
Lo que parecía ser una auspiciosa presentación de Siouxsie & Banshes, como guinda del pastel para el primer festival de rock masivo tras la dictadura, terminó convirtiéndose tanto en un experimento sociológico, como en la valoración de un género artístico, y encontró en el amplio recinto de la Rural del Prado, un lugar donde una gran masa de público pudo salir de sus cuevas psicológicas e ideológicas, y demostrar a cierta cantidad de apesadumbrados, que el rock no era el sinónimo del imperialismos cultural que vaticinaban. A falta de la estupenda intérprete post punk y su banda, el festival encontró sus puntos culminantes en ciertas bandas argentinas y en varias de las uruguayas nacidas bajo el influjo de los años ´80, las jóvenes generaciones de músicos de rock y de ciertos cantautores vernáculos, de esos que hacen de la música, una conjunción de estilos variopintos, hasta hacerlos suyos y definir su personalidad compositiva. Fue un experimento social de convivencia entre diferentes tribus urbanas, donde no se suscitó ningún problema de convivencia ni con las fuerzas del orden de esa democracia incipiente, aunque es cierto que en el ambiente festivo, esa sensación de incertidumbre correteaba entre el público y planeaba sobre todas nuestras cabezas, incluso la mía que era parte de la organización y uno de los dos encargados de prensa del festival.
Por eso escribo estas líneas, para celebrar la muestra de Julio Alberto López, que dignifican y nos muestran esos diferentes estados de ánimos, que en esos tres días rondaron por el predio de la rural y dentro, en el interior de las fauces de la ballena.
Julio, fotógrafo de reconocida carrera -inspirado por el surrealismo-, captó con su lente diferentes aspectos del festival, no sólo limitándose a la actuación de los grupos, sino también a registrar pantallazos de la realidad que el evento propiciaba.
Espacios de libertad que habían sido tomados, donde chicos muy jóvenes convivieron con otras generaciones, buscando escuchar sus bandas predilectas en los dos escenarios que se habían montado. Uno más pequeño, donde se realizó un certamen para bandas emergentes, buscando abrirse paso entre una nueva constelación sónica, en el que “Guerrilla Urbana” resultó ganador con su emblemático tema “Razzia”, apuntando directamente a los tiempos que corrían.
No fue la única razón para que un caleidoscopio público confluyera, estaba también el intento y el deseo de recuperar algo irrecuperable: el tiempo perdido de la adolescencia para algunos y de la adultez para otros, que la dictadura militar les había cercenado.
Registrado como fotógrafo de la emblemática revista argentina “Cerdos & Peces”, Julio supo moverse entre esa masa heterogénea, sin necesidad de encontrar ningún “instante preciso”, porque simplemente todos los eran. Bastaba con buscar cuales registrar y cuáles no, y alentar a su perspicacia para plasmar las imágenes que nos ocupan. Al haber sido parte de la organización y a la vez periodista y manager de uno de los grupos participantes, me es imposible dejar de señalar esto, porque viví de cerca todo lo que allí sucedía. Julio López ha hecho lo mismo desde la profundidad de la mirada de quién participa y sabe, que allí está ocurriendo algo que traspasa el hecho comercial. Tres días de vigilia, donde el sueño podría vencerte, pero también elevarnos a un grado de excitación que nos hacía vivir aquellos instantes como únicos, y que por entonces, avizorar posibles tiempos de mejoras y de transformaciones. De hecho lo fue. Toda esa extraña argamasa, un tanto bizarra y surrealista como cualquier obra de Dalí o del propio Magritte a quién Julio admira, confluye en el festival de rock más emblemático a nivel masivo tras la asunción de las nuevas autoridades democráticas. El fugaz fotógrafo de la corrosiva “Cerdos & Peces” debió sentirse a sus anchas, mientras sorteaba chiqueros de lodo tras la tormenta acaecida en la primera noche impidiendo la presentación de Paralamas do Suceso. Mientras algunas carpas eran desplegadas con la intención de pasar la noche, en una extraña similitud a un Woodstock local, que pareció transformar el paisaje de la rural en una desbandada de un campo de fútbol. A su vez era arrastrado por una corriente que fluía desde el escenario, donde las reverberaciones recogidas por el público estimadas en más de 30 mil espectadores durante los tres días, eran devueltas hacia sí mismas, en un especie de feedback gracias a la comunicación generada entre unos y otros. La actuación de Sumo con Luca Prodan fue una embestida de búfalos tanto como el pasar de una locomotora desvariada a todo pulmón. Un shot de adrenalina entre las ocurrencias del frotman, la apisonadora de su base rítmica, la guitarra y los soplidos del saxo. En una entrevista previa realizada en el backstage, aparece un policía con una largo sable, Este mira los pies en chanclas de Luca y su camiseta sin magas. Luca señala su espada y con acento italiano dice: “¿qué es eso un emblema?” Para muchos Sumo fue el punto culminante del festival, pero también estuvo un eléctrico Fernando Cabrera, Los Estómagos, Los Tontos, ADN, la mayoría de los grupos del compilado “Grafiti”, El cuarteto de Nos, La Tabaré, Alvacast, Zaffaroni y notorias ausencias como Rada y Jaime Roos. Fito Paéz con un show memorable y GIT con un ser demoledor con esa impronta new wave marcada por The Police.
No voy a citar a todos, pero sí a muchos de los que fueron registrados. Entre ellos a Patricia Sosa y La Torre. A un Renato Russo lleno de poesía de Legión Urbana, al que el público no supo comprender ni escuchar la inmensidad de sus letras. Pero aún quedaba un día más para concretar los tres días de vigilia.
