
Jazz a la calle es, ante todo, un movimiento. La reunión anual de músicos, es -insisten organizadores y participantes- un encuentro. Para los Montevideanos, Carolinos, Canarios, Riverenses, Argentinos y Brasileños que porfìan en venir la semana más caliente de enero a Mercedes, es, sin vueltas, un vicio.
Jazzera en mano, un rato después de las siete de la tarde, mientras el sol da la última pelea antes de ponerse y teñir el cielo de naranjas intensos, ella y yo bajamos, como cada día por el empedrado añejo de la calle Brasil.
Desde la misma cuadra donde jugué al fútbol por tardes enteras, el sonido de una guitarra soltando arreglos bien afirmados en una pentatónica nos llama, como el flautista aquel llamó una vez a los niños del cuento.
Al llegar a la esquina de El remanso -centro social de los de antes, con cantina y cancha de bochas, como debe ser- nos llevó puestos una nube de fotógrafos caminando de espaldas. A pocos metros, de frente, y divirtiéndose como niños tras la pelota, una veintena de vientos venían caminando al son de When the saints go marchin’ in. Gurises y gurisas de apenas 20 años, mujeres de 30, hombres de más de sesenta, un gurí de casi 20 con una pandereta, otro con una tabla de lavar, habían tomado la calle. Su única reivindicación, la música. Su consigna, compartirla con quien se arrime. Su paso, danzarín y seguro.
Tomaron por asalto el escenario -ya en plena jam- de la calle Brasil, forzando a los demás a sumarse. Nada más divertido que ver un baterista tocar mirando hacia atrás para poder seguir el tiempo a los que vienen marchando. La improvisada peregrinación se demoró unos minutos y siguió su camino, esquivando sillas, niños, perros y equipos camino al río. Porque Jazz a la calle, es antes que nada, música en movimiento.
La Manzana 20 se enciende cada noche. Sobre la calle, los puestos de venta ofrecen artesanías, conservas, recuerdos. Un poco más alejados varios mediotanques encienden sus fuegos. Dentro, la plaza de comidas ofrece una propuesta variada y accesible. Entre el público que va acercándose uno puede ver a los músicos que una o dos noches antes arrancaron aplausos, saludando, conversando con quienes tímidos o decididos se arriman a intercambiar impresiones, agradecimientos.
Puntual como siempre, a las diez de la noche, el escenario oficial comenzó su actividad, con una sorpresa difícil de describir
Relatar el viaje del dúo conformado por Iraku Iwakawa y Demian Ornstein es como llevar a la palabra contra las cuerdas, en una pelea, que sabemos, está perdida. Ella dice -y yo le creo- que la impresión general es la de estar en plena pampa argentina, siguiendo el sonido de la guitarra y que sin aviso se abre un portal que te deja metido en un registro ancestral, a la vez ajeno, milenario y de alguna manera inexplicable, conocido.
Demian Ornstein es un virtuoso exquisito que toca al servicio de lo que la música pide. Sin aspavientos, pero sin privarse de nada pasea por las siete cuerdas de su guitarra -sí, amigo lector, dije siete, como las moscas del sastrecillo valiente-, rasga, golpea, arpegia, recorre todo el largo, incluso los tramos por fuera del diapasón, pasando el puente o sobre el mismísimo clavijero, para encontrar el sonido necesario. Y lo hace con una naturalidad, una gentileza que lo acercan a un público cada vez más entusiasmado.
Iwakawa toca varias quenas, de todas las maneras imaginables. Sopla, golpea, acaricia. Grita y tararea mientras sigue tocando. Se mueve como llevado por el código secreto de la matrix donde guarda todo el aire necesario para robarle a un bambú agujereado toda la música imaginable.
Su actitud performática es fantástica. Después de Vos y yo, y Corriendo hacia la nada -más otras dos piezas llenas de vida, se presentó: “soy un ponja que habla español con acento porteño”, y con esa sencillez terminó de encantar hasta a el más incrédulo.
Iwakawa dice que se siente más compositor que intérprete, Bornstein habla poco. Lo suyo es decir con la guitarra. Luego de Brisa verde y Fiesta 2, el público enfervorizado -ayer se oyó el primer oó, o-o-o- o oó del encuentro- reclamó un bis. Allí el músico japonés que siente a la Argentina como su segunda casa y mira con cariño a Mercedes, se dió hasta el permiso de tocar dos quenas al unísono. Perdonen los lectores que las palabras no puedan transmitir el sonido. Siempre está el canal de youtube de JALC para rememorar la noche.
Guilherme Fanti Quinteto nos sacó a recorrer Brasil, con la excusa de presentar su último disco Cordas e ventos, que llegó a la playlist para habitarla largo tiempo. En la tradición de Hermeto Pascoal de explorar los innúmeros ritmos del país norteño, el quinteto va desde la dulzura de Flor Dália -donde la traversa de Ariane Rodrigues y el clarinete de Cris Fayáo se lucen en un dueto bellísimo- a la dulzura de Cordas e Ventos. El contrabajo de Felipe Brisola y la batería de Tiago Mecatti forman una base sólida, melodiosa y llena de matices. Todo Brasil queda contenido en esa dupla. La guitarra de Fanti recorre sonidos que van desde Joao Bosco a Herbert Vianna de Paralamas.
Momento instante, Rever o la cálida Teo acordó son muestras de un paisaje sonoro rico, donde las cuerdas y los vientos efectivamente conforman un lugar en el cual habitar cómodamente, sintiendo en el cuerpo la caricia de la música y la invitación al baile. No es una música de contemplación, sino de cierto canyengue en las caderas al que la noche de verano le da un marco ideal.
Si el dúo inicial era un diálogo casi imposible y sin embargo fascinante entre dos culturas diferentes, el quinteto nos zambulló en el crisol enorme con el que convivimos desde antes de ser país.
La noche, coronada por la luna ahora sí llena, se disolvió entre aplausos, bises y fotos de las que quedan para el registro y el recuerdo. La música se queda flotando sobre el empedrado, avanzando cuesta arriba hacia el sur, caminando lenta desde el oeste hacia el este y la ruta 2. Porque esta semana, el jazz en sus mil lenguajes ha tomado las calles por asalto. Y quién sabe si el cielo también.
Un adelanto de lo que esperamos para hoy










































