Siete guitarras, un bombo legüero, un piano y un charango dispuestos como una herradura hacían la guardia previa en el escenario de la Sala Zitarrosa la fría noche del viernes 8 de agosto. La sala llena esperaba tranquila, como en casa, como una peña que siente la vuelta de uno de los suyos. Así aguardaba Montevideo la presencia de Raly Barrionuevo. El santiagueño, un transhumante que lleva su música, sus músicas, ambulantes por la región. Moviéndose a gusto en la contracorriente del mainstream musical actual. Hace tiempo es una voz propia, intensa, con raíces profundas en el folclore argentino pero las antenas sensibles a lo que pasa en otras latitudes.
El show “A solas y sin libreto” que Raly lleva adelante hace un tiempo, lo encuentra solo en el escenario, cantando, tocando y contando, de acuerdo a lo que vaya surgiendo y a lo que la reunión demande. En comunión con su público, con su historia y con la música que corre por sus venas. Más allá del virtuosismo ya conocido para hacer música, manejar distintos instrumentos y sobre todo su enorme calidad interpretativa, Raly logra llevar navegar entre bagualas, huellas, zambas y chacareras, generando momentos de disfrute, de baile, de risa; pero también de reflexión y de paz, sobre todo de paz, como pocos pueden hacerlo.
La noche del viernes, lo encontró acompañado por distintas amigas que se encargó de invitar cuando la canción lo pedía. Y así pasaron por ejemplo la rochense Florencia Nuñez para interpretar juntos “El Pozo”, o la cumpleañera de la noche, Maggie Cullen, con su voz gigante que cuesta creer salga de la joven tímida que sube como pidiendo permiso.
El publico se sintió a gusto y pidió canciones, bailó y cantó en un espectáculo con interacción constante con Raly, quien se tomó el tiempo para disfrutar de la noche, sin apuros, con pausas y silencios tan necesarios como sus acordes. Y así pasaron “Zamba de usted, “La niña de los andamios”, “Chacarera Del Exilio”, ” Zamba y acuarela”, “Y seremos agua” y muchas más.
Momento sublime de la noche, fue la lograda por el santiagueño cuando interpretó “Niña luna”. Una canción desde su más hondo sentimiento, ya que está inspirada en la experiencia de su hija que nació sin vida. Con esa conmovedora historia, el fue loopeando todos los instrumentos, de a uno, poco a poco, generando artesanales capas, que parieron un hechizado resultado final, para que su voz lo corone interpretando la sentida letra.
Poco más que agregar. Los que estuvimos esta fría noche de agosto en la Zitarrosa, nos fuimos llenos de música. Regocijados de ser parte de esa suerte de peña nómada, que Raly nos regala, cada vez que cruza a estos pagos.
- Fragmento de “Niña Luna”













