Días en los que el cronista gráfico continuaría indagando y señalando como las diversas franjas etarias se diluían, y el rock era el motor que impulsaba a aquellas jóvenes de los ´80 ya próximos a la Perestroika.
A último momento se nos anunció que cerraríamos el festival. Me refiero a Los Traidores de quién también era su manager. En cualquier otro lugar del mundo ese es un lugar de honor, pero la banda tenía una larga serie de problemas con el poder, y sin ser tan explícito, estaba de su lado. Domingo cerca de la medianoche. El lunes se aproximaba y la ilusión de esos tres días eran el recuerdo y una exaltación de júbilo aún viva para aquellos que volverían a sus horarios habituales de trabajo. El equipo de producción al que pertenecíamos Raúl Forlán y yo, nos dejó solos sin previo aviso. Seguramente para compartir un festejo en privacidad y no verse involucrados en lo que pudiese pasar. Así, en medio de la nada y ante seis mil adeptos, Los Traidores subieron a dar un show memorable, y no sólo “la lluvia” había caído sobre Montevideo, también las estampas de viejas fotografías, las “Vivianas” reaccionarías, las que quizás podrían irónicamente flores en nuestras tumbas, mientras los “Juegos de Poder” continuarán siendo los mismos. Julio estuvo allí y las imágenes de la banda aparecen junto a las otras. Aquellos que esperaban su canciones, vibraron en torno ellas, mientras yo pedía al conductor del ómnibus que lo acercara lo más próximo posible al escenario, mientras un grupo de fuerzas de la policía se acercaba hacia este y el público, previendo algún desorden. Nada nuevo para una banda que siempre fue combativa, sin muchos pelos en la lengua, oportunos o no. Terminó el show y los introduje rápidamente en el CUTSA. Le di un dinero al conductor y le dije que nos sacara de allí. A lo lejos volaron algunos botellazos, pero en general el público se marchó tranquilo enfilando por 19 de abril posiblemente hasta Agraciada. No vi a Julio pero supuse que estaría entre esa pequeña multitud que se había agolpado frente al escenario. Es imposible hablar sobre sus fotos sin hacerlo sobre ciertas anécdotas que ocurrieron. Es sabida la lluvia de monedas que le cayeron al entonces intendente Jorge Elizalde del partido colorado, cuando le entregó el premio por banda emergente a “Guerrilla Urbana”. El mismo partido que promovía las razzias contra los jóvenes que no se avinieran a sus paradigmas, entregaba un premio a una canción contra estas acciones indiscriminadas. Que luego rectificó la entonces ministra Adela Reta, catalogando a los punks como una “patología social”, y años más tarde ya en los ´90 ante el cierre del Pub Juntacadáveres, la representante de cultura de la intendencia, la entonces Dra. Julia María Muñoz, ella tan candombera, los trato a todos de “faloperos” como si ignorara lo que pasaba a su alrededor.
Esa patología social fue quién junto a otros representantes de la cultura, plásticos, escritores, actores, comenzarán a aggiornar la cultura nacional. Varias fueron la causas de su fracaso. La irrupción de los millennians como hijos de un posmodernismo bastardo, la irrupción de nuevas clases sociales ligadas a las tecnologías informáticas y el narcotráfico, y una involución ideológica del pensamiento progresista. Mientras el imaginario tradicional había sido destruido por la dictadura, unos trataban de volver el tiempo atrás para reconstituirlo. Los siguientes Montevideo Rock perdieron su esencia contracultural y se volvieron un ágape de las finanzas. Los ´80 fenecieron con Los Estómagos y su recital despedida en el ex Cine Cordón. Julio López no pudo hasta ahora mostrar los documentos de ese viaje hacia la pequeña masividad que permite nuestro país. Salvo escasos años, la “Cerdos & Peces” tenía inconvenientes de financiación. El número en el que Enrique Syms había decidido publicar las fotos junto a unas líneas de quién escribe se retrasó considerablemente y ya otros se habían hecho eco de la noticia. Como compensación el Cdf muestra ahora el trabajo de López como un documento inédito personal. A fines de 1986, viajamos con Los Traidores a Baires a compartir cartel con CLAP en un boliche llamado “Gracias Nena”. Enrique siempre gusto del grupo, y como forma de compensación, no tuvo mejor idea que subirse al escenario y presentar al grupo tras un breve monólogo. Víctor (Natero) en el viaje de ida en el vapor de la carrera, tras un golpe de mar que sacudió el barco, se golpeó la cabeza contra una puerta de metal abriéndose una brecha en su cabeza. Lo cosieron en el transcurso de viaje y toco la noche siguiente con un enorme vendaje que lo convertía en un encantador de serpientes. Una verdadera historia del punk. Entre ese acontecimiento y la incursión de López por los territorios del 1° Montevideo Rock, se cierra todo un círculo que encierra las contradicciones, aciertos y frustración de toda una época.
Ver esta publicación en Instagram

Exposición: Tres días de Vigilia. Montevideo Rock´86.
Fotografías de: Julio Alberto López. (Yula)
Inauguración: 3 de Octubre 12 horas.
Lugar: Fotogalería Prado. Pasaje Clara Silva Esquina Av. Delmira Agustina (próximo a la Rosaleda)
Coordinación de la exposición: Victoria Ismach y Gabriel García del CDF.
Digitalización y tratamiento digital: Gustavo Rodríguez /CDF.
Preparación de archivos y control de impresión Gustavo Rodríguez y Guillermo Glasanti / CDF
Textos: Guillermo Baltar Prendez, Victoria Ismach/CDF y Julio “Yula” López.
Corrección de Textos: María Eugenia Martínez
Gráfica: Mathías Domínguez /CDF
Realización de Montaje: Empresa Camoatí
Ver esta publicación en Instagram