
El verano suele ser buen momento para leer. En la hamaca, en la playera, bajo la sombrilla, o en el porche. No en vano, toda casa de vacaciones tiene su pequeña biblioteca. Esa donde van a parar desde algunos clásicos a textos que se leen con otra agilidad. Como forma de estar acompañado, a veces de uno mismo, a veces de un oído cómplice al que le compartimos un párrafo, una idea que brota de la lectura.
Divertite sola entonces, editado de forma independiente por Luigi Gioia, es de esos textos que pueden acompañar los días de reposo, o quedar siempre a mano para aquellos que preferimos zambullirnos en otros mundos en los ratos de ocio.
Un niño, un púber, un adolescente, luego jovenzuelo, después hombre hecho y derecho navega las aguas de la vida compartida con amigos en una ciudad del interior en busca de la idea romántica más vieja del mundo. Encontrar a la mujer de su vida.
Si la historia es la más antigua, ¿por qué volver a leerla? me pregunté, mientras seguía navegando entre nombres de niñas y mujeres que se presentan como perlas de un collar que por momentos parece no tener fin.
Justamente allí hay una de las claves, Gioia es un niño ochentero, adolescente noventero, entró a la juventud con el cambio de milenio. Maneja las claves de la música hecha a base de loops, del entretenimiento en formato sitcom. Una mirada dirigida a su propia peripecia
con la intención de narrarla en base a humor, guiños compartidos y una ternura de pinceladas naif.
Así, el libro puede leerse como una serie de crónicas cuyo formato base es “chico conoce a chica, se enamora -o se calienta a secas- y busca que algo suceda…” A veces lo logra, otras no. El loop está en que todas las historias terminan en separaciones más bien civilizadas.
Pero de paso, el libro nos arrima a Mercedes -a la ciudad, no a una chica a la cual conquistar- edulcorada por un código cuya premisa es no ofender. Lo cual no quita que haya algunas observaciones filosas que el humor pone de relieve justamente donde busca limar las asperezas.
Como una Bridget Jones, nuestro protagonista a veces da rienda suelta al delirio, dice cosas impropias, mete manos non sanctas. Pero Gioia enseguida aclara que es una bromita para engatusar al lector. Hay horas de tv argenta en su estilo.
El tono es de comedia, la ciudad es de comedia. En sentido estricto, lejana a toda tragedia. Una ciudad sin más conflicto que el de los chicos de la barra y “los cremas”, hijos de las familias más acomodadas. Un sitio donde “todos” dedican horas interminables a dar vueltas en moto por una rambla que les pertenece por derecho propio.
Los personajes -Luigi y sus amigos, el rosario de chicas que pudieron haber sido, pero justo no fueron- son amables, “buena onda”, a cierta edad emigran por unos años a la capital a estudiar. Añoran volver a un sitio en que siempre fueron felices.
Divertite sola entonces, podría funcionar como un ejercicio de nostalgia, rescata formas de hablar, conductas, padecimientos -como la odisea del primer beso, o la compra de los primeros preservativos-, vivencias -los amigos que se juntan a comer milanesas con puré y comentarse las andanzas de recién llegado a la gran ciudad, la independencia relativa y la universidad- y cuitas de un Werther criollo que no siempre llega a ser el Santos Leiva de la mina esquiva.
Mientras las sucesivas candidatas de este eterno pretendiente desfilan, el lenguaje va mostrando giros donde la ternura -con el mundo, con ellas, y sobre todo, consigo mismo- no se pierde jamás. Quizá por eso mismo, el niño enamorado es el que más pregnancia tiene. Su inquietud y desconcierto ante un mundo desconocido es de un candor que se atesora como un lugar al cual volver siempre.
Un lenguaje llano, repleto de referencias generacionales y de clase social -sin contratiempos económicos ni grandes conflictos- construye ese mundo en que Gioia sigue buscando a la mujer de su vida. Un mundo de finales felices, o mejor dicho, de personajes felices a los que las despedidas más que una herida, parecen dejarles siempre una sonrisa que busca complicidad.
El cierre, como todo loop, tiene algo de lo esperado, y más que abrochar una historia, deja un punto y seguido. Tal vez haya una nueva temporada, un nuevo posteo. O tal vez, nuestro cazador haya resultado cazado.










































