Supongamos que se trata de un libro – A propósito de Madmaxismo de Fernando López Lage

Los pasados 18 y 19 de marzo, en el Museo Nacional de Artes Visuales se presentó el libro de Fernando López Lage: Madmaxismo. La presentación estuvo a cargo de Enrique Aguerre, Luciana Damiani y Fernando Barrios.

Para la ocasión escribimos un texto que reproducimos aquí:

Supongamos que se trata de un libro
A propósito de Madmaxismo de Fernando López Lage

Comencemos parafraseando a Fran Lebowitz- personaje que admiramos ambos- en Supongamos que N. York es una ciudad, plantando la sospecha maliciosa respecto a que estemos ante un libro. Ya de paso nos evitamos el trillado Esto no es una pipa…Quizás no sea tan disparatado, ya que sabemos que en el campo del arte nada es lo que parece.
Y dado, además, la más que justificable distancia crítica que el mismo López Lage establece con la cultura letrada.

El libro en tanto dispositivo colonial de escritura, en este caso al menos, quizás pueda entenderse como el agenciamiento de textos collage- y el libro mismo puede ser pensado en tanto collage- o constelación subjetiva de ideas y experiencias a ser vividas, sin que sean evitables los tropezones, los cambios de dirección y o de tono, las
alternancias de registros distintos de análisis, como capas de cebolla o cinta de moebious en la que se pierde toda lógica binaria del adentro y del afuera. Quizás más cercano a la diseminación derridiana o a la escritura proliferante, neobarroca de un Perlhonger o un Lezama Lima, solo que en el campo del ensayo, Fernando nos pasea por las mil y una voces de la conversación contemporánea.

Y eso quizás sea ya su primer seña de valor y disidencia: alguien del campo de las artes, visuales si queremos conservar este adjetivo aún, no un filósofo, ni un sociólogo ni un antropólogo, hablaescribe (permítanme esta condensación neológica, que creo más que pertinente, ya que de un escribir cercano al decir, por momentos indistinguiéndose de
él), hablaescribe de filosofía, de política, de biología y de ciencia, de tecnología y de subjetividad y… de arte. Porque los campos hace rato disueltos, de-generados aún pretenden especificidad y expertos en la academia y no solo allí.
López Lage atraviesa géneros y disciplinas a tono con lo que Bruno Latour, Donna Haraway, Viveiros de Castro e Isabelle Stengers entre otrxs, hace tiempo vienen haciendo.

Dice Bruno Latour en Nunca fuimos modernos: “Híbridos nosotros mismos, instalados de soslayo en el interior de las instituciones científicas, algo ingenieros, algo filósofos, terceros instruidos sin buscarlo, hicimos la elección de describir las madejas dondequiera que nos lleven”

Traducción o red, serán para Latour, las herramientas para recoger estos hilos de Ariadna, de estas historias mezcladas.
Libro compost, de parentescos raros, de ensamblajes y composición cyborg o pariente de textos calientes y en descomposición generativa.

Y me detengo tanto en esto que podría no ser nada más- ni nada menos- que una nota de método, porque hace tiempo considero que: el cómo es también un qué. Es decir, cómo se hace algo es también ese algo. Forma y contenido nunca fueron del todo por carriles separados, pero esto supone un paso más, al considerarlos indistinguibles.

Dicho sea de paso, muchas veces constatamos obras de factura formal impecable, super pro, que sustentan ideas más que pobres o carentes de toda problematización, en sentido foucaultiano. Y esto vale tanto para la escritura como para las artes visuales.

Supongamos que se trata de un libro, entonces diremos que es de los buenos, en un sentido más que antojadizo y personal: uno entiende algo de lo que se trata, recién cuando termina de leerlo. E incluso en su relectura. La última frase, la que cierra, concluye el libro, dice: “…madmaxismo, esa última expresión desesperada del humanismo”, y uno suspira: ah! Era eso!!… no estaba tan errado.

Pero el madmaxismo, dice alguien por allí, puede incluir estrategias de supervivencia ante la crisis que van desde crear tu propia huerta a comprar un rifle para protegerte de lxs otrxs.

El libro se abre con un paneo descriptivo-analítico de lo que podríamos llamar muy malamente: el presente. Un presente que se reconoce heredero de una modernidad occidental, colonial que es conquista y episteme y epistemicidios múltiples y antropocentrismo especista y una larga lista de sesgos desde los que percibimos/nos
percibimos, concebimos y excluimos… desde los que vivimos. Es también una hoja de ruta de las múltiples advertencias que hoy ya son imposibles de soslayar: advertencia decolonial, de los feminismos, de la racialidad y las múltiples opresiones interseccionales, antiespecista etc. etc.

