
OSIRIS RODRÍGUEZ CASTILLOS: EL QUE TOCABA PARA LOS QUEDADORES
En la bruma del Yi, allí donde la poesía hace nido entre los sauces y el rumor del río parece entonar cielitos antiguos, nació Osiris. O quizás se inventó. Como el gaucho Alambre, como su guitarra de doble caja, como ese banquito que talló con sus manos para quedarse quieto a meditar.
El 21 de julio de 2025, a cien años de su nacimiento, Montevideo se detuvo un instante para escucharlo de nuevo. Fue en la Sala Camacuá, donde el grupo de voces autorizadas de la mano del periodista cultural Mauricio Rodríguez el cual oficio de hilo conductor con elegancia y sutil conjuro desplegaron el abanico.
Su voz supo guiar la liturgia con la calma del que conoce los silencios del arte, reconstruyó —de a pedacitos— el misterio de este hombre multifacético, inventor, cantautor, poeta, luthier y, por sobre todo, asombrado del mundo.
MI OFICIO ES EL ASOMBRO
Oscar Redón Cabrera, uno de los primeros en tomar la palabra, no solo habló: tejió. Como quien se arremanga para darle voz al monte y al río. Redón recordó “El cuento de Juan Corazón”, releyó desde Durazno a Montevideo el paso del hombre por los márgenes del mapa oficial. Dijo que Osiris tocaba para los quedadores, para los que no corrían tras la modernidad, sino que aguardaban bajo un alero, en silencio, a que algo verdadero sucediera.
Guillermo Pellegrino, autor de A la orilla del silencio, volvió a habitar lo que Osiris dejó desperdigado en su obra. Habló del oficio de escribir no solo como arte, sino como forma de escuchar.
Jorge Alastra, por su parte, lo devolvió al oído popular: cantó, recordó que Osiris musicalizaba sus propios poemas y que su obra se vuelve difícil de replicar, no por compleja, sino por esencial. Porque no es solo canción: es ceremonia. Recordó que su guitarra, probablemente del siglo XIX, tenía alma, y que el hombre que la tocaba —como en “Gurí pescador” o “Malevo”— rozaba lo sagrado desde lo simple.
TRILOGÍA, LEGADO Y PIEL PARA ADENTRO
Se presentaron libros —una trilogía de rescate poético y musical— que reordenan, reinventan y celebran el legado de Osiris. Su Vida y aventuras del gaucho Alambre es parte de una narrativa mayor que no se deja encerrar. Porque Osiris no fue solo cantor: fue creador de instrumentos, recolector de palabras perdidas, constructor de su propia filosofía.
El audiovisual Osiris de la piel para adentro, presentado por Jorge Esteves Ramos, promete revelar un costado aún más íntimo: no el mito, sino el hombre. Ese que alguna vez recibió, en vida, un único homenaje, y que ahora vuelve del silencio para tocarnos de nuevo.
Desde el río Yí hasta la Camacuá, desde Sarandí del Yí hasta Madrid y de vuelta, Osiris es un punto de conexión entre lo popular y lo elevado. Entre el canto y el rezo. Entre la guitarra criolla y la meditación.
“Qué delicia: solo viola, sin voz, con alma” —dijeron.
Y uno no puede sino asentir.
Porque Osiris todavía suena.
Porque Osiris todavía asombra.












































