
Una tardecita con los Patos Cabreros – Club Colonia – 03/02/26
Van llegando puntuales, uno a uno, al ensayo propuesto a las 19 horas por el director escénico Pablo Riquero. Algunos ya vienen maquillados. Se sientan cada uno en su silla, que horas antes fueron prolijamente dispuestas en semicírculo, frente a la del director y tres atrás para los integrantes de la batería.
Hay mate, bebidas refrescantes y energizantes. Es un día MUY caluroso y con mucha humedad.
El objetivo es repasar la actuación, se viene la primera presentación en el Teatro de Verano, será el domingo 8 de febrero a última hora. Se trata de la Etapa 3 que fue suspendida en su momento por un paro de Adeom.
Antes de empezar, se comentan informalmente actuaciones y textos de otras murgas: intercambian opiniones, señalan errores y aciertos, mencionan elecciones musicales y conceptos ya usados anteriormente. Se critica la falta de originalidad en el tratamiento de algunos temas.
Ya cuando están todos en el club, quien marca la batuta es Pablo junto a uno de los letristas: Maximiliano Pérez, quien está mucho más involucrado que sólo en los textos. Igualmente varios de los componentes se animan a hacer comentarios, y cada aporte se escucha atentamente.
“Sin dudas” se llama el espectáculo de este año, las dudas y las certezas recorren todo el texto. Se corrigen pequeños detalles, que generan un admirado comentario: “¡la comedia nacional corre por tus venas!”. Pérez insiste en la importancia de concentrar la energía de todos los componentes en cada acción de la murga. Ensayan un pequeño cambio que hace toda la diferencia, Maxi aprueba con un gesto.
Se habla del “rendimiento” de la actuación, de lo que funciona en los tablados, o no. Lo que a veces anda y otras veces no, adjudican la diferencia a la interpretación por parte del grupo. En ese momento Riquero les hace parar de las sillas, ensayar con los cuerpos. Todos acatan de inmediato, hay mucho compromiso. Se mencionan novedades del vestuario, que se incorporarán en la actuación del Teatro de Verano, y pueden afectar la puesta en escena. Maxi “el Pulpa” Méndez, el puestista, toma las riendas en este momento, organizando la distribución de los componentes sobre unas pequeñas tribunas al fondo del “escenario”. Nada se deja al azar.
Una nube nos cubre y empiezan a caer gotas, que intentan borrar las palabras que escribo en mi libretita. Se sigue ensayando, mirando de reojo al cielo. Mencionan detalles técnicos, como la distancia para vocalizar ante los micrófonos. Una pensaría que a estos “veteranos” carnavaleros ya no hay que indicarles nada, pero sin embargo se hace y todos reciben las instrucciones con respeto y atención. “En los tablados está pasando algo” surge del coro un alerta, respecto a una dinámica sobre el escenario. Se toma nota y se ensayan soluciones.
Es muy interesante el trabajo personalizado del director musical con cada cuerda del coro, incluso con cada uno de los cantores. Me resulta increíble cómo puede detectar detalles en forma individual, cuando están cantando los trece a la vez.
Mientras alguno confiesa “se me tranca el disco duro”, Luisito Ortiz repasa con Maxi Pérez detalles de una intervención humorística.
Estar en un ensayo sin amplificar implica maravillarse cuando en el medio de un repaso, los cantores “abren el chorro” y estando tan cerquita, el vozarrón te despeina, la emoción te atraviesa.
Y también sorprende que esta increíble muestra de arte y talento popular suceda en el patio de un club de barrio como es el Club Colonia, donde en simultáneo se dan clases de artes marciales, se ven implementos para hacer pilates, los asociados entran y salen a sus actividades sin prestar mayor atención, es natural que todo suceda al mismo tiempo y en el mismo espacio.
Paso por el baño, muy prolijo y limpio. Sin embargo, un detalle revela que aquí hay carnaval: tanto la pileta como el jabón, tienen rastros de brillantina. Mientras la murga termina los últimos ajustes del ensayo, los utileros se agitan entre ellos para empezar a cargar los trajes y demás implementos en el ómnibus que les llevará de recorrida por los tablados. Esta noche, tienen tres.
Diego va a hacer unas fotos de los utileros y me trae una primicia: quien conduce el enorme ómnibus carnavalero es Giovanna De Sio, una chofera que hace dos años se dedica a la conducción de grandes vehículos, y este es su primer año saliendo en carnaval. Cree ser la única mujer en esa función, no ha escuchado de otras. Como en muchos aspectos del rubro, la mayoría de los participantes son varones. La acompaña su hija que se encarga de la venta de las remeras de la murga en redes sociales y en los tablados. Y que son un éxito. Ambas se encuentran muy cómodas en el grupo, dicen que se sienten bienvenidas y arropadas, pese a que un día tuvo que ser reemplazada por su marido y le dijeron que no la extrañaron. Justo llega la community manager del conjunto, Catherine Alvez, y manifiesta “antes era sólo Lucía, ahora ya somos más mujeres en el grupo, los estamos colonizando”. Y revela que al contrario de lo que le dijeron a Giovanna, el día que faltó se la extrañó mucho y todo el tiempo le hicieron sentir al chofer suplente, que no era tan bueno como ella. Giovanna cuenta que ella es una persona resolutiva: si tiene que llegar a un tablado a determinada hora, va a hacer todo de su parte para poder cumplir con el compromiso. Piensa que incluso su inexperiencia le da la frescura de no saber que hay cosas que no se pueden lograr, y por eso ha hecho posibles trayectos o estacionamientos imposibles, ante la mirada atónita de otros más veteranos.
