
El viernes 11 de julio 2026 el invierno andaba dando vueltas. El cielo estaba cargado, el viento iba y venía y la lluvia amagaba, aunque todavía se hacía esperar. La cita era en la Sociedad Urbana Villa Dolores (SUVD) para una nueva edición del Bacanal Invernal: dos bandas, siete canciones cada una y casi dos horas de música.
Hace tiempo que la SUVD dejó de ser un lugar más para mí. Vuelvo seguido. A veces por las bandas; otras, simplemente por el lugar. Ya conozco la entrada entre plantas, la barra rodeada de objetos antiguos y ese clima que se arma antes de que empiece la música.
La noche comenzó con Atakama. Hasta ese día no había escuchado a la banda y terminó siendo una de las gratas sorpresas del Bacanal. El recorrido arrancó con Egipcia, Introspección, Nigredo y Vacío, las primeras de un repertorio de siete canciones. Desde el comienzo mostró un sonido sólido y una banda bien ensamblada, cómoda sobre el escenario y con una propuesta que encontró rápidamente respuesta en el público.
Después llegó Trópico Duclós. La banda está integrada por Marcelo Fernández y Matías Rodríguez en guitarras, José “Negro” Nozar en batería, Nicolás Urroz en bajo y Magdalena Sena en sintetizadores y voz.
Días antes del recital los había escuchado conversar con Carlos Dopico en La música me llueve, por La Diaria Radio. Allí Matías y Magdalena contaban que la banda primero se llamó simplemente Trópico y que el Duclós apareció después, tomado de aquella playa del Cerro donde crecieron. Después de escuchar esa charla fue inevitable mirar el nombre de otra manera.
El recital comenzó con Portón de San Juan, la misma canción que abre Mamboretá (2022). Después llegaron Astoria, de Bifurcan (2025), y Candombe. A esa altura el sonido de la banda ya estaba completamente instalado en la sala.
Hay un instrumento que atraviesa todo el recital: el sintetizador de Magdalena Sena. Desde ahí se arma buena parte del clima de las canciones. Las guitarras dialogan sin apuro, el bajo sostiene el recorrido y la batería firuletea, fiel al estilo del Negro Nozar, sin necesidad de ocupar el centro de la escena.
Con Mikado, Ribot y Bifurcan esa forma de tocar apareció con más claridad. Las canciones avanzan a su tiempo. No buscan resolver rápido ni llegar enseguida a un estribillo. Van encontrando el rumbo mientras la banda construye una atmósfera que termina envolviendo a la sala.
Marusi bajó la intensidad antes del cierre dejando el último tramo para P.I.L. (Paciencia Intempestivo Lázaro), la composición más extensa del repertorio. Allí cada integrante encontró su momento. Matías dejó uno de los solos más destacados de la noche, Marcelo respondió desde la otra punta con la misma sensibilidad, Nicolás sostuvo la base desde el bajo y el Negro siguió firuleteando con la presición de simpre. Mientras tanto, el sintetizador de Magdalena seguía envolviendonos en la atmósfera generada.
Cada banda presentó un repertorio de siete canciones y cerca de cincuenta minutos de música. Atakama tuvo la responsabilidad de abrir la noche y lo hizo con naturalidad, mostrando una banda fresca, segura y con ganas de tocar. Trópico Duclós confirmó una propuesta que encuentra su identidad en canciones que crecen de forma pausada y encuentran su fuerza en el recorrido más que en el impacto inmediato.
La segunda edición del Bacanal Invernal terminó cerca de las 23 horas, con la lluvia ya instalada sobre Villa Dolores. Quedaba atrás otra noche de música en la Sociedad Urbana, un espacio al que seguramente seguiremos volviendo.
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