Cuando vi por primera vez el trailer de The Substance lo primero que pensé fue: “Es como si David Cronenberg hubiera dirigido The Neon Demon, oficialmente tiene todo mi interés.” Y no me equivoqué porque me dio exactamente lo que esperaba, y un poco más. La premisa es sumamente simple, y es algo que ya hemos visto mil veces. Son los mismos ingredientes que ya conocemos, pero con una receta que sale bastante de lo convencional.
Tenemos a Demi Moore interpretando a Elisabeth Sparkle, una actriz de 50 años que ya ha dejado atrás sus años de fama en Hollywood y conduce un programa de televisión que ya está teniendo poca audiencia. Ya sabemos lo que sucede: la industria constantemente busca caras nuevas y más jóvenes, y la despiden. La carrera de Elisabeth está yendo en picada, y es en este contexto donde llega a sus manos la posibilidad de probar una droga que promete “Crear una versión más joven y más perfecta de sí misma”.
Desde la primera secuencia ya nos damos cuenta de que no es una película con subtextos filosóficos y metáforas intrincadas, sino que va al grano y te está mostrando exactamente lo que vas a ver, sin nada de sutilezas. (Los posters con la jeringa con líquido verde al estilo Re-Animator ya nos da la pauta). Es obvia pero al menos en este caso no es algo malo sino que, por el contrario, hace que el mensaje llegue con mayor impacto. Mensaje que claramente denuncia la cultura de la superficialidad y la misoginia, nada que no hayamos visto antes miles de veces. Pero lo realmente original de The Substance es cómo lo cuentan, la elección y combinación de los elementos empleados.
Cuando digo que me recordó en varios aspectos a The Neon Demon no lo digo solamente por la estética onírica de los años 80 o por la música Synth, sino por el uso de la belleza como recurso de impacto: ves escenarios lujosos y mujeres hermosas y hegemónicas pero te lo muestran de la misma manera que te muestran las escenas más sangrientas y violentas que provocarían náuseas a alguien con el estómago sensible. Como si se tratase un vino Blanc de Noirs donde se utiliza una cepa de uva de vino tinto para la elaboración de un vino blanco, el proceso genera un híbrido que al principio tal vez tenga un sabor extraño y es un gusto adquirido. Te genera conflicto ver culos y tetas en la misma secuencia en que ves sangre y carne en descomposición. Y es precisamente el punto, resignificar las imágenes como si se tratase de una terapia de aversión.

El uso del Body Horror no tiene nada que envidiarle a los Cronenberg, no solamente por el impacto visual sino por toda la construcción de la incomodidad y la sugestión que va generando al espectador. (Sobre todo me recordó a The Fly y Possessor respectivamente). El asco y el dolor se sienten muy reales así como la vulnerabilidad, la angustia, la incapacidad de parar con algo aún sabiendo que te está destruyendo.
Sé que la dismorfia corporal y los problemas de percepción de nuestra imagen es algo que atraviesa a todos los géneros, pero tampoco vamos a pretender que las mujeres no hemos estado bajo ese lente por más tiempo. Y Coralie Fargeat no es nada sutil en mostrar este aspecto jugando con los contrastes entre Margaret Qualley siendo perfecta como una muñeca Barbie fresca y sonriente, y Demi Moore que no tiene miedo en mostrarse en sus ángulos menos favorables, no solamente por sus desnudos y primeros planos sino por su actuación donde realmente lo deja todo en la pantalla. Es un momento “full circle” teniendo en cuenta que a Moore siempre se la tendió a menospreciar bastante como actriz ya que lo que se destacaba siempre era su aspecto físico, y aquí demuestra que claramente siempre tuvo un potencial que nunca se había explotado como se merecía.
Desde que supe de esta película le tenía mucha fe y esperaba que no me decepcionara. No solamente no me decepcionó, sino que superó mis expectativas. Fargeat sabe muy bien lo que hace, sabe dónde colocar símbolos estéticos y de status (como un par de botas Louboutin) y sabe cómo usar las referencias cinéfilas que tanto nos gustan. Desde las más obvias a Stanley Kubrick que ya vimos en las imágenes promocionales, como otras un poco más sutiles que me sorprendieron, como homenajes a varios directores clásicos como Alfred Hitchcock. Y en cierta forma es sorprendente que una película sea tan obvia y a su vez tenga tanto para decir.
El concepto de ser la misma persona pero con la consciencia dividida en dos cuerpos es un concepto que no está tan trillado en el cine, pero sí hemos visto en series como Black Mirror o en videojuegos como SOMA. (Sí hemos visto dos mentes compartiendo un cuerpo, como Fight Club o Severance, pero no tanto a la inversa). De hecho como gamer disfruté mucho las escenas en primera persona, y como dato curioso el primer personaje que vi interpretar a Qualley fue a Mama en Death Stranding, haciendo actuación de voz y captura de movimiento. Otra actuación que aquí me sorprendió, cómo alterna entre la ingenuidad y la psicopatía en un abrir y cerrar de ojos.

¿La recomiendo? Sí y no. Personalmente me pareció excelente, pero también entiendo que no es para todos los públicos. No sólo por el Body Horror sino porque hay que estar en sintonía con el tono de la película, sobre todo llegando al final donde claramente hay un cambio y a muchas personas les puede parecer ridículo o fuera de lugar. Hay que tener siempre en cuenta que no se puede tomar en serio todo lo que sucede, ni podemos creerle 100% a la narrativa. Muchas cosas son exageradas con toda la intención, y hay que hacer de cuenta que estamos viendo un slasher de los 70 u 80.
Ahora dando mi opinión honesta como mujer, hay que ser consciente de que si la ves en un mal momento, puede hacer mierda tu autoestima. En mi caso la vi habiendo tomado dos Negronis y superando una alergia, un poco cansada y con la cara aún hinchada y con un poco de ansiedad social, y debo reconocer que fue una jugada arriesgada de mi parte. Pero sabía lo que iba a ver e hizo que fuera una experiencia de esas que no se te olvidan. En otras circunstancias tal vez me hubiera incomodado, ya que es muy realista al representar todas esas inseguridades femeninas donde somos conscientes hasta del último poro de la cara, y donde empezamos a sobrepensar cada detalle. Porque The Substance habla de cómo se trata a las mujeres en la industria del entretenimiento y en general, pero también habla del daño que una se causa a sí misma queriendo alcanzar ciertos estándares.
Siendo consciente de todo eso, la recomiendo totalmente. Es de esas películas que definitivamente vale la pena ver en el cine. Eso sí, por las dudas no pidan pop.




















