
El espectáculo del pasado sábado 15 de junio en el Teatro Solís, será recordado por quienes tuvimos la fortuna de estar presente, repleto hasta el último asiento, de entradas agotadas y magias sublimes .
Así puedo iniciar esta reseña para intentar describe el éxito de esta obra teatral y carnavalera protagonizada por Pablo “Pinocho” Routín y Edú “Pitufo” Lombardo, quienes celebran 20 años de trayectoria.
Fue un momento emotivo rodeado de afectos y varias generaciones que disfrutan tanto del carnaval como del teatro y otras manifestaciones culturales. La propuesta integral del espectáculo, respaldada por una banda musical y coro de murga increíble
Decidí llegar con suficiente antelación para sumergirme en la atmósfera previa tanto dentro como fuera del Teatro Solís, un lugar que evoca una rica historia y que ha sido escenario de numerosas obras y eventos protagonizados por destacadas personalidades y artistas de nuestra cultura.
En las afueras, por la calle Buenos Aires, la gente se movía con tranquilidad. Algunos aprovechaban para capturar el momento con fotografías frente a la majestuosa fachada del teatro antes de ingresar. Unos pocos, pero muy notorios, vistiendo de gala con largos vestidos y trajes, complementando perfectamente el ambiente de época que el Solís inspira. Este teatro tiene la extraordinaria capacidad de transportarnos a tiempos pasados, invitándonos a dejarnos llevar por su solemnidad y el romanticismo poético de otras épocas.
Aunque sabemos que no todos los tiempos pasados fueron mejores, estar en este lugar nos incita a reflexionar sobre lo que sucedía aquí en diferentes momentos históricos. O al menos eso le pasa a algunos nostálgicos. Con la dirección de Fernando Toja, se presentó con más de veinte músicos en escena para celebrar sus 20 años de historia. Personalmente, creo que con dos décadas de entrega y vigencia, es parte de nuestro patrimonio histórico- cultural.
Ya dentro del Teatro, se sentía que la expectativa era alta, es que la última presentación de este elenco había sido en 2019, antes que los términos “confinamiento” y “pandemia” se volvieran comunes. La obra, con la dirección artística de Fernando Toja, destaca por su escenografía minimalista y trajes modestos, evocando los carnavales y cupleteros de antaño. Según Routin, “Murga Madre“ busca reflejar la esencia del carnaval y transmitir su legado entre generaciones, mostrando que esta festividad se aprende viviéndola, siendo parte.
En las primeras filas, a metros del escenario donde me encontraba, predominaban las miradas atentas y un silencio que subrayaba la escucha activa a lo largo de toda la obra. El respeto por los momentos de silencio y las risas, brotaban espontáneamente cuando la escena lo requería. Muchos de los asientos en estas primeras filas estaban ocupados por personalidades destacadas del mundo del carnaval y el teatro, creando una sinergia poderosa entre los protagonistas y ese segmento del público.
Me sorprendió llegando al final de la obra, el generoso y sincero cariño manifestado por el público, con muestras de aprecio hacia los personajes principales, Pitufo y Pinocho. Como me dijo un amigo cercano en medio de una charla: “Una murga con Pitufo y Pinocho no tiene gracia, ¡está robado!”. Esta producción artística une a dos grandes figuras de la cultura nacional, respaldados por otros artistas de renombre y larga trayectoria como los hermanos Martín y Nicolás Ibarburu en la banda musical, y Marcel Keoroglian y Alejandro Balbis en el coro de murga, entre otros destacados nombres. Tremendo cuadro de verdaderas estrellas.
La combinación de talento, dedicación y la respuesta del público hizo de esta presentación un evento muy significativo para la cultura y el arte en una noche fresca y otoñal.
Murga Madre, además de un conglomerado de virtuosismo, boliche, carnaval y teatros, es un pilar fundamental de la cultura uruguaya, un ejemplo de cómo la tradición puede fusionarse con la innovación. Su compromiso con la calidad artística y su habilidad para abordar temas profundos con humor y creatividad la convierten en una referencia artística.
“Una obra que explora las complejidades humanas que rodean la fiesta, tocando tanto la alegría y luminosidad del carnaval como sus aspectos más oscuros y dolorosos”, agregó Routin en una entrevista. La combinación de la majestuosa ambientación del Teatro Solís, la cálida y penetrante atmósfera creada por el público y la calidad de los artistas en escena convirtieron estas funciones en un evento digno de ser recordado. Ojalá no pasen muchos años más antes de volver a encontrarlos en algún teatro, tablado o esquina.
El Teatro Solís se llenó de aplausos y alegría, reflejando la pasión y el arraigo popular que “Murga Madre” despierta en cada presentación.
Gracias por permitirnos experimentar las sensaciones de lo exótico, atemporal, romántico, vanguardista y trillado a la vez.
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