
No es donde todo comenzó, pero muchas veces en San José nos gusta decir que Buitres es Buitres por aquel Festival de la Canción del año 1983 en San José de Mayo, donde Los Estómagos se presentaron y ganaron con su gran versión de “Cambalache”, que rompió cabezas. Ese primer premio les valió grabar un sencillo con Orfeo, cuyo Director Artístico era en ese momento Alfonso Carbone, el resto es historia. Una banda como Buitres, parte fundamental del nervio de nuestro rock, hubiera sido Buitres sin aquella noche de Los Estómagos de 1983, pero sin duda que fue el primer gran hito de la banda de cuya separación nacerían nuestros Buitres.
Y digo “nuestros Buitres”, ellos son nuestros y nosotros de ellos, porque así entonaba el público que esperaba el show, el “yooooo soooy de Buitrees…es un sentimiento…no puedo paraaaaaar”, porque se ganaron que seamos de ellos, por cómo han respondido siempre a la fidelidad de su público, por cómo nos han dado canciones para acompañar nuestros enojos, alegrías, melancolías, enamoramientos, y para todo lo contrario de todas esas cosas.
Ese público que cantaba a modo de fiel hinchada, había agotado las entradas hacía tiempo, y esperaba impaciente. Uno miraba la mezcla de generaciones, y era algo impresionante. Al lado mío había personas que seguramente a fines del 89 miraban como una nueva banda nacía de la que habían visto sacar enormes discos durante 6 años; había gente como yo que creció escuchándolos, cuando ya el Maraviya había mostrado la banda que eran; había otros que nacieron con esa banda consolidada y convertida en una insignia de nuestro Rock; había una niña de no más de 6 años, en los hombros de sus padres, que durante Besos ya casi cerrando el show, recibió el choque de manos de Peluffo.
Fue una noche histórica, el mismo Gabriel Peluffo lo dijo estando sobre el escenario. La noche arranca en serio cuando aparecen Parodi, el Pepe Rambao, Orlando Fernandez y el Kako Blanco, rápidamente la gente reconoce los acordes de Bajo la luna, y con un salto grupal sincronizado reciben a Peluffo, y en pocos segundos se sabía que iba a ser una noche histórica, como el frontman lo confirmó después. En seguida Condenado el corazón, El tercer deseo, Ojos y Frío Osucro, más engranada no podía estar la gente. Durante todo el show, hubo un intercambio afectuoso y cómplice entre músicos y público, todos se llevaron su ovación, todos tuvieron su broma. Después de estos temas, sonó Hablan en la caja, Milonga Rante, El bailde del caballo, No te puedo matar, Azul, A cartas vistas. Como hace para encajar perfectamente entre tantos temas llenos de historia perfectamente ejecutados, un tema relativamente nuevo? Bueno, no sé, pero entre todos esos himnos, Hablan en la caja fue perfecto.
Parado contra un costado pude ver perfectamente la intensidad arriba y abajo del escenario, brazos arriba, chocando las palmas las canciones que obligan a ello, la comodidad de un escenario que conocen de memoria y los tiene cerquita del público.
La oportunidad, Carretera perdida, Soy del montón, Cadillac Solitario, nos acercaban al final, que explotaba con Ojos Rojos y Buitres. Sabían que la gente quería más de ese impresionante show y el primer bis fue casi inmediato. La gente estaba con la misma energía del arranque, por eso luego de Besos y Cada Vez te quiero más, varios chistes e intercambios con la gente, Peluffo anunció que tocaban un par de temas más y luego se sacarían fotos con la gente, esto último debe haber sido por lo único que la gente que quería más, los dejó irse del escenario una vez que tocaron No voy a morir y El Cazador. La gente tuvo la oportunidad de como prometió Peluffo tener después un momento de cerca con sus ídolos. Se cerraba así una noche perfecta, histórica para el departamento en cuanto al rock.
Mientras bajaba la escalera, recordaba aquella noche de 1998 o 1999, con 13 o 14 años, los veía por primera vez en ese mismo lugar, una noche que me marcó como fanático del rock nacional, era mi segundo “toque” solo, y era mi primer pogo. Vuelvan siempre.










































