
Hoy el mundo sube el volumen¨!!!. Cada 13 de julio se celebra el Día Internacional del Rock, hace cuarenta años, en 1985, Londres y Filadelfia temblaron al mismo tiempo con el Live Aid, ese mega concierto que Bob Geldof armó para juntar plata contra la hambruna en Etiopía y Somalía. Dieciséis horas, más de setenta países mirando por televisión, cien millones de dólares recaudados y una postal que quedó en la memoria colectiva: Freddie Mercury dominando a las setenta y dos mil personas de Wembley ese estadio se activó como una extensión de su propio cuerpo. Ese día el rock demostró que también podía ser una fuerza solidaria, y desde entonces el 13 de julio es territorio del rock.
Para entender lo que se homenajea hay que irse mucho más atrás, al Estados Unidos de fines de los años 40, cuando dos mundos que no se hablaban empezaron a mezclarse. Por un lado el jump blues, el rhythm and blues y el gospel de las comunidades afroamericanas. Por el otro el country, el folk y el western swing de raíz blanca. De ese choque nació un pulso nuevo: un compás de cuatro tiempos con el acento cayendo, fuerte y necio, en el segundo y el cuarto tiempo. Ese golpe insistente de batería, el backbeat fue el que empezó a mover el culito.
El nombre lo bautizó un locutor de radio de Cleveland llamado Alan Freed. Desde 1951 usaba la frase “rock and roll” , que ya circulaba hacía años en el blues como eufemismo picante para venderle a la juventud blanca una música que hasta entonces quedaba encerrada en las radios negras. En 1954 se mudó a Nueva York y desde ahí terminó de instalar, de mover, de golpear fuerte.
Y ahí, ay Dios y ahí ya estaban esperando los verdaderos arquitectos, los pioneros , los despegados: Chuck Berry afinando esos riffs de dos cuerdas que después todo el mundo lo copiaría. Little Richard gritando y golpeando el piano como si el instrumento le debiera plata. Fats Domino con la cadencia de Nueva Orleans metida en el cuerpo. Y en Memphis, Sam Phillips grabando en Sun Records a un pibe tímido que terminaría siendo el Rey: Elvis Presley, que junto a Jerry Lee Lewis y Buddy Holly le dio forma al rockabilly, esa aceleración desbocada, atrevida, insolente y sensual entre el country y el blues.
De ahí en más el rock no paró de mutar. Los años 60 trajeron la invasión británica: The Beatles llevando el género hacia la sofisticación de estudio, los Rolling Stones transformando todo, viscerales, irreverentes, crudos, sensuales…
Con la segunda mitad de la década llegó la psicodelia y la contracultura: Jimi Hendrix reinventando lo que una guitarra eléctrica podía incendiar, Pink Floyd y The Doors moldeando y rompiendo estructuras hasta lugares inimaginables.
Todo eso desemboca en Woodstock, en 1969.
Los 70 fueron la explosión en mil direcciones. El rock progresivo de Yes, Genesis buscando la sofisticación casi clásica. El hard rock y el heavy metal de Led Zeppelin con esa mezcla ecléctica de blues, folk, una locura real.
Black Sabbath, bajando las escalas a terreno oscuro. El glam de Bowie y Queen, jugando con el maquillaje y la ambigüedad. Y como respuesta furiosa a tanta pomposidad, el punk de los Ramones y los Sex Pistols, tres acordes y una patada a la cara,
En los 80 el rock se hizo masivo y MTV, con el glam metal de Guns N’ Roses y Mötley Crüe, mientras por abajo el thrash de Metallica y Megadeth afilaba los dientes, y The Cure y R.E.M. sembraban la semilla de lo que después sería el indie. Y en 1991 Nirvana tiró todo abajo con “Smells Like Teen Spirit”: el grunge de Seattle,sin artificio, arrasando con la década anterior.
Desde ahí el género se fragmentó en un mapa enorme. El nu metal cruzó el rock con el hip hop y las guitarras de siete cuerdas afinadas bien grave: Korn, Limp Bizkit, Papa Roach y Linkin Park llenando estadios con esa mezcla de bronca y melodía. En paralelo, el Reino Unido respondió al grunge americano con el britpop de Oasis y Blur, recuperando la melodía pop de los 60. Y de ese mismo tronco británico salió una camada de bandas que llevó el rock hacia estadios inmensos con una vuelta más atmosférica y hasta electrónica: Coldplay, Muse y Radiohead corriendo el límite entre guitarra y sintetizador. Más acá en el tiempo, Tame Impala y Gorillaz terminaron de borrar la frontera entre el rock y la música electrónica, mientras Greta Van Fleet insiste en mantener viva la llama del blues rock clásico de los 70.
Vale una aclaración, para los puristas y para los curiosos: todo esto que acabamos de recorrer es “rock”, el árbol genealógico entero. Pero “rock and roll”, en sentido estricto, es el nombre del género específico que nació en los años 50 con Chuck Berry, Little Richard y Elvis Presley, ese pulso concreto de backbeat, blues y country que explotó en Memphis y Cleveland. Todo lo que vino después el hard rock, el punk, el grunge, las hibridaciones electrónicas de hoy ya no es rock and roll a secas, es su descendencia, su mutación. El tronco y las ramas son la misma familia, pero no son la misma cosa.
Si faltan algunas bandas sepan disculpar a esta autodidacta, sin diploma pero con oído de escucha y sobretodo amante del rock&roll
Setenta y tantos años después de aquel primer riff de Chuck Berry, el rock sigue vivo cada vez que alguien prende los motores y siente que algo se mueve adentro. Por eso en este día y cada día, feliz Día del Rock.
YEAH!