En solo diez días toda la fuerza, la vigencia de la música y su historia, implacable y sanadora, desbordó los límites en el Rio de la Plata.
Tres shows, dos de ellos en Montevideo, invadieron como una tromba la vida de muchas personas, de las apasionadas, de las curiosas y de las descreídas.

17 de Noviembre 2023 – Estadio Centenario.
Roger Waters, dio una clase maestra (como casi siempre) de lo que es un show de primer nivel mundial. Visual, lumínico, teatral y de un sonido impecable, que venció el temporal y el diluvio que cayó sobre el Estadio Centenario, razón por la cual el toque se debió suspender por algunos minutos.
En dos horas de show, esta vez, Roger hablo bastante sobre el escenario, cosa poco habitual, es claro, esta de despedida. ¿Qué no toco tal o cual tema? ¿Qué desempolvo joyas desconocidas de su repertorio personal? ¿Qué esquiva a Gilmour? Si. Todo si. ¿Y? Con sus ochenta años y cincuenta y nueve de carrera, dio un espectáculo imposible de ignorar, que se puede ver en las redes para comprobarlo. Fue un toque más discursivo, contestatario y politizado que otros, es cierto. Los que pensaron que iban a ver una réplica del show anterior en Uruguay o del los que dio en Argentina tiempo atrás, no estaban informados de como venía la mano. Se está retirando y esta fue la elección del armado en “Esto no es un simulacro” (nombre del show en español). Descargó todas la baterías en recalcar lo que siente, buscó las letras adecuadas, los climas necesarios, a sabiendas que quizás no deslumbraría como en otras oportunidades. Si bien no faltaron algunos clásicos, esta vez la historia fue otra, la historia es otra. Solo basta con mirar un poco más a los costados. Terrible toque.

26 de Noviembre 2023 – Estadio de River Plate. Argentina.
Los Red Hot Chili Peppers desmoronaron a todo funk y groove el Monumental. Las tribunas temblaban y las gargantas se desbordaban. Una locura. Acá si, éxitos, hits, las que todos sabemos e improvisadas jam entre tema y tema. Frusciante está despegado, con la viola ni hablar y esos coros en falsete que hipnotizan y te los deja zumbando en la cabeza. Flea incontrolable, entró al escenario caminando en paro de mano, hasta tocó parado sobre el amplificador y después ,como siempre, metió esos movimientos epilépticos y desaforados, que para reponerse de eso, cualquier ser de este planeta no le alcanzarían todos los ceros de un analgésico flex. Pogo arriba, pogo abajo. El agite en el campo era una marea.
Impresionante. Anthoni encaró el toque con su habitual despliegue vocal y lleno de energía a pesar de una rodillera en una pierna y una férula en la otra, no se guardó nada, corridas incluidas. Y Chad, sin palabras, desde atrás de los tambores aguantando a todo tren los viajes del bajista y violero que se van tras el primer soplo de inspiración. Una locura. Mismo. Otra banda donde los integrantes promedian los sesenta años (Jhon es el más joven con cincuenta y tres) y no se nota. Ahí arriba no se nota. Pudimos ver la mejor formación de los Red Hot, a mi entender, aunque todos quienes pasaron por la banda, sobre todo violeros, dejaron su huella. Otro gol de la historia y la vigencia. Cero dos los descreídos.

27 de Noviembre 2023 – Antel Arena.
The Cure cayó en Uruguay por esas cosas maravillosas que tiene el destino, y que agradecemos. Realmente nunca tuve la plena convicción que los llegaría ver. Además, en este caso, es una banda que transitó sus mayores éxitos en los ochenta y principios de los noventa, otras épocas, otras tribus, otra energía que recorría los cielos del planeta. En un Antel Arena repleto hasta las manos, la gente bailo, cantó y acompaño haciendo coros en muchos pasajes del toque y sostuvieron sobrevolando los climas más festivos, los más densos y dark de la banda de Smith, quién tocó y cantó como siempre. Con su imagen habitual vestido de negro, labios rojos y ojos escondidos en el negro Cure. La vigencia de su voz, de sus letras brillaron sobre el respaldado de una banda imponente. Esas guitarras voladoras, batallándole a la distopía, repletas de dulce melancolía, fueron y son el sello distintivo, y la voz de Robert claro. Que cantó dos horas y media (si) solo, sin coros, él, rellenando el paisaje de sus fantasías y locuras existenciales. Agradecido y emocionado, se fue ovacionado tras el saludo final a todos los rincones del lugar. Otro espectáculo impecable en todos los rubros, haciendo del marco general un disfrute que se agradece. Las apariencias físicas y las edades no son todo en el planeta. Tres cero.
En solo diez días mucha fiesta para los amantes de la música, para amigos y compañeros de ruta. No todo es nostalgia y veinticuatros de Agosto. Hay realidades que rompen los ojos, hay músicos y músicas a los que no hay con que darle. Eso también es rock.
Salú.
fino.














































