Se acaba de estrenar «La Odisea», última película de Christopher Nolan y quería hablar sobre ella, pero la verdad es que no hay mucho más que agregar, ya todo el mundo ha dicho que está bien hecha, que a pesar de su duración (173 min,) el tiempo no pesa, que a nivel cinematográfico es excelente, que desde el punto de vista sonoro también es excepcional, etc, etc, etc, por lo que estoy segura que estás aburrida/o de leer lo mismo una y otra vez, así que pensé ¿qué podría aportar cuando ya todo está dicho? … tal vez un poco de historia y contexto.
La Odisea es un poema épico que narra el peligroso viaje de regreso a casa del héroe Odiseo (conocido en la tradición latina como Ulises), rey de la isla de Ítaca, tras combatir durante diez años en la Guerra de Troya. A Odiseo le toma otros diez años navegar por el mar Mediterráneo para reencontrarse con su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Es una historia que acuñó para siempre la palabra «odisea» como sinónimo de un viaje largo, complejo y lleno de peripecias impredecibles.

El origen: Siglos antes de la invención de los libros, la mitología griega se transmitía de boca en boca. Los aedos eran poetas músicos itinerantes que viajaban de pueblo en pueblo cantando las hazañas de los guerreros y los caprichos de los dioses, funcionando como el entretenimiento y la educación de la época.
La cuestión Homérica: La escritura de La Odisea se atribuye a Homero, pero en realidad no se sabe a ciencia cierta si exitió realmente. no lo sabemos con certeza absoluta. Para los antiguos griegos, Homero era una persona real, un poeta ciego que vivió en el siglo VIII a.C. Sin embargo, la ciencia histórica moderna descubrió que no hay un solo registro de su vida. Muchos investigadores sostienen que «Homero» es un nombre colectivo o un mito creado para darle un autor único a lo que en realidad fue una acumulación de canciones populares armadas por decenas de poetas distintos a lo largo de siglos.
Esta misteriosa autoría colectiva nos dejó, en realidad, dos obras cumbre que funcionan como una secuela directa de la otra. Porque para entender el laberinto de monstruos y maldiciones que Christopher Nolan despliega en la pantalla grande, primero hay que entender dónde empezó todo el descalabro: La Ilíada.
A diferencia de lo que muchos creen, La Ilíada no cuenta toda la Guerra de Troya; se enfoca únicamente en unas pocas semanas del último año del conflicto, retratando la brutalidad de la guerra, el orgullo militar y la famosa «furia» del guerrero Aquiles al pie de las murallas troyanas.
La guerra llevaba diez años estancada. Los griegos estaban agotados y las murallas de Troya parecían impenetrables. Es en este escenario de desesperación donde la figura de Odiseo cobra verdadera relevancia y cambia el destino de la historia.

La Guerra de Troya comienza, por un problema de celos entre diosas, una manzana de oro y un escape amoroso. Es el mito clásico más famoso sobre cómo la vanidad y los caprichos divinos pueden destruir imperios enteros.
La manzana de la discordia: Todo empezó en una fiesta: las bodas de los mortales Peleo y la diosa Tetis (quienes más tarde serían los padres del héroe Aquiles). Los dioses invitaron a todo el Olimpo, excepto a Eris, la diosa de la discordia. Resentida por el desaire, Eris se presentó invisible en el banquete y arrojó sobre la mesa una brillante manzana de oro con una inscripción que decía: «Para la más bella». Inmediatamente, las tres diosas más poderosas del Olimpo (Hera, Atenea y Afrodita) empezaron a disputarse el fruto, afirmando cada una que era la más hermosa. Como la pelea amenazaba con arruinar la fiesta, Zeus se lavó las manos y decidió que el juez del concurso fuera un mortal: Paris, un joven y apuesto príncipe de Troya. Las tres diosas bajaron a la Tierra para convencer al príncipe troyano. En lugar de dejar que juzgara su belleza natural, cada una intentó sobornarlo con un regalo espectacular: Hera (reina de los dioses) le ofreció poder político y el control sobre toda Asia. Atenea (diosa de la guerra y la sabiduría) le prometió convertirlo en el guerrero invencible más inteligente del mundo. Y Afrodita (diosa del amor) le prometió el amor de Helena, la mujer mortal más hermosa de la Tierra. Paris, guiado por la pasión, eligió el regalo de Afrodita y le entregó la manzana de oro. A partir de ese momento, Hera y Atenea juraron destruir a Paris y a toda su ciudad, Troya, por el desprecio recibido.