Es también una puesta en crisis de una racionalidad, que permea- lo sepamos o no- no solo el pensamiento o los sistemas filosóficos sino también al arte y a la vida.

De ahí la pregunta no retórica que nos lanza: “¿La vida, la naturaleza, la especie humana podrán ser interpeladas desde la propia epistemología moderna?; y si no fuera así ¿cómo lo haremos? ¿Podremos acordarle a la fabulación y a la especulación, y, mejor aún a la fabulación especulativa, estatuto de conocimiento? ¿Y a otras cosmovisiones no modernas, a otras cosmopolíticas?

¿Es la episteme el único modo de conocer? ¿Hay lugar para los saberes subalternos, de los que hablara Foucault en Defender la sociedad? Y ¿acaso el arte- seamos menos grandilocuentes: acaso algún arte- no operó siempre desde una otra relación al conocimiento y al saber?

La producción-invención de lo humano se devela de la mano de Peter Sloterdijk y su noción de antropotécnicas como técnicas de producción de lo humano que ocultan su costado eugenésico. La eugenesia como fantasma que se adjudica al avance tecnológico es algo similar a aquello que nos advirtiera el psicoanalista Donald Winnicott: “se teme
algo que ya se vivió”, se teme el advenimiento de lo ya vivido. El futuro ya está aquí o Nunca fuimos humanos.

Madmaxismo es un reto, una provocación más que una tibia invitación. Es una apuesta política a revisarlo todo.

Una ampliación de la comunidad que incluye animales humanos y no humanos, seres bióticos y abióticos, máquinas y sistemas con los que agenciarnos, con los que aumentar nuestras potencias y hacer vivibles todas las vidas, puede ser visto como utópico y quizás lo sea, pero emparentado con el sentido revisado que José Esteban Muñoz plantea en Utopía queer de una “futuridad antinormativa”.

Entre el No future de Lee Edelman y la futuridad queer, la apuesta de Madmaxismo extiende o borronea las fronteras hasta incluir lo extraplanetario, lo alien.

Acoger lo alien sin miedo a alien-arse, hacerse otrx, desde un compost que habilite devenires múltiples, no es una apuesta ingenua. Implica una reconfiguración de las relaciones de poder y dominio que- no solo rigen nuestras vidas- sino que las producen.

Somos efectos de relaciones de poder, que como señala Paul B. Preciado, todxs hemos creado o sostenido-soportado, por lo que no se trata de una política de la victimización sino lo contrario una asunción del poder y la potencia en los actos performáticos que nos producen en relación.

El lugar de las mujeres, en tanto sujeto político que excede la asignación sexo-genérica e incluye a todxs aquellxs que deciden nominarse mujeres, desde identidades posicionales y trans, es central en este libro. Y es o son los feminismos el movimiento social y político más removedor de los siglos XX-XXI, desde las sufragistas a las xenofeministas post harawaianas, pasando por el feminismo de la diferencia y el de la igualdad y el transfeminismo- atravesado por la teoría queer- y los feminismos decoloniales e indígenas e islámicos y los feminismos negros. Porque el antropocentrismo es un androcentrismo y el capitalismo es también dominación masculina y colonial y especismo humanista. Y porque el humano es el hombre, desde una política sexual de la lengua que hace de lo masculino el genérico- Oh casualidad!!

Y entonces se hará entendible el gesto de Haraway de incluir la intervención-caricatura que Sydney Harris hace del Hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci en El perro de Leonardo. Caricatura que no obstante no le sirve a Haraway- así lo dice: “para el tipo de altermundialización que busco con los compañeros mundanos”, ya que aún sostiene un
tecnohumanismo con sueños de purificación y trascendencia.

López Lage puebla la escena contemporánea de una urgencia y una radicalidad inéditas, y lo hace sin concesiones. Quienes decidan habitar circunstancial o de manera permanente el campo del arte, no podrán ya refugiarse en las comodidades de lo ignorado o evitado. Una larga lista de advertencias ha sido hecha y cada quien sabrá o deberá descubrir que sayo le corresponde.

Es por eso que no sabemos si agradecerle o maldecirlo. Yo elijo agradecerle

A propósito de este nuevo libro conversamos con su autor:

-Cómo surge la idea del libro y por qué este título?

