Carolina Porley

EL COLECCIONISTA – NECESARIOS MECENAS

La historiadora Carolina Porley (1), realizó un trabajo “capo laboro” rescatando la tarea altruista que realizara oportunamente Fernado García Casalia (Montevideo 1887-1945) quien fuera uno de nuestros principales agentes del arte de mediados del SXX.

El libro contiene un prólogo de nuestra historiadora Laura Malosetti (2) radicada en Buenos Aires a quien también debemos de rescatar e incluir dentro de nuestro patrimonio cultural. Asimismo, también participa Gabriel Peluffo Linari (3) presentando el libro.

Fernando García fue contemporáneo de otros coleccionistas como Félix Ortiz de Taranco, Manuel Otero, Alejandro Gallinal, Rodolfo Mezzera, Horacio Mailhos, José Irureta Goyena y Octavio Assuncao (Portugal 1904-1998), pero su obra no ha tenido el cuidado merecido en cuanto a la divulgación que dejó estipulado en su testamento al momento de legar todos sus bienes al Estado.

Tampoco ha tenido una familia detrás esmerada y dedicada que se ocupe de su colección como es la caso de los Ortiz de Taranco, los Torres García o los Gurvich, constantes gestores y veladores de las obras de sus ancestros.

Mas allá de ciertas gestiones puntuales que realizaran sus sobrinos, (no tuvo hijos) a través de demandas al Estado que no lograron el fin propuesto, no ha existido interés alguno por rescatar su memoria como gestor cultural.

Fernando García es la primera generación nacida en Uruguay de su familia de origen gallego y ese mote de inmigrante “bajado de los barcos” le pasó factura a la hora de lograr el reconocimiento deseado para estar a la altura de los formadores de la patria como fueron nuestros patricios.

Queda a criterio de cada lector discernir las distintas razones que llevaron al coleccionista a reunir su selección de obras, así como su interés por trascender dentro de la historia de nuestro país, muy bien detalladas por Porley. Pero mas allá de ello, lo importante a mi criterio en esta reseña donde le rindo homenaje, es rescatar de nuestra memoria colectiva su gran gestión y labor en pos no solo de remarcar la importancia de la obra de uno de nuestros principales artista como fue el caso de Juan Manuel Blanes (Montevideo 1830-1901), sino la concientización nacional de velar por nuestro acervo cultural.

Fue el mayor coleccionista de obras de Blanes a quien no conoció personalmente. Asesorado por el historiador José María Fernández Saldaña (Salto 1879-1961), el crítico, historiador de arte y galerista José Pedro Argul (1903-1974), el escultor Edmundo Prati (Paysandú 1889-1970), se ocupó no solo de reunir la mayor cantidad de obras del artista sino de rescatar de manos de particulares quienes no le rendían el prestigio acorde, sino que también repatrió obra dispersa fuera del Uruguay. Hasta ese momento, Blanes era considerado un retratista de época sin mayor transcendencia artística pero ocupaba varios salones de la clase patricia y alta burguesía quienes no tuvieron inconveniente de deshacerse de ellos a u precio razonable que García ofrecía.

La obra de Blanes estuvo mucho tiempo desconsiderada hasta tanto la celebración del primer centenario de la Nación, donde a partir de la iniciativa de una serie de intelectuales se rescató la importancia del pasado a través de la valoración de nuestros indígenas y del período colonial hispanoamericano dentro de un proceso de revalorización de las distintas influencias que habían conformado nuestro joven país.

García dinamizó Blanes, rastreando, repatriando y contribuyendo a incrementar las obras del artista a favor del Estado para ocupar un lugar protagónico dentro del acervo público.

Podemos decir que el ámbito facilitó la tarea del coleccionista atento a rescatar nuestro pasado y darle el protagonismo necesario que a criterio esa generación legitimó y oficializó el acervo artístico de los años 30.