El gran problema del trato era que Helena ya estaba casada: era la reina de Esparta y esposa del rey Menelao.
Haciéndose pasar por embajador de paz, Paris viajó a Esparta. Con la ayuda de los poderes de la diosa Afrodita, enamoró locamente a Helena. Una noche, aprovechando que el rey Menelao no estaba en el palacio, ambos escaparon en un barco cargado de tesoros rumbo a Troya.
Cuando Menelao regresó y descubrió la traición, convocó a su hermano Agamenón (el rey más poderoso de Grecia) y a todos los reyes aliados (incluido el astuto Odiseo y el invencible Aquiles).
Los reyes griegos, indignados por la traición, unieron fuerzas, armaron una flota mítica de mil barcos y cruzaron el mar dispuestos a demoler la ciudad.
Aprovechando que estamos en plena época de mundial, la mejor manera de entender los diez años de guerra que siguieron es en términos futbolísticos. Imagínense este choque de imperios como la final del mundo definitiva:
El bando griego (Los visitantes / Atacantes)
Llegaron en mil barcos con sed de gloria y destrucción. Su «plantel» estrella estaba formado por:
- Agamenón: El rey más poderoso de Grecia. Un DT. codicioso y soberbio que manejaba los hilos del equipo y quería quedarse con la «copa» (las riquezas de Troya).
- Menelao (El damnificado): El marido engañado.
- Aquiles: Era el jugador más letal e invencible del mundo, pero jugaba con el contrato de forma independiente. No respetaba a Agamenón; jugaba únicamente por su propio ego y para que su nombre quedara en la historia.
- Odiseo (El Inteligente): El cerebro del equipo. El tipo estratega que armaba las jugadas y ponía la pelota al piso cuando la fuerza bruta de Aquiles no alcanzaba.
El bando troyano (Los Locales / Defensores)
Los dueños de casa, resistiendo el asedio detrás de unas murallas impenetrables.
Sus figuras eran:
- Príamo: El anciano y sabio rey de Troya.
- Héctor: El verdadero héroe de Troya. Un tipo noble, familiar y el mejor guerrero de la ciudad.
- Paris: El hijo menor del rey, el que se robó a Helena y armó todo este lío.
La ira de Aquiles:
Aquiles era el guerrero más letal, rápido e invencible de los griegos. Pero en medio de la campaña, Agamenón (el líder supremo de la expedición) le robó a Aquiles una esclava que este amaba, llamada Briseida. Ofendido en su orgullo, Aquiles armó un berrinche histórico: se retiró del campo de batalla, se encerró en su carpa y prohibió a sus hombres pelear. Sin su mejor soldado, los troyanos —liderados por el implacable príncipe Héctor— masacraron a los griegos y arrastraron la batalla hasta las mismísimas playas.