Dejamos a Giovanna y los utileros con los últimos detalles antes de partir del club, y nos desplazamos hasta el tablado 1º de Mayo, donde comenzará la actuación esta noche. Esperando junto a la puerta de los artistas, observamos que son recibidos fraternalmente por el personal de seguridad con un “bienvenidos una vez más”. Muchos abrazos y palmadas, pese al calor infernal que sentimos todos y más los integrantes de los Patos Cabreros que ya vienen con el vestuario puesto. El espacio para el bus está ocupado por el vehículo del conjunto anterior, por lo tanto Giovanna tuvo que estacionar a unos cuantos metros de la puerta, lo que implica que los utileros tengan que hacer varios viajes para trasladar sus materiales y los componentes se arriman despacio, cargando los trajes y dosificando la energía.
El tablado se encuentra con localidades agotadas, pese a ser martes. “Es noche de murgas” me dan como explicación. Desde el escenario anuncian que los Patos van a hacer la actuación completa, y la noticia es recibida con un gran aplauso. También mencionan el libro “Cantate una” del cual es co-autor Pablo Riquero y que se encuentra a la venta en un stand de libros del tablado. ¿Libros en un tablado? Pues sí. Y no es el único.
Antes de comenzar, la murga le dedica un “que los cumplas feliz” en tono murguero a alguien, acompañada por todo el público.
La actuación arranca con la clarinada de Ricardo “Canario” Villalba y el auditorio luego de escuchar con mucho respeto, rompe en aplausos. La presentación es recibida con alegría, Lucía baja a la platea, y arranca su actuación sentada entre el público, dialogando con Luis en el escenario. La gente responde con risas y aplausos a cada situación de esta pareja. Lucía ha evolucionado de standapera a cupletera, y se ha ganado el respeto del público carnavalero. Y Luis es un todo terreno que no descansa un minuto, está en constante movimiento e interpreta su papel desde el texto y con una potencia corporal increíble.
Noto en la actuación, la puesta en práctica de aquellos pequeños ajustes de la puesta en escena, marcados apenas unas horas antes. Cada cuarteta del salpicón, que culmina con el canto de alguno de los sobreprimos que tiene la murga, es festejada. Son todos goles, cada uno con su timbre y su impronta y es una delicia verles y escucharles.
La murga presenta luego “la tapadita” -un cuadro heredado naturalmente de Asaltantes con Patente-, que termina con un “palo” al gobierno actual que es muy festejado.
El cuplé de la masculinidad comienza al ritmo de la canción de la película animada Río y pega fuerte. El discurso final de Lucia despierta muchos aplausos, luego de que con humor se criticara mucho el machismo en sus mil formas. Es interesante que esta reflexión en boca de una mujer, esté escrita por varones, o al menos así figura en la ficha técnica.
El segundo cuplé, sobre la “happycracia” vacía y su reclamo sobre la salud mental es muy efectivo y también es recibido con vehemencia.
La canción final menciona a la recientemente aprobada Ley de Eutanasia y la posibilidad de tomar la última decisión con libertad y dignidad. Está a cargo nuevamente del Canario Villalba, al que se suman en etapas Matías Bravo, Agustín Pittaluga y el Pulpa Méndez. Un cuadrazo.
La despedida inicia con una tonada de los Beatles, y le canta a las certezas con una oda a la familia, los amigos… en definitiva, al amor. Antes de empezar la bajada, la gente ya está parada, acompañando con aplausos. Realmente una actuación por todo lo alto, pese al calor que es realmente sofocante. Es una proeza que estos tremendos artistas puedan brindar este tipo de espectáculos de gran calidad, bajo la cantidad de tela que se encuentran.
La bajada termina al pie de las gradas, junto al público que paga la entrada más barata. La vuelta al ómnibus es lenta, la gente les detiene a todos, pidiendo fotos, saludando. Ellos se detienen con paciencia y alegría, prestando los sombreros para la selfie o abrazando a amigos y conocidos. Llama la atención una gurisa que persigue a varios no con un celular, sino con un cuadernito, pide autógrafos y les hace leer algo que todos le comentan con sorpresa y afecto.
Y allá corren los Patos Cabreros al próximo escenario. Salú carnaval.
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