
La noche del 20 de febrero 2026 en MMBox tuvo un comienzo cinematográfico. A las 21 hs en punto, los primeros acordes de La marcha imperial, asociada al personaje Darth Vader, irrumpieron en la sala y, antes incluso de que los músicos pisaran el escenario, la expectativa se transformó en explosión. Así inició en Montevideo la gira The Best of 40 Years (Lo mejor de 40 años) de la virtuosa banda de rock fusión Living Colour, que continuará por Argentina, Brasil y Chile, para cerrar nuevamente en el país vecino, en la ciudad de Rosario
El primer golpe fue Glamour Boys, del emblemático disco Vivid (1988). La elección no fue casual. Entre groove bailable, riffs pesados y una letra crítica hacia la superficialidad, el último tramo del verso “I ain’t no glamour boy, I’m fierce” (No soy un chico glamoroso, soy feroz) fue coreado por el público cuando el micrófono apuntó hacia la sala. Desde ese momento quedó claro que no se trataba de una celebración nostálgica, sino de una reafirmación identitaria.
El show, que se extendió durante una hora y cuarenta y cinco minutos, recorrió buena parte de la discografía del grupo, más allá de los hits inevitables. Hubo pasajes de mayor peso y filo en Go Away, Ignorance Is Bliss y Pride, y una interpretación vocal cargada de matices en Open Letter (To a Landlord), sobre todo en el pasaje “Fight for your neighborhood!” (Peleá por tu barrio), donde la impresionante voz del magnético Corey Glover llegó a un clímax que el público acompañó como un coro compacto. En Love Rears Its Ugly Head, la banda desplegó su faceta más melódica sin perder fuerza.
El recorrido no se limitó al repertorio propio. Con un acompañamiento mínimo y casi a capella, sonó Hallelujah de Leonard Cohen e introdujo así un contraste emotivo y despojado que emocionó al auditorio. También apareció un fragmento de Police and Thieves, originalmente de Junior Murvin y popularizada por la banda inglesa The Clash, ampliando el mapa de referencias sonoras y políticas del grupo.
Hacia la mitad del concierto, el solo de batería de Will Calhoun incorporó momentos experimentales que dialogaron con su interés por diversas texturas rítmicas. La base fue sólida durante toda la noche, con el impecable Doug Wimbish al bajo explorando matices sonoros, y Vernon Reid desplegando un arsenal de pedales y una guitarra furiosa y versátil, que refuerza esa identidad sonora tan propia del grupo.
La interacción entre ellos iba más allá de lo técnico; cuando uno brillaba, los demás lo miraban con admiración. Esa complicidad, visible y constante, se extendió en varios momentos, cuando se acercaron al borde del escenario para interactuar con el público.
Cerca de la hora y veinticinco, la sala estalló en uno de los momentos más épicos de la noche. La dimensión política e histórica en la banda volvió a hacerse presente con especial intensidad cuando sonó la introducción del hit Cult of Personality, precedida por el fragmento del discurso Message to the Grassroots (Mensaje a las bases) de Malcolm X. En el contexto político actual, y tratándose de una banda afroestadounidense con un discurso crítico sostenido durante décadas, la canción resonó con una vigencia contundente.
El público acompañó con energía constante. Hubo pogos, baile y también el clásico canto local de “Olé, olé, olé, olé, Living Colour”, que atravesó la sala. Tras el pedido de “otra”, la banda regresó con Solace of You y luego, casi como un presagio del desenlace, llegó Time’s Up, donde sorprendieron con un pasaje de Sex Machine, de James Brown, reafirmando su raíz funk antes de cerrar definitivamente con el tramo final de la canción.
Más que un recorrido celebratorio por cuatro décadas de historia, el concierto funcionó como una demostración de vigencia artística y discursiva. Living Colour confirmó que su propuesta no pertenece al pasado: continúa interpelando, incomodando y resonando con potencia en el presente.
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