
Un paraje temporal para los seguidores de culto.
Casi un ritual. Una misa.
Eso fue el show del 20 de agosto.
Helada la calle en Montevideo. Al sur de las estaciones.
Y en La Trastienda, una noche cálida y memorable. Llena de melancolía y buenísimos e intensos momentos de música personalísima.
Casi no pienso en el tiempo que hace que los escuchamos, para no asustar…
Forman parte de esos momentos, que se extienden cual mar, por cada una de las partes de la vida. Incluso en los días de hoy.
Por lo bajo, con ese perfil de gente que caminaba trillando las callecitas del centro con su instrumento a cuestas en los años noventa.
El disco nuevo es tan bello y Montevideano como esa exacta imagen.
Hubo muchos amigos en escena.
Tal vez debería destacar una canción, a alguno de ellos en especial, un momento; pero no es posible. Todo en el escenario fue colocado con el corazón y las ganas en las manos, afortunadamente para los que los disfrutamos.
El repertorio fue uniendo piezas, a veces tan dispares y de diferentes generaciones, bajo el mismo foco, la misma preciosidad, el mismo público.
Le tocó a Los Planetas la responsabilidad de la canción del apoteósico final. Porque no iba a haber bises.
Nunca los hubo.
Pero esta vez si.
“Santos que yo te pinte”. Un disparate bellísimo.
Cuando el mundo se derrumba y nos vienen maldadas, siempre nos quedarán noches como ésta en los rincones del alma.
Un toque muy precioso. Solo gracias.
Y como dijo alguno de los gurises en la maravilla de transmisión en vivo que hizo la gente de El Bloque Radio (aplausos): “no hay manera de no amar La Foca”
— Ramona (@amnrx) August 21, 2022















