Surge como una continuidad de un grupo de ideas que se desarrollan en los grupos del seminario del Programa de formación permanente del fac. Desde ahí se proponen temas de estudio que están siempre en el contexto de las producciones de artistas, que cada vez mas, se cruzan con la filosofía, la ciencia, la tecnología. El libro anterior El color Pharmakon, de alguna manera planteaba un principio donde estaba presente la decolonialidad. La referencia estaba vinculada al tema de la historiografía del color. Desde ese parámetro eurocéntrico que está en permanente discusión y deconstrucción, se generó un viaje que me gustó compartir; ya que también estaba vinculado al Uruguay.

Madmaxismo no plantea una continuidad del libro anterior, aparece desde esos mismos lugares de reflexión como el seminario del fac, pero más enfocado en el Antropoceno y la Era Moderna. Madmaxismo es el nombre que se da en las redes sociales, a las sujetos más apocalípticos, los que se asocian con ese imaginario hollywoodense, de zombies, donde el planeta es un lugar seco, sin combustible fósil, ni agua y donde se presenta una encarnizada pelea por la supervivencia, que siempre es individual. Una romantización del fin del mundo que ni se le ocurre que podría haber una alternativa que sugiera el fin del capitalismo. Madmaxismo es un disparador para entender porqué esto sucede, porqué no se escucha otra posibilidad, y desde ahí se produce una especie de ensayo que conecta y cuestiona formas del pensamiento y del arte como ejemplificación. Me parece interesante plantear desde las imágenes que propone el arte, como se fue instruyendo moralmente a los sujetos modernos y cómo lo contemporáneo marca un punto de inflexión. Me gusta la imagen de una cucaracha dada vuelta, patas para arriba, sin saber cómo encontrar el suelo.

-Que relación dirías que hay entre arte y ciencia, arte y tecnología?

Es complejo pensarlo, pero no imposible. Está muy arraigada la separación en categorías que avalan los saberes modernos, que es binaria, se entiende solo desde una cosa y no otra. Por suerte hay un montón de pensadores que se encargan de discernir sobre esos temas, para dejar en evidencia cómo los saberes en los últimos siglos han apostado cada uno desde su propia disciplina, a fundar el occidentalismo y también a fortalecerlo. También hay una gran cantidad de artistas contemporáneos que cuestionan estos límites o categorías. Muchos artistas ponen en escena como la historiografía colabora para configurar la narrativa moderna, que es colonialista, europea y cientificista y donde la tecnología se presenta como el valor añadido de la supremacía de la especie humana. Un valor que se piensa desde un lugar específicamente humanista, donde la tecnología es una cosa ajena a la naturaleza, y otra vez incorpora la concepción binaria de artificial o sintético versus natural y orgánico. Como si lo que produce la especie humana no fuera parte de la naturaleza…En el libro hay un análisis fuerte de los términos de la naturaleza, entendida como eso que está ahí, un Edén que aparentemente es incuestionable. Una naturaleza que como sistema genera normativas, genera política. Una naturaleza que anuncia todo lo que está al margen de ella como lo monstruoso. Eso ya nos obliga a buscar la relación entre arte, ciencia y tecnología. El arte entonces, tendrá mucho que ver con los postulados científicos, ya sea desde la teoría del color, hasta la representación de la maternidad, la violencia de la guerra, la pandemia, la desigualdad social, el racismo, la discriminación por odio a la comunidad LGTBQI. La ciencia marca por lo menos durante períodos que se renuevan, los postulados que ofrecen normas, que generan una forma de habitar, sentir, y pensar el planeta. Y no digo el mundo, porque hay otras cosmovisiones que no pertenecen a este “mundo” al que nos referimos, que es el occidentalista. La tecnología por su parte tendrá que ver también con el avance de la ciencia. Ella al servicio de la ciencia herramientas que establecen una optimización máxima del progreso y el orden dentro de las normas epistémicas. Pero esta tecnología, sabemos que está atravesada por las cosmovisiones de quienes la producen, las crean, las testean. Casi siempre blancos, modernos del Silicon Valley. Artistas afroestadounidenses como Sondra Perry han utilizado en sus obras, evidencias de cómo la tecnología también es racista. Muchos de los softwares e IA no reconocen las características de las personas afro, por ejemplo a través de los softwares de reconocimiento facial, o los escaneos para hacer un avatar.

