
Sábado 26 de octubre de 2024
Feliz partió Nicolás Maduro a la cumbre de los BRICS, en Kazán, Rusia. Su sueño no era menor: instalar a Venezuela en este grupo de los llamados países emergentes, un foro político y económico que pretende ser un espacio internacional paralelo al G7, que reúne las economías más desarrolladas del mundo, y que integran Canadá, Alemania, Estados Unidos, Francia, Francia, Italia, Japón y Reino Unido. De hecho, el miércoles se reunió con Putin, el anfitrión, con el que conversaron sobre estos temas políticos y económicos.
Como se sabe, Putin considera a Venezuela un país confiable y todo hacía suponer que Maduro conseguiría la membresía. Pero no contaban con el veto, hasta cierto punto inesperado, de Brasil, uno de los países fundadores de esta organización reconocida como tal el año 2010, luego de la incorporación de Sudáfrica. Hasta ese momento la organización era conocida como BRIC, lo que significa que su nombre responde a las iniciales de los países fundadores: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica que le sumó la “S” al acrónimo: BRICS.
El acrónimo BRIC data del año 2001 y fue creado por el economista británico Jim O’Neill para agrupar a los países que él consideraba con mayor potencial de desarrollo económico. En octubre de este año en Kazán, donde se celebró la la cumbre número XVI, fueron incorporados nuevos miembros en su calidad de asociados: Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Indonesia, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Turquía, Uganda, Uzbekistán y Vietnam. Según Putin, más de 30 países han expresado su deseo de formar parte de este foro político-económico de una u otra forma.
¿Qué pasó con Venezuela? Brasil lo vetó. Lula no estuvo presente porque sufrió un accidente casero que le impidió viajar a Rusia. Pero su canciller llevaba la orden expresa de vetar el ingreso de Venezuela: “Yo no defiendo la entrada de Venezuela. Creo que hay que ir despacio. No sirve de nada llenarlo de países porque en nada habremos creado un nuevo G-77” (países en vías de desarrollo y subdesarrollados). Y no deja de tener razón, aunque aquí, evidentemente, se puso sobre la mesa el conflicto personal entre Lula y Maduro, desde el momento en que el Presidente brasileño se negó a reconocer su triunfo en las fraudulentas elecciones del 28 de julio pasado. Hace solo dos semanas, Tarek William Saab, fiscal general de Venezuela acusó a Lula, en otro de sus desvariados comentarios, de ser “un agente de la CIA”. Y ahora la cancillería venezolana calificó el veto de Brasil como una “agresión”, un “gesto hostil”.
Una cosa está clara: Venezuela se va quedando sin aliados en el continente, aunque ha reforzado sus relaciones con líderes importantes como Xi Jinping de China, Narendra Modi de India y, por cierto, con el anfitrión, Vladimir Putin.
De cualquier forma, y a pesar de las inversiones de estas potencias en Venezuela, lo recomendable es tener buenas relaciones con el vecindario, sobre todo cuando la realidad desnuda la evidencia de un grotesco fraude electoral, que sus propios aliados, y Brasil lo era, lo abandonan.
Pero Nicolás Maduro no es, precisamente, un personaje al que podríamos llamar de “político cuerdo y amistoso”.









































