
Labess en Montevideo
El grupo fundado en Montreal por Nedjim Bouizzoul se presentó en la Alianza Francesa el pasado viernes 14 de marzo 2025 como cierre de su gira uruguaya que lo llevó por el Espacio Cultural Gobbi en Paysandú y el Hotel Crown en Melo, ambos lugares con lleno absoluto y Montevideo no fue la excepción.
El show estaba planificado para las 20 h, pero desde mucho antes se fue armando una columna de personas que iba desde la puerta de la sala de la Alianza hasta la esquina de Bulevar Artigas y Guaná. El espacio parecía que iba a quedar chico, pero la organización decidió dejar unas filas de sillas en el frente y que el resto de la sala viera el espectáculo de pie, «así pueden bailar» afirmaban, una buena decisión para que nadie quedara afuera. Cabe destacar que el personal de la Alianza capeó la situación con criterio y simpatía, unas jóvenes fueron las encargadas de ir solucionando las excepciones, haciendo pasar a las personas con problemas de movilidad primero y resolviendo cada situación con una sonrisa. La misma que debió asumir el embajador de Francia cuando se encontró que los lugares que tenía reservados para él y su acompañante habían sido ocupados.
Con la gente acomodada en el recinto, pasados unos minutos de las 20 subió al escenario Labess, la banda argelina quebequense, que mezcla las raíces africanas de su fundador, con el flamenco español y la música del mundo. Las protagonistas de la noche son las guitarras, la del propio Nedjim y la de Tito, un peruano con el que se conocieron hace más de veinte años, tocando-trabajando en el metro de Montreal. Tito recuerda: «Yo iba a tocar y cuando me instalaba llegaba este señor que se instalaba y yo decía: tiene buena voz, pero yo quería tocar allí hasta que un día quedaron frente a frente y se pusieron a conversar y me incorporé a la banda, eso fue hace 10 años» me cuenta.
Las canciones recorrieron África, Europa y Latinoamérica, en ritmos y en lenguaje, ya que algunas las cantaron en francés, otras en árabe y otras en español. En menos de 10 minutos, las guitarras, la voz y la sonrisa de Nedjim ya se habían apoderado de la noche, el público estaba en su bolsillo y permaneció allí hasta el último acorde.
La banda se fue formando paulatinamente, afirma Bouizzoul: «Comencé en el metro, después conseguí un percusionista, luego un clarinetista, hicimos dos discos, ya el tercero lo hicimos en Francia». Su último disco, Dima Libre editado el año pasado es el quinto de la banda, y la toma en su mejor momento, habiendo llenado en noviembre del año pasado el legendario Olympia de París e iniciando en Uruguay una gira latinoamericana que los llevará por Perú, Ecuador y República Dominicana.
La francofonía en general y la Alianza Francesa en particular han jugado un papel fundamental en la cultura musical uruguaya, desde los ciclos de «Canto Popular» en la oscura década de los 70 a albergar al Hot Club a fines de los 90, pasando por la llegada del Cargo 92, con la presentación de Mano Negra, la banda que dejó una marca indeleble entre nuestros músicos. Esta ocasión no fue la excepción, Labess es una banda curiosa, interesante, exótica, su recital aquí probablemente sea fundacional, un antes y un después para los músicos y para quienes tuvimos la oportunidad de asistir. Ellos no se hacían grandes expectativas de sus recitales aquí, quizás como una forma de defenderse de una posible decepción, sí querían conocer un país del que tenían pocas referencias, tan solo el mate, el tango, la carne y poco más, pero se fueron con la alegría de un público que respondió con entusiasmo en cada uno de los recitales brindados.
El espectáculo duró casi una hora y media, el comienzo fue con ritmos árabes donde se iba incorporando el flamenco y la rumba, el canto africano acompañado por las guitarras y el cajón peruano, la primera canción, con más de diez minutos de duración, alcanzó para darnos un panorama de lo que sería la noche. Sin pausa insertaron «Ma liberté» compuesta por Nedjim con letra de Georges Moustaki que integra el disco doble La Route, editado en 2016. Los aplausos, los silbidos y algún ole coronaron el cierre. Bouizzoul agradece, afirma que es su primera vez en Uruguay, que están muy felices, la próxima canción es una mezcla de flamenco con arabescos. «El flamenco se inspira en la música árabe» afirma y comienzan los acordes de «Fibali» otra de las incluidas en La Route. Dos canciones, veintidós minutos de música, no hay lista de temas, al final de cada uno van decidiendo el camino a seguir. La banda nos pasea por la rumba, el flamenco y el chaâbi, un género proveniente de Argelia que combina influencias árabes, africanas y occidentales y que están emparentadas con la niñez y la primera juventud de Nedjim, este políglota, que tiene muchas patrias, emigró desde su Argelia natal a Quebec a los 18 años, sus canciones abordan el desarraigo, la búsqueda de la identidad, la propia y la de los lugares a los que pertenece y la condición de exiliado en un mundo donde ser inmigrante está cada vez más criminalizado.
Labess en árabe significa nada mal, pero si pensamos en el concierto el nombre se queda corto, ya que todo estuvo muy bien, las canciones se sucedían, el público pasaba del asombro al entusiasmo, quienes dominaban el francés se animaron con alguna de las canciones, otros simplemente dejaron que su cuerpo se moviera, ya sea en las sillas del frente o parados en el fondo. Las guitarras nos pasearon por Argelia, París o Andalucía, uno cerraba los ojos y podía sentirse cerca de Paco de Lucía acompañando a Camarón. Tito se lució en la guitarra, las sonrisas cómplices entre ellos delataban que todo iba saliendo como deseaban.
La segunda mitad del recital enfiló su proa a Latinoamérica con «No te vayas», otra canción proveniente de su disco La Route con letra en francés y el estribillo en español que invita a corear el «No te vayas, mi amor». La segunda parte fue solo a guitarras, el percusionista que acompañó en el cajón peruano bajó en un breve interludio y ya no volvió al escenario.
La propuesta siguió con una canción en francés con aires folck, Nedjim nos contó que la cantaba su padre y que habla de la amistad, la esperanza y el amor. El aire festivo se apoderó de la sala con una versión de «Solo diré» de Manolo. Desde el escenario arengaron al público, las palmas inundaron la sala, el cuerpo ya no se quedó quieto. En el plan de continuar con esas que sabemos todos siguieron con «Bamboleo» de los Gipsy Kings.
Como en una montaña rusa, la energía bajó con «Nací en Álamo» de Yasmin Levy, siguió con «Yo quiero un sol» en francés que la enganchó con «El Cuarto de Tula» de Buena Vista Social Club para recuperar la fiesta que anticipó el final del recital. La rumba volvió a apoderarse de la sala, el público coreaba: «Fuego, fuego, fuego, se quema mi corazón». Bajó el agradecimiento del escenario y fue retribuido con aplausos, ovaciones y pedidos de otra. El cierre fue con «La vida es un carnaval» de Celia Cruz, canción incluida en el disco Yemma de Labess del año 2021, cantada en francés y manteniendo el estribillo en español.
Con ella sí llegó el final, la gente se retiró con la sonrisa pintada en el rostro, los músicos se quedaron conversando con algunos, otros pidieron una foto, hubo felicitaciones a veces en español otras en francés. Yo me retiré con la sensación de haber sido parte de algo único, provocado por la Alianza Francesa, que puso el foco allí y por un rato nos iluminó a todos, a quienes desde el viernes hemos incorporado a Labess en nuestra play list.
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