Blanes, mas que un pintor fue un mecenas nacional plasmando en sus lienzos instancias que daban cuenta de aspectos que iban dando forma a nuestra idiosincrasia como fueron sus gauchos amen de las pinturas conmemorativas de fechas nacionales que mal o bien ambientadas nos generaron el espíritu colectivo de pertenencia.

La colección de García apostaba por una modernidad polifónica, coexistiendo en ella cosmopolitismo, nativismo, criollismo e hispanismo.

Estaba integrada también por autores como Eduardo de Martino (34), Diógenes Héquet (12), Carlos Federico Sáez (6), Rafael Barradas (4), Carlos María Herrera (5), Washington Barcala (1), Francisco de Goya (1), Ignacio Zuloaga (1), Anglada Camarasa (1), Mariano Fortuny (1), entre otros lo que da cuenta de su abanico de artistas.

García falleció de forma precipitada a raíz de una meningitis aguda, siendo joven (57), pero de todas formas había dejado su testamento legando todos sus bienes con fines filantrópicos al Estado, dejando fuera a sus familiares quienes a excepción suya, que se ocupó de llevar adelante los negocios de su padre, se dedicaban a vivir de rentas y utilidades.

El mayor beneficiado de su colección de obras fue el Estado quien las acogió dentro del acervo del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) pero sin cumplir ni respetar las estipulaciones testamentarias que dejó bien claro García.

Allí comprometía al MNAV a crear una sala que llevara su nombre que acogiera su colección, aspecto que no se cumplió y fue motivo de demandas de parte de sus familiares en 1973 liderado por sus sobrinas Esther y Susana Nunes García.

El Estado alegó nuevas modalidades modernas de exhibición respaldas por Ángel Kalenberg quién declaró que “la existencia de salas con salas con nombres de donantes era una práctica anacrónica que contradecía las tendencias museísticas modernas”.

A mi criterio, la mejor forma de percibir una selección de obras reunidas con responsabilidad y seriedad como fuera su caso, dando cuenta del espíritu no solo del momento histórico sino del coleccionista, se logra a través de su agrupación original y de ser posible en el edificio en la que fue concebida la colección. Existe una tendencia mundial a rescatar edificios históricos para albergar y exhibir colecciones privadas. A modo de ejemplo consideremos la de Guillermo Tovar de Teresa (México 1936-2013) en el Ciudad de México que fue adquirida por el coleccionista Carlos Slim para su difusión.

En cada ciudad que visito, me resulta interesante y didáctico, recorrer colecciones privadas que dan cuenta del espíritu de una época.

Eso se logró en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, con la colección de Manuel José de Guerrico (1800-1876) que se reunió en una sala que envuelve al espectador y traslada a su época original logrando una mayor asimilación no solo mental sino espiritual.

Está demostrado que existen otros sentidos además de los cinco identificados que se confabulan y actúan facilitándonos la comprensión de la exposición visitada.

Tratándose de una colección la cual fue consensualmente conformada respetando el espíritu de los años 1925-1945, en que García se ocupó de reunir las obras, sería mucho más enriquecedor, verla reunida con sus obras confrontadas y en diálogo como lo propuso el coleccionista.

Más allá de que no se cumplió con lo estipulado en su testamento, lo más perjudicial es que mucha obra se ha distribuido y en algunas se han perdido.

El caso más dolorosamente notorio es la trilogía conformada por El último paraguayo, El ángel de los charrúas y La paraguaya, donde García solicitó expresamente se mantuvieran juntos tal cual los tenía en el hall de ingreso de su apartamento en el Edificio García (18 de julio esquina Ejido).

Dos de estas obras fueron repatriadas por García desde Buenos Aires.

Actualmente solo se encuentra exhibida La paraguaya en el MNAV y las otras dos obras están colgadas en una oficina en el Palacio Esteves sin acceso al público.

Asimismo las obras dispersas tanto en el MNAV como en otros sitios, no cuentan con la ficha técnica completa careciendo en algunos casos de los orígenes así como los nombres de los donantes.

En el Palacio Taranco hay obras de la colección de Fernando García sin identificar su origen desmereciendo la tarea del coleccionista así como también confundiendo al visitante.