Volviendo a la pregunta, te diría que hay una relación que hoy se hace muy clara entre arte, tecnología y ciencia, porque el delinking epistémico se hace presente en todos los saberes de esa red donde se atraviesa la colonialidad. El pensador chino Yuk Hui ofrece una visión renovada de la relación entre tecnología y cultura, una relación que él resume mediante la noción de cosmotécnica. La tecnología se ha mostrado como un fenómeno inerte y universal.

También se habla de pueblos más avanzados técnicamente que otros. Hui pone en duda, esa premisa universalista. En el paradigma occidental el desarrollo tecnológico se presenta como una progresión unidireccional acumulativa. El triunfo de esa racionalidad tecnológica y también de la ciencia no ha proporcionado respuestas a las grandes preguntas de la humanidad. Courbet cuando pintó El origen del mundo, no solo hizo una gran pieza del arte, también aludió a la ciencia, a la naturaleza, a la mujer como territorio biológico donde replicar los nacimientos. Tania Ostojic en El origen del mundo after Courbet, plantea a través de la bandera de la Unión Europea, otro posible origen del mundo que escapa a la concepción de la vida humana. La tecnología también ha hecho que la fuerza de la obra de Courbet, sea vea cuestionada, la posibilidad de la fecundación in vitro hace 40 décadas. Y desde el arte de Marc Quinn por ejemplo cuando presenta una escultura de un hombre trans embarazado.

Actualmente la tecnología que utilizan algunos artistas, descentralizan ese lugar otorgado a la biología que define normativas: Spela Petric, Eduardo Kac y sus obras simbiogenéticas, donde lo vegetal y lo humano, las bacterias y los ADN se unen, alterando los saberes heredados y conformando un cúmulo de cuestionamientos. Pierre Huyghe es un gran artista también que desde sus instalaciones inmersivas, propone situaciones donde lo humano, lo no humano y lo artificial, establecen relaciones que aparentemente eran impensables desde la concepción moderna. Así es como el arte empuja los límites de las relaciones entre las categorías y les ofrece una mirada mucho mas expansiva, donde fluyen y se conectan con múltiples situaciones. Habrá que plantear una red de procesos interrelacionados de los que somos partes integrales, por lo que todas nuestras acciones tienen consecuencias para el mundo, un pensamiento ecológico que no se duerma en un pensamiento verde; que sea capaz de pensar la ecología sin la naturaleza como plantea Timothy Morton.

También tendremos que ver si el pensamiento no requiere comprensión racional, si es posible al margen de lo cartesiano. Estudios recientes de organismos sin cerebro como árboles, mohos y bacterias, demuestran que los bosques son un superorganismo que se comunica y rehabilita bajo su propia inteligencia, y eso se realiza sin cerebro.

Hay una concepción de lo cefálico como lugar del pensamiento que podría descentralizarse y ayudarnos a re pensar distinto. Nunca hemos reparado en los mecanismo utilizados por las plantas, que viven en el planeta mucho antes que los humanos. Esas estrategias que utilizaron y utilizan como formas de supervivencia ¿podrán ser un modelo para el pensamiento ecológico?

  • Cómo atraviesan hoy al arte las advertencias feministas, decoloniales y raciales?

    Existe un número importante de artistas locales y del mundo que hacen referencia a esas advertencias. Las mujeres artistas se están posicionado fuerte, aunque con mucho más esfuerzo, cuestionando el patrón de lo moderno. Y el feminismo surge como una herramienta que emerge y cuestiona, la biología, lo normal, la maternidad, la igualdad de género, el género como una construcción performática como plantea Butler, etc. Se hizo una muestra muy importante de Co_co Colectiva en el Centro Cultural de España, Mascaró, De León y Bunge y los curadores invitados Da Silva, Díaz y Puppo. Dejaron planteado un archivo de mujeres artistas y disidencias uruguayas, que conforman porcentajes de invisibilidad que se repiten casi con los mismos patrones en el mundo entero.

    El trabajo que hacen es muy importante porque genera reflexión, pone en escena esos temas que ni siquiera las vanguardias modernistas de principio del siglo XX quisieron visibilizar. Por allá quedaron Claude Cahún, Florinne Stettheimer, Hanna Hoch, Hilma af Klint, artistas que son reconocidas cien años después. Nadie supo de ellas hasta hace poco, el trabajo de las artistas y pensadoras feministas tuvo mucho que ver con esto. Y no hablo de las artistas del surrealismo que estaban asociadas siempre a sus maridos artistas o eran musas inspiradoras. Hilma af Klint en las primeras décadas del siglo XX movió el tablero, no podemos comprobar si fue intencional su decisión de exponer sus obras décadas después de su muerte o como resultado de la discriminación de género. Ella pintó cientos de obras abstractas de gran formato antes de que Kandinsky y Mondrian fundaran la abstracción.

