
Llegando al Velódromo, la esquina de Ricardoni y Ponce no anticipaba que hubiera gran convocatoria al concierto, sólo se veían muchos autos tratando de estacionar. Sin embargo, al llegar al acceso principal de Sitio sobre la Avenida Ramón Benzano, me encontré con una verdadera multitud. Todos muy bien trajeados y civilizados, pero éramos muchos. Sin embargo el ingreso fue ágil y luego hubo que hacer una larga y serpenteante fila bajando por las escaleras hasta la pista, para llegar a la carpa allí instalada; con la puerta convenientemente lindera a la barra de bebidas y alimentos, atendida por personal muy amable. Por supuesto, los vasos reciclables con el diseño del evento, permite que te lleves un souvenir del concierto.
Mientras todo esto sucedía, dentro de la carpa cantaba junto a su guitarra el telonero local oriundo de Juan Lacaze Ismael Berois, amenizando la espera a los más tempraneros.
El espacio es enorme y aún así, está lleno. Los espectadores son acomodados por personal bien identificado, mientras suena la música de Frank Sinatra y otros crooners. El público está compuesto por muchos adultos pero también hay familias con jóvenes integrantes. Muchas parejas, diría que hay muchos más varones de lo que pensaba, prejuiciosamente. También grupitos de mujeres solas.
En el escenario semi a oscuras se distinguen los instrumentos de la banda a la izquierda, y un piano de cola a la derecha. Por todos lados, decenas de velas led encendidas, acorde con el nombre del espectáculo: By candlelight, y en la pantalla al fondo se lee IL DIVO en elegantes letras doradas.
Pocos minutos luego de la hora fijada, se hacen presentes los músicos de la orquesta y los espectadores atentos inician un tímido aplauso. El escenario está flanqueado por dos pantallas gigantes que proyectarán lo que sucederá, en detalle. Unos instantes después se apagan las luces y ya se produce una ovación. Todos atentos a la aparición del cuarteto internacional conformado por Urs Bühler (tenor, Suiza), Sébastien Izambard (tenor, Francia), David Miller (tenor, EE. UU.) y Steven LaBrie (barítono, EE. UU.). Cientos de celulares se elevan desde la platea, listos para registrar el momento en que aparecerán los artistas en escena. Una costumbre ya imposible de frenar.
En la pantalla se proyectan estrellas y el cartel Il Divo, mientras los cuatro cantantes en impecable traje negro con pajarita, emergen desde atrás al escenario, para ser recibidos por su público.
La primera canción es una verdadera pieza de resistencia: Caruso, cantada en italiano. Esa que dice “te voglio bene” y fue popularizada en los noventa por Andrea Bocelli. Cada vez que uno de los artistas canta su parte, el público aplaude. También cuando cantan juntos. En suma, todo el tiempo el tema es acompañado por la gente que está encantada, esto es exactamente lo que vinieron a ver, estamos todos rendidos a sus pies.
Sigue el concierto en italiano, ahora la canción es Passera, los artistas cantan mientras se miran y sonríen. Recién al finalizar se dirigen al público, en turnos y en español: “muy buenas noches a todos y todas, bienvenidos a nuestro show. Este será un viaje muy íntimo y personal, a través de la música. Montevideo, mi gente, ¿cómo están? Este será un show excepcional, ¿están listos? Diseñamos este show para sentirnos un poco más cerca. Su participación va a transformar, de una noche normal, a una noche espectacular. Es un placer y un honor estar aquí. Esperamos no tengan demasiado frío, vamos a calentarnos… el alma y el corazón”. Todos juegan con las palabras y sus significados, haciendo cómplices a los asistentes, con picardía. Cierran esta primera parte con la canción Wicked Game (Melanconia), en una potente versión a cuatro voces.
“Vamos a cambiar un poco las cosas” anuncia David.
Es el tiempo de los solos. Manda a sus compañeros a descansar un poco, mientras se desanuda la corbata y se afloja la chaqueta, bajo la aprobadora silbatina de la platea. Nos cuenta de sus inicios, cuando con 12-13 años le cautivó la ópera, y como se dedica a ella entre giras de Il Divo. Pero no nos va a cantar ópera (el público le rezonga), sino que quiere regresar al repertorio que le inspiró antes: el teatro musical. Nos cuenta como siendo niño se unió al coro escolar, se presentó a audiciones y fue elegido para ser parte de las representaciones liceales. Recién luego tomó clases de canto y comenzó una carrera en la ópera hasta que se integró al grupo pop Il Divo. Nos brindará “una canción que me cautivó, y con la cual logré desbloquear todo mi registro agudo, y me preparó para mi carrera”. Del disco Chess de Abba, se trata de una apasionada versión de la canción Pity the child. David termina ovacionado por el público y saluda tirando besos al aire.
Vuelven todos para cantar también en inglés la canción original Mama, para luego seguir con Every time I look at you (originalmente de Kiss) y Come what may perteneciente al musical Moulin Rouge.
Es el turno ahora de Steven, el de la voz más grave. Nos anuncia que va a cantar en español (ovación) porque al ser de Texas, le gusta desde siempre la música mexicana y siempre estaba buscando bandas de mariachis para cantar con ellos. La canción es El Triste y veo que varias personas acompañan, se saben la letra y hasta hay un grito de ¡viva México!
