
Una chica en un pequeño mostrador se encarga de recibir a quienes vamos llegando, me ubico en la cola, rodeado de plantas que forman parte del vivero de uno de los lugares más activos en cuanto a oferta cultural de la ciudad de Montevideo.
La joven le explica a un par de hombres que pueden pasar a comer, pero que hoy hay un espectáculo, por lo que se debe abonar el costo de la entrada, así que si solo están interesados en comer parrilla tienen otras opciones en la zona. Los hombres se retiran algo apesadumbrados y ella sigue con lo suyo, escaneando códigos QR de los celulares, mirando la lista de personas invitadas y acreditadas al show.
Al ingresar, la escena es, por lo menos, curiosa. Entre la mesa que ofrece vasos de vermut Flores y las mesas de la derecha muchas personas ya se encuentran con auriculares en sus cuellos, como luciérnagas rojas que se despliegan por todo el patio y el ingreso a la sala.
El lugar está prácticamente lleno, la gente conversa, algunos se ponen los auriculares y disfrutan de una música funcional mientras revisan sus celulares. Luciano llega al escenario desde el público, más que un set lo suyo parece una cabina de control, el piano al frente, la computadora a su izquierda, a la derecha la bandeja, samplers y todo lo que necesita para conformar su universo musical. Es la primera vez que se presenta en este lugar y la propuesta es clara, uno puede optar por escuchar el recital sin auriculares y en este caso será solo piano y voz u optar por tener el set completo en los oídos a través de los auriculares. Es difícil elegir, quienes estamos ahí, de momento nos ponemos y sacamos los auriculares como quien curiosea a ver qué está pasando en el otro espacio.
¿Todo bien Seba?, preguntó Luciano a uno de los niños que conforman casi un círculo a su alrededor, sentados en el escenario. Son los hijos de quienes están parados en el tercer círculo, es fantástico ver a esa decena de niños de diferentes edades, con sus auriculares puestos disfrutando del recital, no vi a ninguno moverse de su lugar.
«Luciano es como un príncipe» me dijo alguna vez Gonzalo Deniz y es verdad, sus maneras, su forma de dirigirse al público son respetuosas, amables y seductoras.
El recital abrió con unos aires tangueros en el piano y prosiguió con «Rondo Rodó» una de las piezas que compuso para su disco Suite para piano y pulso velado. Se trata de músicas que fueron pensadas para piano y desde allí las fue llevando para otros lados, combinándolas con la música electrónica, el groove u otras músicas urbanas. Este tema inicialmente lo pensó con algunos gestos tangueros en el piano, pero cuando tocó con Jaques Morelenbaum este le dijo que había un pasaje de samba colado ahí en el tema, él reconoce que el comentario lo sorprendió, ya que no lo había hecho conscientemente y nos propuso que prestáramos atención a ver si éramos capaces de identificar ese fragmento. Nadie se dio cuenta por lo que Luciano se sintió en la obligación de mostrárnoslo.
El siguiente tema también esconde otros ritmos, básicamente el candombe, pero en este caso es intencional llevar al piano el ritmo del tambor chico y el repique, con un poquito de hip hop, estos ritmos conviven disimuladamente dentro del tema.
Llegó el momento del primer invitado de la noche, se trata de Avr, el rapero que subió al escenario para interpretar «Interludio/Luchando», una de las canciones que editó junto a Luciano el año pasado a través de Little Butterfly y que se puede escuchar en plataformas digitales.
El recital prosiguió con «Otro día en Uruguay», una de las músicas que Luciano compuso para “Tiranos temblad”, serie cuyo creador, Agustín Ferrando, es el responsable de los audiovisuales que se proyectan en una pantalla al fondo del escenario. Pero antes, una edición de varios de los videos de La Mamama de Tiranos Temblad despertó las risas en la noche.
Luciano se puso en la piel de Charly García para interpretar «No soy un extraño» en francés, canción incluida en su segundo disco, Rêverie, editado en 2011.
El recorrido por los primeros trabajos continuó con «Miles de pasajeros», una canción editada en 2004 en su primer disco llamado Supervielle. Esta canción le permite un momento de libertad, de improvisación dentro del concierto, algo que siempre le gusta tener, ese salto al vacío a ver qué sale. La canción incluye una parte rapeada en francés, la lengua materna de Luciano y otra en español, la lengua paterna. Ambas lenguas conviven en él con la naturalidad que otorga la herencia.
Hablando de herencia el siguiente tema se llama «Primer latido» y habla de la música que todos escuchamos, incluso antes de nacer y es el sonido del latido del corazón de nuestra madre. La sutileza del piano nos llevó hacia adentro, una invitación al útero materno donde reina la armonía y todo está bien.
Es momento del segundo invitado de la noche, Juan Casanova subió al escenario y desde el piano surgieron los acordes de un clásico, el inconfundible riff de Flores en mi tumba se apropió del lugar. El recital siguió con Y la nave va de Buenos Muchachos en la voz de Juan, trayendo al escenario lo que fue el espectáculo “Suma Camerata” brindado por Casanova, Dalton y Supervielle en el Teatro Solis en setiembre del año pasado. Juan no bajó del escenario, acompañando a los niños o siendo uno más de ellos, se sentó alrededor de Luciano.
El recital se fue acercando al final, Luciano invitó nuevamente a Álvaro Silva (Avr) para interpretar «Domingo», una canción incluida en el disco Sankofa, editado en 2020 que cuenta con la colaboración de figuras de la talla de Hugo Fattoruso y Ruben Rada. Según su autor la canción trata del mensaje del hip hop mezclado con música negra, como el candombe y el jazz. Luciano apunta que el disco está divino, así que si quieren descubrirlo está disponible en LP y en plataformas digitales. Supervielle cedió el piano a Álvaro y lo acompañó desde el sampler, mientras Avr canta: «Si la mente te corrompe ven al hip hop».
Continuaron con «Vuelo al sur», otro de los temas grabado juntos para Little Butterfly, una canción en la que cada uno canta en su lengua materna.
El camerino está muy lejos, es el final, pero hay bises. No voy a bajar del escenario para volver a subir, afirma Luciano e invita nuevamente a Juan para interpretar «Indios», la canción de Legião Urbana, que también está incluida en Rêverie. Luciano anunció próximas fechas y volvió al piano para cerrar el recital.
Llegó el final, poco más de una hora, un espectáculo cuidado donde todas las sensaciones se dieron cita, hubo tiempo para el humor, la emoción, la canción introspectiva o para mover la patita al ritmo contagioso del hip hop. En el final, algunos se apuraban a llegar a la mesa para devolver los auriculares y recuperar el documento que dejaron en garantía. Me fui rápido, casi escapando de la tentación de quedarme. Mientras camino me doy cuenta de que he visto pocas veces a Luciano y me prometo reparar eso. En el auto, elijo uno de sus discos para que me acompañe en el regreso.
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