    La decolonilidad juega un rol muy importante como teoría y como estética en la puesta en cuestionamiento de la episteme moderna. Artistas afrodescendientes, musulmanes, asiáticos, latinoamericanos, las mujeres y las minorías sexuales y de género, no han sido incorporados al álbum de figuritas que producen los historiadores del arte. ¿Cuántos artistas afrodescendientes hay en Uruguay? ¿A qué se debe ese número tan bajo?
    Muchas preguntas simples reflejan, la invisibilizacion programada que la modernidad y la colonialdad han sostenido durante siglos. En el libro Madmaxismo hay referencias a estas obras de artistas que ponen en escena el racismo sistémico. También en otras áreas existen datos que revelan la violencia epistémica racista, como el porcentaje irrisorio de investigadores afrodescendientes en el área de la ciencia o la tecnología o de las humanidades. Por suerte aparecen Tania Ramírez, Alejandro Cruz, Mayra Da Silva, Mary Porto Casas y marcan el juego en la cancha. La importancia entonces de los estudios decoloniales se ve en las producciones, en los guiones curatoriales, en el diseño de exposiciones que muestran y presentan al mundo, un arsenal de simbologías y cosmovisiones que amplifican nuestros saberes, nos generan más posibilidades de practicar como ponernos en el lugar del otro, por lo menos por un rato. Generar ese ejercicio de pensamiento produce cambios, y aunque sean a largo plazo, el arte tiene una labor muy importante que es la de generar múltiples caminos que cuestionen la norma moderna establecida. Es un trabajo arduo y ahí es donde arte, ciencia y tecnología establecen un vinculo, donde las fronteras de las disciplinas artísticas se desdibujan y se forma una red. El arte y sus postulados decoloniales, feministas y antirracistas le dan oxígeno al Antropoceno y acelera, marca pautas para correrse de la crisis moderna, que se ha expresado de múltiples formas: pandemia, desigualdades de todo tipo, etnocidios, discriminación, calentamiento global.

  • En el libro te preguntas si podrá el arte jugar hoy un rol crítico y contrahegemonico, qué dirías hoy?

    Cada vez estoy más convencido de la importancia del arte en la lucha contra el dispositivo hegemónico. El arte es protagonista en los debates filosóficos contemporáneos; es muy difícil pensar la filosofía o el pensamiento contemporáneo sin el arte. La constelación de simbologías que propone el arte, cuestiona y produce cambios.

    Hablábamos de decolonialidad, de feminismo, del antirracismo, de las diferentes cosmovisiones que se posicionan, y todo esto sin el arte no sería posible. El de ahora y el de antes. La importancia de cada una de las producciones artísticas entendidas en sus contextos, revelan hipótesis, interpretaciones que dinamizan los saberes. El arte contemporáneo hace cortes en la realidad, y se mete y convive, cohabita la realidad. Eso genera mucho enojo en los conservadores que siguen reivindicando la belleza eurocéntrica, o el mundo de lo sensible como en oposición a lo racional, etc. Aún mucha gente, incluso especialistas del arte, conservan la idea de la experiencia estética desde la contemplación, el regocijo del espejo…Pero creo que todo esto se da de frente contra el contexto que vivimos: calentamiento global, necropolítica, desidia de la política neoliberal, etc.

    El arte surge y cuestiona, pregunta, deja inconcluso, hace hipoótesis, ¿habrá un planeta Tierra posible para las especies humanas y no humanas? ¿Qué piensan Elon Musk y Jeff Bezos, que están invirtiendo fortunas incalculables en la conquista de Marte y la Luna? Ahí es donde aparece la propuesta de Madmaxismo, donde se cruzan las cuestiones entre las caracterizaciones del mundo, el arte, los saberes, el progreso, el capitalismo y su secuela posible.
  • Cómo ves al arte uruguayo en este contexto y desde estas consideraciones?

