
El escenario nos recibe a telón abierto, mostrando un gran despliegue de instrumentos. A ambos lados han colocado unos grandes muñecos del estilo de los cabezudos de carnaval, de factura bien artesanal, hechos en tela. Al fondo se proyecta una imagen con el nombre del artista y del espectáculo, repetido muchas veces, superpuestas las letras rojas sobre diseño gris, como indicando varias posibilidades de ese “Yo quién sería”.
Diez minutos antes del inicio, ingresa a sala el Maestro Washington Tabárez con su hija Tania, lo que genera un espontáneo aplauso, incluso veo a gente que se levanta para aplaudir al antiguo entrenador de selecciones uruguayas de fútbol. Su presencia es habitual en los conciertos de El Alemán, hay un vínculo muy cercano del artista con el ambiente futbolístico, y especialmente con Tabárez desde que le dedicó la canción Maestro, un clásico en sus recitales.
Cuando se apagan las luces de platea, los artistas salen en silencio a escena, vestidos con ropa negra u oscura, mientras un sonido digital se empieza a sentir acompañando al coro murguero, dirigido por el propio Gerardo Dorado “El Alemán”. Mientras cantan Cambio de noche, empiezan a caer del techo unas guirnaldas con coloridos banderines, da la sensación de un ambiente de antiguo tablado de carnaval. Tras un silencio, se planta en el centro del escenario el artista, con su guitarra, mientras siguen cayendo guirnaldas y grandes piñatas de papel.
Recién verifico que todos los artistas están ataviados con unas máscaras o antifaces. No sólo los cantantes, también los músicos de la banda. Suena una potente versión de Colombina de Jaime Roos, parte de las canciones populares que forman el repertorio de El Alemán, para seguir con un estreno: Yo quién sería, uno de los últimos lanzamientos de un disco que aún no termina de publicarse en su totalidad, según las nuevas dinámicas de la música actual. De todas formas la gente ya conoce la canción, que también tiene un cuidado video musical. Me consta porque el niño que está detrás de mí acompaña el coro, mientras en la pantalla se muestran imágenes de un vestuario de murga, de actuaciones carnavaleras, mezcladas con la transmisión en vivo de lo que está sucediendo, todo en blanco y negro.
Al terminar, se retira el coro e ingresa Guzmán Mendaro con su guitarra, también con antifaz, para hacer el nuevo sencillo Ofertas para curarse, a dúo con Alejandro Spuntone pero éste no está presente, sino que vemos la imagen de su sombra proyectada, negro sobre fucsia. A continuación otro cambio de invitado: se retira Mendaro e ingresa Lu Ferreira, luciendo no sólo el antifaz sino un gran cinturón que me hace acordar a los que premian a los boxeadores. La canción es Kamikazes, y mientras cantan a dúo se proyectan imágenes de un ring de boxeo. Siento que todo está muy bien planificado, hasta el mínimo detalle.
La siguiente canción también es a dúo pero con Laura Canoura en pantalla, registrada cantando A destiempo desde un estudio de grabación. Al finalizar, El Alemán se retira la máscara, pienso que finalmente nos va a saludar, pero no, hace Canción para agradecer, otro de los sencillos que está estrenando este 2026. Al terminar se retiran todos, menos Iván y Rodrigo en teclados y guitarra, para hacer una versión instrumental de Nocturno.
Finalmente vuelve El Alemán con toda la banda y el coro, nos saluda, nos da la bienvenida: “gracias por elegir estar acá”. Se le nota emocionado, conmovido. Menciona el uso de los antifaces, y de la dificultad que implicó hacer todas esas canciones de un tirón, sin parar, sin poder hablar. Fue una decisión estética o quizás técnica, por la interacción con las pistas digitales… que le resultó tan incómoda en lo personal, en lo humano, como a mí como público, ya que estamos acostumbrados a un Alemán cálido, cercano, que presenta a las canciones, a los invitados, que introduce y da contexto a cada tema, y realmente se extrañaba esa forma de presentación. Afortunadamente la primera parte del show, con las canciones de reciente lanzamiento ya pasó con todo éxito, y ahora volvemos a un Gerardo relajado, disfrutando de la actuación y el contacto con su público. Procede a presentar a la banda estable, mencionando la cantidad de años ¡muchos! que hace que tocan juntos: Nacho, Iván y Rodrigo. Luego también al coro murguero y comienza un bloque con grandes clásicos: Fútbol paralelo, Caminar por la cornisa, Tocó perder, Mírenla venir, hasta que se retira el coro y toca sólo con la banda: Construcciones y Oficiales de la moral.
La banda se va del escenario mientras El Alemán nos introduce Yo me la gané trabajando, recordando conceptos del gran Atahualpa Yupanqui, para seguir con Resiliencia a dúo con Lu Ferreira y una versión corta de Mi canción, sólo con su guitarra. Un precioso regalo de intimidad del artista con su público.
Vuelve la banda para hacer Perfil de egreso, y mientras retorna el coro, Dorado nos confiesa: “Hay que hacer fuerza para no emocionarse. Esta es una fecha especial, La Moncada. Saludar a esa generación que tuvo esperanza, saludar a los cubanos, cuando las intenciones del imperio están a la vista.” Reflexiona sobre quienes piensan que los artistas no deben tener opinión, él cree en el derecho de los artistas a decir, mientras le da la bienvenida a Numa Moraes, que guitarra en mano se presenta en el escenario y se sienta ante un atril, para hacer entre todos Cielito del 69, secundados en proyecciones de imágenes de ese año, con las movilizaciones populares, los cañeros, Utaa, la represión militar… Qué privilegio contar con un artista comprometido. Sigue La patria compañeros, coreado por todos los presentes, que termina con una placa que dice “La patria compañeros, la vamos a encontrar”. Realmente un momento intenso, conmovedor.
Vuelve a ingresar Guzmán Mendaro para hacer Reglas y juegos, y se suma una batería de murga junto al guitarrista Darío Prieto. Se viene el bloque de fútbol con un ¡vamo la Iasa!: Jugadores del pasado y luego la batería cambia a los tres tambores para tocar el candombe Maestro, que es introducido con la reflexión: “a veces uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde…” Nuevamente ovación, hay quién grita “volvé Maestro” y varios lo festejan.
Es el momento de presentar a todos los artistas participantes y de agradecer: al Maestro por su presencia, a la familia que siempre está, a Camila, al personal del teatro, a Agustín en boletería, a Agustina en pantallas, a la gente de los distintos departamentos que se acercaron a la capital una fría noche de domingo, una dedicatoria especial a su madre.
El espectáculo aparentemente finaliza con La misma alienación y El valor de un te quiero. Afortunadamente, hay bis pero nos advierte_ “precisamos que canten” para hacer con toda la barra Zumba que zumba con un sutil cambio de letra, que se agradece en estos tiempos modernos; y un final a todo ritmo: Cumbia de los pobres, popularizada junto a Martín Quiroga. Nos vamos con el corazón caliente, contento. El Alemán no para, él se marcha mañana a Australia a llevar nuestra cultura a las antípodas, y nosotros nos vamos sintiendo que fuimos parte de algo importante.