disco. Después le cambiamos el nombre, pero básicamente conceptualmente es lo mismo.
Hasta que pensamos cómo iban a funcionar juntas todas esas cosas, porque nos dimos la libertad de hacer tanto lo que queríamos que hicimos canciones que quizás están demasiado distintas para estar dentro de un mismo disco y no sabíamos si eso iba a salir bien.
Pero creemos que funciona igual”.
¿Qué tienen preparado para el próximo show?

Obelisco: “Ahora no vamos a tocar hasta el 19 de setiembre, que va a ser como una suerte de presentación del disco, pero además como una reafirmación de la presentación de la banda nueva que somos con Pablo y Piotto.
Vamos a tocar canciones anteriores, canciones de antes de que yo entrara a la banda, del disco anterior, del disco nuevo y ya estamos armando temas nuevos.
Va a ser el show más largo del disco hasta ahora y eso va a ser el 19 de setiembre en Sala Rondeau“.
¿Qué significa para ustedes tener un show propio, con una duración mucho mayor a la habitual?
Obelisco: “No estamos para nada acostumbrados y es todo un desafío. Nosotros solemos hacer toques de media hora. Cuando compartimos con otras bandas tampoco nos gusta acaparar demasiado. Si hay cuatro bandas y cada una quiere tocar una hora, es demasiado. No te da para procesar, te aburrís, te saturás. Preferimos tocar sets cortos pero tenemos un montón de música, canciones de las épocas anteriores, de las que estamos haciendo ahora y de las nuevas, de las futuras.
Necesitábamos este toque para reafirmar también todo eso y mostrar todo lo que hacemos”.
¿Cómo se están preparando?
Obelisco: “Se van a divertir. Estamos preparando un show muy dinámico. Va a haber momentos intensos, momentos de agite, como en todos nuestros toques, pero la verdad es que estamos laburándolo de una forma mucho más pro.
Estamos tocando re bien, dedicándole mucho ensayo, y los dos miembros nuevos que tenemos son músicos re zarpados. Creemos que va a ser tremendo show.
También hicimos la decisión de que sea un show para todos los públicos”.
¿Por qué era importante que fuera apto para todo público?
Obelisco: “A veces nos olvidamos que tomamos esa decisión, pero está bueno.
Nos parece una buena oportunidad. En un espacio donde ya va a haber gente que conoce y forma parte de lo que somos nosotros, Obelisco. El público que va siempre, algunos irán y otros no.
Es vivir esa experiencia para gente que por ahí no se anima a ir a un toque de cuatro bandas de noche. Es una ocasión especial donde está todo dado para que cualquier persona pueda pasar bien y disfrutar del show”.
También está la posibilidad de que una primera experiencia musical pueda quedar para siempre en la memoria de alguien.
Obelisco: “A nosotros nos parece muy clave para construir cultura y pasar un poco la bandera de lo que uno curte y defiende a nuevas generaciones.
La nuestra es una escena bastante sana y está bueno dar lugar a que todo el mundo pueda acceder, sobre todo para que las nuevas generaciones puedan arrimarse y conocer lo que está pasando”.