
Viviana Ruiz presentó su nuevo disco Añil en la Sala Hugo Balzo del SODRE: Donde habitan la música, la escena y la poesía.
Da la bienvenida a los espectadores una puesta en escena cuidadísima, dos escenarios, el principal a la izquierda, uno pequeño e íntimo a la derecha, y uno escondido que descubriríamos luego.
Antes de develarse el espectáculo un audiovisual proyectado detrás del escenario principal nos muestra el proceso de revelado de las fotos del arte de tapa del álbum, las mismas que cuelgan delante de la pantalla, cada una con un efecto lumínico de espiral que las vuelve hipnóticas.
Entre la pantalla y las fotos colgantes se presenta un escritorio con elementos concienzudamente seleccionados que oficiaría luego de plataforma.
Rulos y más rulos, los de Viviana niña que flotan en esas fotos colgando de las luminarias, y los suyos actuales cuando finalmente aparece dando los últimos retoques a la afinación de su guitarra, parada frente al micro para junto a las tumbas de Ernesto Díaz bien venirnos con Añil; tema que da nombre al disco y que pregona “lo que puedo contar, lo que soy, lo que fui”, anunciando que nos encontramos frente a un paseo por su pasado y su presente creativo.
La intimidad del comienzo da paso a una formación más grande al interpretar Bienvenido, primer tema del disco y en el que se suman a la banda el bandoneón de Ramiro Hernández, el contrabajo de Diego Balseiro, la batería de Sebastián Pereira y el bombo legüero de Ana “Chacha” de León.
Como tercer tema interpreta Canción de Primavera con tumbadoras, batería, contrabajo, la “Chacha” en las maracas y Victoria Gutiérrez que se incorpora en la viola caipira y coros.
La flexibilidad y riqueza de Vivi como compositora se evidencia en los constantes cambios de formación e instrumentación en el escenario que acompañan los distintos climas musicales, y que de a poquito nos van tiñendo a todos de añil: a los instrumentos, a los espectadores, a las fotos colgantes, al escenario, a la voz dulce de Viviana que nos envuelve en sus historias.
Seguimos viaje y nos encontramos con Palomita, una vidalita que habla según su autora sobre “los buenos tiempos”, acompañada de guitarra campina, bombo legüero y un instrumento de percusión preparado con mates en agua.
Le sigue un relato “real o imaginario” sobre su bisabuela Carmela Casaña, tema que lleva su nombre y habla sobre los migrantes que llegaron a Uruguay, graficado con un audiovisual que es proyectado de a partes dislocadas; como una composición visual. En este video se ven las piernas de una mujer con su valija, que camina interminables calles buscando su destino.
No Hay Lugar nos zambulle en uno de los momentos más filosos del espectáculo. Una canción que remarca la marginalidad social que nos rodea principalmente en la periferia de nuestras urbes, con una letra y música que reflejan desesperación en un loop que va generando cada vez más tensión terminando con un final abrupto, todo ilustrado con una proyección sobre una enorme tela que nos pasea por imágenes de asentamientos remarcado por una iluminación que realza brillantemente lo intenso y estridente de la temática.
A continuación, es cuando diapasón al oído, Viviana recorre el escenario tarareando una melodía hasta llegar al escritorio, toma un álbum de fotos mientras sube a una plataforma ubicada detrás de éste, para luego dirigirse detrás del tul que ejerce como pantalla en el centro de la puesta en escena, y nos revela el pequeño y onírico escenario escondido.
Luego comienza el juego de superposición de voces manejado con maestría por Ruiz con un loop que le dan forma a la canción Ta. De esa ensoñación comienzan a desprenderse fragmentos de textos de Bárbara Duhau, Manuela Gómez y Dahiana Erlich alusivos a la maternidad,.
La oda a la maternidad y a sus contradicciones deja paso al escenario pequeño de la derecha, en el que a dúo con la única invitada de la noche Guadalupe Calzada -guitarra española al hombro y con acompañamiento de Viviana en la voz- nos regala el tema de su futuro disco Abrir titulado 4022.
Luego Guadalupe continúa sola con su candombe Canción para cerrar este pequeño acto junto a Viviana -ahora guitarra en mano- cantando Reencuentro de su primer disco Madreselva.
Del disco debut también la canción que le da nombre al mismo es interpretada cuando la protagonista de la noche tarareando -tomando otra vez el tono desde el diapasón- , regresa al escenario detrás del tul y suma con el loop una, dos, tres, cuatro voces.
Luego en ese cuidado vaivén regresa al escenario principal e interpreta Tres Deseos, canción que encarna los horrores de la última dictadura civil-militar en un fuerte relato musical acompañado estratégicamente con un fragmento del audio de la película argentina Los Rubios de Albertina Carri.
Llega ahora la que Vivi nos comparte fue una canción por encargo: Gael, un valsecito solo con guitarra que juguetea con los tiempos casi como una tierna canción de cuna.
Luego Tierra Negra, el segundo tema de su disco Madreselva que es el relato de su familia, contada a través de las plantas de la casa en la que creció y las historias grabadas en el tiempo que representan, nuevamente en formato banda con guitarra, contrabajo, batería, un audiovisual y una dedicatoria a su familia.
La “historia y presente de un país escrita en décimas” Paisito, saca a relucir la veta de Docente de Historia de Viviana, sonando en el mismo formato que el tema anterior, pero sumando tumbas y coros, y terminando a marcha camión como digno representante de uno de los ritmos más característicos de nuestro país.
Ya acercándonos al final se presenta -previa invitación a bailar y con la misma formación- Vos Ve’, con un juego de muñeca en la guitarra que remite levemente a “Shocking Blue” y que hace que la platea comience a pararse en cascada.
Con los mismos instrumentos llega el momento de Vi la Vida, comenzando con un juego a dos voces a ritmo de candombe, y con una dedicación a su hijo Simón que hizo una grulla de origami que cuelga junto a las fotos en el centro del escenario.
Se suma el bandoneón para cerrar casi una hora y media de música, poesía, imágenes, experimentación y raíces latinoamericanas con Despegue haciendo bailar ya a todo público.
Con toda la gente de pie, mientras la cantautora juega con arpegios en la guitarra se realiza la presentación de los músicos y todo el equipo técnico, que incluyen a Diego Janssen como asistente en sonido y productor del disco, Valentina Pérez Silveira en la Iluminación, el diseño de Sofía Epíscopo, las proyecciones de Adrián Bentancourt de materiales realizados por Nicolás Macchiqui y Fede Ruiz Santesteban, Natalia Fleitas como asistente de vestuario, Nairí Aharonián Paraskevaídis en el diseño de flyers, Andrea Villar Miravalles en prensa, la producción de Majo Fuentes y nuevamente Fede Ruiz Santesteban en el arte del disco.
Analía Ruiz y Emilia Beña que participaron de la grabación del disco se sumaron al escenario en medio de los aplausos.
Sin faltar los agradecimientos correspondientes e inmediatamente, a pedido del público se repite Canción de Primavera, para sola con su guitarra cerrar definitivamente el espectáculo con Canción, que tiene en su letra la frase: “la voz detrás del canto que imagina”, y que funciona como corolario autorreferencial casi involuntario, y absolutamente justificado.
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