    Lo veo muy bien, reivindico el arte uruguayo y los artistas que plantean problemas. Estamos en pandemia y el tema de la presencialidad lo hace difícil, pero sabemos que no es solo un problema local. Ya nos veremos, aunque quizás la presencialidad del arte sea un nuevo lujo. Hay intentos muy interesantes al utilizar las redes sociales y el streaming, los de Pensión Milan, lo de Ganga en el CCD de Punta del Este, la performance de Javier Abreu del viernes pasado en Diana Saravia. Las entrevistas que hacen del EAC en Instagram a las mujeres del premio nacional Margaret Whyte: Elenter, Talento, Lacroze, Casacuberta. Muy buena también la muestra inaugural de Maru Vidal desde el Subte.Veremos que nos depara la post pandemia, creo que va a haber una irrupción de arte muy interesante, que va a evidenciar mas claro, el cuestionamiento al antropocentrismo y cómo esta devastación planetaria se hace presente de forma acelerada. La Covid-19 está dejando mucho sufrimiento, muchas muertes, mucha pobreza y gente sin trabajo, el sistema político es muy inoperante. El arte, y los artistas siempre han aportado mucho a pesar de lo no remunerado de su trabajo. Y pensándolo bien, creo que me gustaría pensar el arte desde distintos colectivos, y ver cómo desde esa multiplicidad se va dando lugar a múltiples cosmovisiones. Espero que la fuerza de las producciones autónomas e independientes sigan generando producciones artísticas y teóricas marginales. La pandemia es una especie de reseteo del planeta que se encuentra resentido por la explotación de sus recursos naturales que incluye la explotación de humanos, ojalá que nos depare hacia un espacio pluriversal. Bruno Latour cuando diseñó la curaduría del ZKM en Alemania, Reset modernity! propone que la modernidad fue una forma de diferenciar pasado y futuro, norte y sur, progreso y retroceso, radical y conservador, etc. Y que frente a este deterioro planetario es necesario reiniciar la maquina, detenernos y pensar un nuevo rumbo.

    Uno de los planteos fue el Museo del petróleo, lleno de info e imágenes. Plantea una forma clara de proponer que ese tipo de energía pertenezca al pasado, al institucionalizarlo en un museo. El arte puede generar hipótesis muy robustas, por ejemplo proponer que el petróleo sea una cosa del pasado. En medio de todos esos dispositivos las obras de los artistas y diseñadores desde sus reflexiones ayudaban a demoler mitologías, saberes. Volviendo al libro y sin spoiler, Madmaxismo es un libro optimista porque el pesimismo se lo carga al capitalismo que cree que sin combustible fósil el mundo no tiene posibilidades.


Fernando López Lage (Montevideo, Uruguay, 15 de octubre de 1964), artista visual y curador uruguayo, fundador, director y docente de la Fundación de Arte Contemporáneo (fac).

Realizó estudios de arte y pintura con el maestro Hugo Longa en Montevideo, Uruguay. Más tarde diversas becas le permitieron completar sus estudios con Luis Camnitzer en Lucca, Italia, y en la Universidad de Texas.

Es docente de la tecnicatura de Gestión Cultural de Fundación Itaú y director de la publicación de la Asociación de pintores y escultores del Uruguay (APEU). Ha participado en numerosas ferias internacionales de arte como la de Los Ángeles, Chicago, ArteBA, Estocolmo y ARCO. Sus obras se encuentran en colecciones privadas y públicas como la Colección Engelman Ost, Nelson Fine Arts en Phoenix (Arizona) y el Museo de Arte Contemporáneo de Uruguay.

Desde la dirección del fac dicta clases y talleres y desarrolla exposiciones y seminarios. Entre sus curadurías se destacan: Clemente Padín en el Subte Municipal, Jacqueline Lacasa en la Colección Engelman Ost, Martín Sastre en la Colección Engelman Ost, Margaret Whyte en el EAC, CE Subte y Premio Figari, Anaclara Talento en el Centro Cultural de España, entre otras.

http://estuarioeditora.com/libros/madmaxismo/

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Fernando Barrios

Fernando Barrios Boibo: Integra el Programa de formación permanente y curaduría del fac (fundación de arte contemporáneo) y el staff editorial de la revista HUGO. Realiza crítica literaria en revista Relaciones y de arte contemporáneo en Cooltivarte. Poeta y narrador. Ha publicado: en prosa El sótano y otros cuentos, Desaforismos, apócrifos y otras herejías, en poesía Parto de gallina, Desamorados o del tiempo perdido, Tri(i)logía y Vórtice textual: caja­juego con textos. Practica el psicoanálisis; miembro de la ecole lacanienne de psychanalyse