
Salió el primer humo blanco de lo que será el gobierno del Presidente Boric: su primer gabinete. Había expectativas y especulaciones respecto de los nombres y cunas políticas de los designados. Apenas un nombre era “carta marcada” pues concitaba, cosa rara en la política, con la unánime aprobación: Mario Marcel en la cartera de Hacienda. El ahora expresidente del Banco Central, confirmado por el Presidente Sebastián Piñera el año pasado en el cargo por un periodo de cinco años, es Ingeniero Comercial, independiente pero cercano al Partido Socialista del que fue militante.
Pero no solamente el futuro Ministro de Hacienda proviene de un partido político que durante años gobernó el país, y formó parte de la coalición política más importante de Chile desde el siglo pasado: la Concertación, hoy desfigurada y dividida. Otros ministerios, vinculados a áreas sensibles para la ciudadanía como Desarrollo Social, Defensa, Minería, Obras Públicas, Salud y Vivienda, estarán también en manos de políticos ligados a la viaja Concertación. Curioso, podría pensarse, que la coalición perdedora de las últimas elecciones presidenciales, esté en ministerios tan relevantes para la marcha de cualquier gobierno democrático. ¿Curioso?
Nada de curioso a mi modo de ver. Los ministros del “antiguo régimen” aportan su experiencia y conocimientos indispensables para ejercer tan altas funciones. Han vivido tiempos difíciles de una Historia compleja en vicisitudes. Y Gabriel Boric sabe que en su coalición no hay personas capacitadas para integrar un gabinete que augure buenos vientos para un barco difícil de comandar. Su coalición es gente mayoritariamente joven repleta de ideales y sueños, salida de la calle y, por lo mismo, con una mirada muy general de la realidad, sin las competencias necesarias, en consecuencia, para navegar por aguas turbulentas. ¿Está equivocado Gabriel Boric?
Para nada. La elección de personas con capacidades reconocidas provenientes del “antiguo régimen”, habla muy bien de él, de su visión país, porque antepone los intereses nacionales a los intereses partidistas. Es cierto que este equipo comenzará a funcionar el 11 de marzo próximo, y deberemos esperar que las acciones demuestren la buena o mala selección no solo en estos ministerios más sensibles, sino en todos los gabinetes. Pero es, como dije, un buen augurio. Sin duda sus partidarios esperaban copar todos los ministerios, sobre todo el Partido Comunista, el único añoso dentro de la agrupación gobiernista, pero un partido minoritario a nivel nacional, no querido por la gente y que tampoco presenta un cuadro tan auspicioso de capacidades técnicas y profesionales.
¿En qué momento Gabriel Boric resolvió acudir a políticos de la Concertación para integrarlos a su Gabinete? Recordemos solamente que él mismo censuró a la centroizquierda cuando Michelle Bachelet cambió su ministerio el año 2017, diciendo que en realidad no había hecho más que instalar la nata de la Concertación. El punto de quiebre, para usar un lenguaje tenístico, lo puso su encuentro con el expresidente Ricardo Lagos en la casa del exministro Luis Maira. Allí se selló el acuerdo que llevaría a Boric a La Moneda. A las horas de ese encuentro, Ricardo Lagos anunciaba su apoyo a la candidatura del joven político. Las elecciones estaban decididas. Al Presidente electo no le quedaba más que cumplir con la palabra empeñada en esa reunión.
De este modo, la vieja izquierda derrotada en las elecciones presidenciales, volvía a La Moneda de la mano de los acuerdos entre un joven y un más que veterano, que protegía también su propio legado político. Así, gente ligada al Partido Socialista (Mario Maciel, Maya Fernández, nieta de Salvador Allende, Carlos Montes), al Partido Radical (Marcela Hernando), al Partido Liberal (Juan Carlos García) y muchos independientes como María Begoña Yarza en el Ministerio de Salud, muy cercana a Jaime Mañalich, exministro del Presidente Piñera, acompañan hoy a quien será el nuevo Presidente. Una lección aprendida de la Historia que no puede ni debe ignorarse, no obstante los ímpetus refundadores de los frenteamplistas que creyeron que Chile comenzaba con ellos.
Hasta la futura vocera de gobierno, la diputada comunista Camila Vallejo Dowling declaró que este es un gabinete de centroizquierda. Boric tuvo extremo cuidado en limitar el campo de acción de los comunistas en su gabinete. De hecho solo tres miembros de este partido entrarán a La Moneda como ministros: la mencionada diputada en el Ministerio Secretaría General de Gobierno, Jeanette Jara en el Ministerio del Trabajo y Previsión Social y Flavio Salazar en el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. No por nada su presidente, el diputado Guillermo Teillier dijo que no conocía a Mario Maciel, el futuro Ministro de Hacienda. Dos razones pueden generar tamaña desfachatez: o es un ignorante o está “picao”, como decimos en Chile cuando no se consigue lo que se desea (él fue derrotado en las elecciones para Senador).
De cualquier forma, sea como sea, lo cierto es que Gabriel Boric ha sido cuidadoso y no quiere, de ninguna manera, perder a sus aliados del “antiguo régimen”, más aún que no tiene mayoría ni en la Cámara ni en el Senado, lo que lo obligará a gobernar bajo el imperio de la política de los acuerdos. Y en estas circunstancias es fundamental el Ministro de la Secretaría General de la Presidencia, encargado de establecer los puentes entre el gobierno y el Congreso. Su amigo, el diputado Giorgio Jackson fue el escogido, pero su figura no es de consenso, pues es considerado una persona de trato difícil, que no tiene buenos recuerdos entre sus pares. Al parecer, no fue la mejor opción, pero el tiempo lo dirá.
En definitiva, habrá que esperar hasta el 11 de marzo, cuando La Moneda reciba a sus nuevos habitantes, y el pan comience a quemarse en la puerta del horno. De momento, todo lo que se diga, para bien o para mal, no es nada más que apreciaciones personales a la luz del reciente pasado político chileno. De cualquier forma, y por el bien de Chile, el país espera que Gabriel Boric mantenga ese equilibrio político y emocional mostrado en la organización de su primer ministerio.
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