
Che Sil, vamos a ver a Diego Presa el viernes a inmigrantes?
” No conozco, pero dale ¡Vamos!” Me dijiste.
También me dijiste que estaba linda la noche. Con un calor primaveral, y una brisa justa.
Siempre tuviste una sensibilidad única. Afinada, como para hilar la aguja de ojo más pequeño, solo que con una mirada muy grande, creo que por eso supe que lo ibas a disfrutar.
Llegamos tarde, no se puede salir de trabajar 21:30 de La Blanqueada y querer llegar a las 21:00 a Cordón Sur. Pero enseguida que bajamos las escaleras, mi cuerpo se rindió de estar a las corridas y se dedicó a disfrutar. Fue fácil entrar en clima, el sótano de Paullier y Guaná tiene mucho de este artista. Piedra, madera, herrumbre, un lugar íntimo, privado, como mucho de sus letras, cargadas de vivencias personales, de confidencias.
Imagino subió al escenario después que cada músico estuviese tras los instrumentos, en mi orden primero Lali Gaspari se puso tras teclados, mientras Santiago Peralta se colgaba su guitarra eléctrica, Ariel Iglesias se sentó en batería, Checo Anselmi tomó el bajo y Jota Yabar su guitarra junto a la mandolina. Subió con una sonrisa justa, la que lo siguió acompañando durante el resto de la noche.
Imagino también que desde el primer tema lo acompañó la cadencia con la que disfruta cada vez que lo veo cantar, con su acompañamiento, un ritmo propio, su compás y movimiento particular y una consonancia única. Me gusta que te haya llamado la atención su disfrute, nunca perdiste la capacidad de asombro, y eso te hace detener en los detalles más simples y lindos.
Diego Presa tiene una voz cavernosa y cálida que logra una sensación envolvente, una especie de vehículo que acompaña de buenas rutas y músicos con destino a sus poesías. También notaste su dualidad, no la de la voz, pero sí la de sus letras, las de el amigo y el solitario, la del encierro y el campo abierto, la de los muertos y los vivos, la que identifica que sus canciones se pueden escuchar mientras te sentas a tomar una copa de vino a la noche, o un medio día de sol en el que estás más arriba.
Aprovechamos para hablar de otros músicos, y otras músicas, algunos porque estaban en el público, otros en los sueños de Diego, otros en remeras, y otros en mandolinas de trovadores. Es lindo escuchar música creada por personas que tienen el gusto por la exploración. Al igual que es lindo compartir el significado de sus canciones. Claro que no es el mismo que le damos al momento de hablar, de traer flores, rosas, lirios, narcisos y mburucuyá. Es que al igual que sus canciones, la poesía tiene eso, una interpretación muy personal y única que toca estados de ánimos, ideas, sensaciones. La sensación del viernes a la noche fue la de estar compartiendo música para amigos fieles, para los míos y para Lola. Música para aquellos a los que le podemos pedir sin ninguna duda “si me pierdo, venime a buscar”.















