Se vuelve a juntar el grupo para interpretar el tango Por una cabeza y la gente delira. Ellos se acercan al piano, se acodan en él y dejan que la orquesta se luzca. La ovación es cada vez más grande. Sigue Si tú me amas también en español. Me doy cuenta que el público presente es muy aficionado al melódico internacional, un género que creía demodé pero evidentemente estaba muy equivocada.
Los artistas se retiran de escena mientras la orquesta toca y proyectan un video en blanco y negro del grupo, en la pantalla gigante, mientras quien es filmado en vivo es el pianista y director musical.
Cuando vuelven, vemos que hubo cambio de vestuario: el traje negro dio paso a uno bordó con efecto tornasol, pero esta vez cada uno tiene un detalle único en rojo, en las corbatas o en las solapas y sustituyeron la faja formal, por un chaleco más moderno. Obviamente son recibidos con vítores y silbidos y nos cantan La vida sin amor.
Momento del solo del francés Sébastien. Se disculpa por su “mal español” y bromea con que necesita una profesora, parece que hay varias candidatas en el público. Nos cuenta que viene del mundo de la música pop, que no tiene una educación musical formal, aprendió por sí mismo. Recuerda cuando con 20 años se presentó a una audición y se preguntaba “¿qué hago yo aquí?”, pero que ha aprendido muchísimo de sus compañeros y les grita “¡gracias chicos!”, para luego solicitar ayuda para cantar Volver a amar de Cristian Castro, y se sienten varios “oui, oui”. Termina riéndose de su español y alguien le grita “¡te amo!” desde la platea.
En ese momento cae sobre el escenario una gran cortina blanca, traslúcida, que hace que el espacio se vuelva más íntimo y el cuarteto inicia el Hallelujah de Leonard Cohen, versión en español. Ahora creo que son miles los celulares filmando, debo confesar que yo también sucumbo a la tentación, ya que logran una atmósfera muy emocionante.
“Para la próxima canción les vamos a pedir que enciendan las luces de sus celulares” nos solicitan, para hacer Hero de Mariah Carey y la gente acompaña la propuesta moviendo sus teléfonos enfáticamente.
Finalmente, el último solo. Urs nos deleita con “una pequeña aria, que conozco de toda la vida y siempre me ha gustado mucho”. Se trata de Ombra mai fu, y la letra “simplemente trata de un hombre enamorado que da un paseo por el bosque y descubre que nunca ha disfrutado de la sombra como hoy. Siempre me conmueve el corazón, espero que a ustedes les pase lo mismo”. Canta con el micrófono puesto en una jirafa, bien alejado pero con gran control de su emisión, que realmente suena muy bien. Al terminar recoge el aplauso del público y también el saludo de sus compañeros, con abrazos y palmaditas en los hombros. Luego se unen los cuatro para cantar Nella Fantasia de Ennio Morricone y finalizan este tramo con el “Adagio de Albinoni”. En el momento que termina la canción, cae con gran efecto la cortina en el escenario. La gente se levanta para aplaudir.
“Qué noche tan increíble, qué público tan fantástico, son los mejores de… Uruguay”, bromean. “Esperamos que la noche haya sido tan especial para ustedes como para nosotros, y esperamos volver muy pronto. Montevideo, este concierto está llegando a su fin, pero los recuerdos que construimos quedarán para siempre” dicen, mientras la gente grita entre apenada y enojada. “Han sido un público maravilloso, esperamos haber calentado un poco el corazoncito”. Agradecen a los músicos de la orquesta y al director musical que se separa del piano para recibir el aplauso. También al equipo técnico de luces, sonido y escenario.
“Tenemos una canción más para ustedes” anuncian, para hacer una versión de My Way que comienza en español y termina en inglés. El público se levanta a ovacionar, ellos saludan con reverencias, tomados de las manos primero, devolviendo el aplauso luego.
La gente pide el bis, mientras algunos pocos se empiezan a retirar quizás tratando de evitar demoras en la salida. Una pena, porque es sabido que el concierto aún no termina. Los artistas vuelven a escena para hacer Regresa a mí, una preciosa y delicada versión en español del éxito de Diane Warren, mientras en la pantalla muestran un video de estrellas cayendo. La gente se abraza, canta, se balancea al ritmo del romance.
Luego de preguntar “¿están listos?”, cantan Hasta mi final. La gente aplaude, ellos responden tocándose el pecho, a la altura del corazón, con gestos de gratitud.
Pensé que era el final pero no, preguntan “¿una canción más? La gente grita SIII, mientras les acercan flores que ellos se reparten y colocan en los ojales de las chaquetas. También posters, fotos y cds que ellos amablemente van firmando y pasando de uno en uno, para dejar a las fanáticas contentas.
“¿Qué es un cantante sin su público? Sin público no somos nada… Esperamos regresar muy pronto” dicen, y se viene Time to say goodby, canción también popularizada por Andrea Bocelli y Sara Brightman. El público canta a coro, todos de pie, para finalizar el show con una sonrisa y la sensación de haber vivido un gran evento.
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