
Ya es habitual, en los eventos culturales de Montevideo, la presentación de Nair Mirabrat (ascendente banda uruguaya, con una sofisticación impactante) versionando músicas de uno de nuestros grandes pilares populares: Eduardo Mateo.
No son solamente los sublimes arreglos de Martín Ibarra (líder y cara visible de la banda), así como tampoco es solamente la escenografía onírica que sostiene la presentación de principio a fin.
Nair Mirabrat parece querer transmitir un mensaje fundamental: Mateo sigue vigente.
El candombe, los tintes jazzeros y la música popular son algunos de los rasgos más marcados de su sonido, con Juan Ibarra en batería, Federico Righi en bajo, Coby Acosta en percusión, Federico Araujo en piano y teclados, Silvina Gómez en coros, Martín Morón en trombón, Gonzalo Levin en saxofón, Daniely Benítez en flauta, Nico Selves en voces y coros, Karen Martínez en clarinete, Juan Olivera en trompeta, Jeremías Di Pólito en guitarra, Sara Sabah en voz y Martín Ibarra en guitarra, teclados y voz.
Con este amplísimo elenco, Nair Mirabrat versionó el pasado jueves 8 de octubre 2026, en el solemne Teatro Solís, varios clásicos de Mateo, con algunas sorpresas y con versiones ya conocidas.
El proyecto de Mateo solo bien se lame por Nair Mirabrat es ya bien conocido; incluso puede encontrarse fácilmente un álbum en vivo del susodicho proyecto en YouTube y diversas plataformas digitales. Las trece canciones que componen el clásico disco de Eduardo Mateo son versionadas por Nair Mirabrat con muchísima altura, tomando pasajes melódicos de Mateo para hacer de cada pequeño detalle una experiencia musical distinta. Es notorio que, en múltiples ocasiones, las melodías de Mateo son fragmentadas en varias partes, constituyendo así los diversos momentos musicales de Nair Mirabrat en cada versión (esto se esclarece, por ejemplo, en «De nosotros dos», donde la versión de la banda se va acoplando progresivamente a los cambios melódicos que originalmente Mateo propuso). Esto supone, por tanto, una experiencia particular: sucede que uno se retira del espectáculo con la sensación de que escuchaba las canciones de Mateo demasiado unificadas y de que la riqueza que supone cada pequeño detalle quizás la había pasado por alto. Nair Mirabrat, pues, explota cada intención de Mateo, cada pasaje oculto, cada sentimiento conductor.
Las versiones de Nair Mirabrat suelen ser, por consecuencia, considerablemente más largas que las originales.
El jueves, Nair Mirabrat versionó varias canciones de Mateo solo bien se lame, quizás esperadas ya por un público conocedor de la banda.
Sin embargo, hubo varias sorpresas. En primer lugar, no solamente se tocaron canciones de este álbum: se incursionó, por ejemplo, en Mateo y Trasante, con la canción «Dulce brillo».
También se versionó una canción de El Kinto llamada «José».
Destaco, a nivel personal, dos canciones inéditas de Mateo que Nair Mirabrat dejó para el final (entre audios de Mateo de fondo y alguna que otra risa): «Despertar», canción compuesta por Mateo luego de su experiencia con la meditación, en manos de un supuesto maestro gurú, y también «Siestas de mar de fondo», otra composición inédita de Mateo (se puede encontrar una preciosa versión de Jaime Ross y Estela Magnone).
Invito al lector a escuchar la entrevista a Eduardo Mateo realizada por Gustavo Rey, pues en ella se encuentran quizás las más interesantes reflexiones de Mateo disponibles en cualquier plataforma y que, además, sirvió como insumo para la presentación de Nair Mirabrat (especialmente su reflexión sobre el amor, ahondamiento metafísico de Mateo que contiene un dicho popular: «Estoy enamorado del amor»).
Finalmente, aquella circunstancia que nos atravesó a todos en las últimas semanas, aquella pérdida irreparable de un pilar de nuestra música popular, dio pie a Nair Mirabrat para animarse a cantar dos temas de Rubén Rada: «Sueño contigo» y «Blumana».
Así, luego de dos horas que se pasaron volando, se despedía Nair Mirabrat, entre palabras de agradecimiento de Martín Ibarra y reverencias al público.
Una noche que nos permitió confirmar aquella entusiasta tesis: Mateo sigue vigente. Solo hace falta que músicos que lo sientan y lo vivan se animen a cantarlo. Y el Teatro Solís colmado de gente, coreando y aplaudiendo desenfrenadamente, no fue sino la más viva prueba de aquello.