
Entre luces, sombras, relojes, personajes y canciones, Fero O’Smith convirtió la presentación de Delirio en el Tiempo en un viaje audiovisual que recorrió distintas caras de una misma historia.
El viernes 17 de julio 2026 volví a la Sala Hugo Balzo. Esta vez la cita era con la presentación de Delirio en el Tiempo, el tercer disco de Fer O’Smith. Había leído que no sería un recital convencional, sino una experiencia audiovisual. Esas definiciones muchas veces quedan en una buena intención, pero esta vez no.
Las butacas se fueron ocupando lentamente. Las conversaciones se apagaron solas y la sala quedó envuelta en un clima de solemnidad, más cercano al de una función de ópera que al de un recital de rock. Ahí empezó Delirio en el Tiempo.
Ivana Rodríguez. Fue la encargada de abrir el show; una joven talentosa a la había escuchado antes y que terminó siendo una de las sorpresas de la noche. Sola con su guitarra abrió con ¿Hasta Dónde? y siguió con Estás Afuera. Con esa canción me pasó algo distinto. Habla de la existencia humana, de lo pequeños que somos frente al universo. “No somos nadie, no somos nada; apenas un segundo en el inmenso transcurrir del tiempo”. Pero, al mismo tiempo, somos todo. En ese pequeño punto azul caben el arte, la música, la historia, las guerras y el amor. Me erizó la piel por la honestidad de la letra y su interpretación tan sutil
Después llegaron Tanto Rato, No Quiero Perder y Querer, completando un set de cinco canciones que alcanzó para descubrir una técnica vocal notable, una voz cálida y una presencia escénica muy natural. Seguramente no fui el único que llegó a la Balzo sin conocer su música y salió con ganas de buscarla en alguna plataforma para volver a escucharla.
Después de la presentación de Ivana, la sala volvió a quedar a oscuras. Unos segundos después apareció Fer O’Smith junto a la banda. Lentamente sus integrantes fueron ocupando sus lugares, tomando sus instrumentos y entrando en ese pequeño mundo que se iba armando sobre el escenario, mientras el público acompañaba con aplausos.
Morir en el 2006 abrió el espectáculo. Mientras ellos comenzaban a tomarle el pulso al escenario, nosotrxs íbamos entrando en la propuesta, tratando de identificar el sonido de cada instrumento en un espacio acústico que permitía escuchar cada detalle.
Continuaron con Siempre la misma sensación y Ke hablar. La oscuridad predominaba en la estética de la banda; las ropas, los apliques y esos pequeños detalles que terminaban de construir la imagen. Había algo ochentoso en esa escena, aunque cuesta explicarlo con precisión. Después llegaron Tarde, Tus cuerdas y Lo tóxico, manteniendo el viaje mientras Fer desplegaba todo su talento sobre el escenario, acompañada por luces cálidas que ayudaban a construir la atmósfera del espectáculo. Un día más, Como un huracán y Portal completaron el recorrido y marcaron el final de la primera parte del show.
Llegó el momento de la pausa. El escenario quedó vacío y la oscuridad volvió a ganar el ambiente.
El primer gran cambio llegó cuando la banda abandonó el escenario. No fue una pausa para acomodar instrumentos ni un simple corte. Ese vacío permitió que sucediera una escena: un conejo apareció lentamente y fue acercándose hasta llegar al centro del escenario, donde lo esperaba un gran reloj de pie con péndulo. Mientras sonaba Corre, Don’t Look Away, marcó la hora y comenzó un juego silencioso de contemplación y resignificación del tiempo, interactuando con la pieza hasta convertirla en parte del relato. Todo sucedió con una calma casi ceremonial, hasta que finalmente emprendió la retirada.
La escena del reloj marcó el final de una etapa del espectáculo. Después de ese momento de pausa y contemplación, los músicos comenzaron a volver, casi sin apuro. Con ellos apareció Pablo Soiza, vocalista y guitarrista de Dr. Rocka, para sumarse como segunda guitarra.A partir de ahí, algo empezó a cambiar. La oscuridad de la primera parte quedó atrás y el blanco, la claridad y una sensación más luminosa comenzaron a ganar la escena. Las luces, el vestuario y la energía del espectáculo se transformaron.
Con ese cambio y luego de la pausa táctica, retomamos el viaje con Delirio en el Tiempo y la presencia de una invitada de lujo: Mónica Navarro. Su llegada terminó de empujar esa transformación. Junto a Fer construyeron una dupla explosiva que terminó en una performance donde ambos se movieron por el piso del escenario, en una escena tan inesperada como brillante.
Después llegaron Te Asunta, De ahora en más y La única ley, junto a Christian Cary, el segundo invitado de la noche. Su aparición fue muy celebrada por el público, no solo por su talento, sino también por esa cercanía y ese don de gente que lo caracteriza. El recorrido continuó con ECM, donde Nadia Florio aportó el sonido del saxo. Perderme está bien dejó uno de esos estribillos que quedan dando vueltas y Enjambre terminó de cerrar la segunda parte con la fuerza de una despedida.
Ya no era el mismo show que había empezado una hora antes. Era como si el disco hubiera decidido mostrar otra cara.
Hay recitales donde las canciones son el centro y todo lo demás acompaña. En este caso fue diferente. La música, las luces, la escenografía y los personajes funcionaron como partes de una misma historia. Nada parecía estar puesto porque sí. Cada elemento tenía un lugar dentro de ese universo que Fero O’Smith construyó sobre el escenario.
La banda nació como proyecto en 2018 y hoy está acompañado por Ana Clara Fleitas en teclados, Tote Fernández en batería, Diego Bonomo en guitarra y Germán Rodríguez en bajo. Detrás de una propuesta de esta dimensión se nota que hay muchas horas de trabajo. No solamente por el sonido, sino por la seguridad con la que cada cosa sucede arriba del escenario.
Cuando terminó el show tuve la oportunidad de saludar a Fer a la salida de la Balzo. Es ese ritual que muchas veces tienen lxs artistas después de cada show, salir a encontrarse con su público, con amigos y con quienes estuvieron acompañando la noche. Para mí fue un momento especial. Con la emoción todavía presente pude agradecerle por el show y por ese viaje al que nos había invitado a transitar.
La banda tiene una identidad propia y gran parte de eso pasa por Fer; su carisma, su manera de entregarse en cada canción y la conexión que genera con el público. La elección de construir un universo alrededor de sus canciones hizo que la noche siguiera dando vueltas un buen rato después de salir de la Balzo.
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