La tragedia golpeó cuando Patroclo, el mejor amigo (y para muchos, amante) de Aquiles, desesperado por la derrota, se puso la armadura del héroe para infundir miedo y fue asesinado en combate por Héctor. Desconsolado y ciego de rabia, Aquiles regresó a la guerra solo para vengarse. En un duelo brutal al pie de las murallas, asesinó a Héctor y arrastró su cadáver atado a su carro de guerra ante los ojos de toda su familia. Poco después, el propio Aquiles encontraría su fin cuando Paris, guiado por el dios Apolo, le acertó una flecha en su único punto débil: el talón, (sí, la historia detrás de la famosa frase «el talón de Aquiles» para referirse a una debilidad. Cuando Aquiles nació, su madre (la diosa marina Tetis) sabía que su hijo moriría en la guerra. Desesperada por hacerlo inmortal, lo llevó al río Estigia (el río del Inframundo que conectaba con el mundo de los muertos) y lo sumergió en sus aguas mágicas. El agua bendijo todo su cuerpo haciéndolo completamente invulnerable a las espadas, flechas y lanzas. Sin embargo, su madre cometió un error fatal: para sumergirlo, lo sostuvo firmemente del talón derecho. Al quedar esa pequeña zona cubierta por los dedos de su madre, el agua del río nunca la tocó. El talón quedó como el único punto puramente humano y vulnerable de todo su cuerpo).
La trampa del Caballo de Troya:

Con Héctor y Aquiles muertos, ambos bandos estaban al borde del colapso. Es en este escenario de desesperación absoluta donde la figura de Odiseo cobra verdadera relevancia y cambia el destino de la historia.
Cansado de tantas muertes inútiles, Odiseo utilizó su astucia intelectual para diseñar el engaño más famoso de todos los tiempos: construir un caballo colosal de madera, esconder a los mejores soldados griegos en su interior y simular que el resto del ejército abandonaba la campaña y regresaba a sus hogares, dejando la estructura en la playa como una supuesta ofrenda de paz para los dioses.
Los troyanos, pecando de ingenuos, cayeron en la trampa. Rompieron sus propias defensas para meter el gigantesco caballo a la ciudad y celebraron la victoria emborrachándose hasta quedar dormidos. Durante la noche, Odiseo y sus hombres salieron sigilosamente del vientre de madera, asesinaron a los guardias y abrieron las puertas de la ciudad al ejército griego, que había regresado a escondidas en sus barcos. Troya fue saqueada y quemada hasta las cenizas en una sola noche.
Un triunfo amargo: Sin los dioses a su favor
Los griegos consiguieron la victoria, sí, pero en medio del saqueo y el descontrol. Llenos de soberbia y arrogancia, cometieron atrocidades terribles dentro de los templos sagrados de la ciudad, violando todas las leyes éticas de la guerra.
Y es acá donde la historia da el giro definitivo y se conecta directamente con la trama de la película.
La Odisea no es la historia de la guerra; es la caótica y dramática vuelta a casa de estos hombres rotos. Los dioses olímpicos, enfurecidos por la crueldad de los griegos en la victoria, decidieron castigarlos. Para la mayoría de los reyes el retorno fue un infierno de naufragios y muertes. Pero para Odiseo, el autor intelectual de la trampa del caballo, el castigo divino comandado por el dios del mar, Poseidón, se convirtió en un laberinto de diez años navegando a la deriva por el Mediterráneo, enfrentando a cíclopes, sirenas, hechiceras y monstruos para lograr volver con su familia en Ítaca.

¿Por qué tenés que ir a ver La Odisea?
Ahora que ya tenés todo el chisme completo y sabés de qué lado jugaba cada uno en este culebrón de hace tres mil años, estás más que lista/o para sentarte en la butaca. Christopher Nolan se propuso el desafío de bajar el mito a la tierra, dándole una atmósfera oscura, realista y sumamente visceral, apoyado por un elenco de estrellas que incluyen a Matt Damon como Odiseo, Tom Holland como su hijo Telémaco, Anne Hathaway como Penélope, Charlize Theron como Calípso, Zendaya como la diosa Atenea, Robert Pattinson como Antínoo y un largo etc. de estrellas de Hollywood.
Así que ya no tenés excusas. Conseguí el pop (la caja grande) y sumergite en el culebrón más antiguo de la humanidad y dejate llevar por la escala masiva de este viaje. Corré a los cines para vivir esta experiencia; te aseguro que después de conocer todo este contexto, cada plano de la película te va a volar la cabeza de una manera totalmente diferente. ¡Buena función!
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