Este tipo de actitudes del Estado que aun persisten, desestiman el interés de eventuales donantes a partir de una figura desdibujada por parte del gobierno que no participa en forma activa tanto en la preservación como en la divulgación de nuestros artistas.

El MNAV tiene unas 6600 obras de más de 960 artistas donde solo un tercio pertenece solo a seis artistas: Petrona Viera (1003), Rafael Barradas (503), José Cúneo (412), Juan Manuel Blanes (228), Margarita Mortarotti (211) quien necesita un urgente rescate para su difusión y Carlos Federico Sáez (208). Dentro del número de obras de Blanes, García aportó 152 en 1945 y Manuel Otero donó 46 en 1926. Cabe aclarar que una de las obras más codiciadas de Blanes por los visitantes, como es el Retrato de la señora Carlota Ferreira, fue donado por Manuel Mendoza Garibay.

Asimismo dentro de su acervo, existen obras de artistas premiados que nunca han sido exhibidos. La dirección del MNAV ha cambiado pocas veces de mano, considerando que Angel Kalenberg estuvo al frente del mismo cuarenta años y aun los uruguayos seguimos esperando un museo tanto de arte histórico como de arte contemporáneo donde podamos recorrer y asimilar nuestro pasado y presente artístico.

En Carrasco, Fernando García construyó en 1935 su residencia principal de estilo neo hispanista diseñada por el arquitecto Julio Butler. Esa casa quinta ubicada sobre Camino Carrasco, ocupaba más de 12 hectáreas y también fue legada a la Intendencia de Montevideo con la colección de carruajes históricos que había reunido y está abierta al público.

Fue realizada por la constructora García Otero, Butler y Paganini y su parque fue obra del paisajista francés Charles Racine (1859-1935) autor de varios espacios públicos de nuestra ciudad como el Jardín Botánico (1902) y el Rosedal del Prado (1912) así como también jardines particulares.

En su casa quinta García tenía una amplia selección de árboles así como un zoológico con animales exóticos con más de 100 especies.

Es importante destacar la ardua labor de García a la hora de difundir y promover su colección logrando una postura protagónica de nuestro país a nivel cultural. Para ello se ayudó no solo de sus asesores sino de medios de comunicación como fueron Mundo Uruguayo, El Día y la revista Anales.

Para divulgar su residencia de Carrasco así como su moderno Edificio García conformado por 11 pisos, se valió de la revista Arquitectura de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay y de El Progreso Arquitectónico.

Se ocupó de exponer y divulgar su blanística trabajando bajo el modelo de incluir el pasado en un relato de cara al futuro.

Fernando García también era numismático y reunió una importante colección con 776 piezas (739 eran de oro) que legó al Banco Comercial donde integró el directorio. En virtud del requerimiento de disponer de una sala, el Banco consideró un tarea trabajosa que generaría gastos y cero ingresos por lo cual no la aceptó, distribuyéndose las monedas entre los familiares de García.

También coleccionaba mates de plata, relojes, cajas musicales, armas donde tenía tres armaduras de guerreros, (dos japoneses y una española), litografías y fotografías antiguas y documentos y objetos relativos a la historia del Teatro Solís.

En 1932 Fernández Saldaña publicó ayudado económicamente por García la biografía de Blanes titulada Juan Manuel Blanes. Su vida y sus cuadros.

En 1941 se realizó una retrospectiva de Juan Manuel Blanes en el Teatro Solís y allí se ubicaron dos salas con obras de Fernando García que lo catapultaron a nivel nacional como un gran mecenas y coleccionista. Más allá de que el criterio de exposición, seguramente definido por él mismo, no fuera el más adecuado, marcó un hito a la hora de rendir homenaje y promocionar a nuestro artista como el “pintor de la patria”.

Por toda su generosidad y obsesión de trascendencia, bien podríamos llamar a Fernando García “el mecenas de la patria” siguiendo la misma idea.

Más allá de su obsesión por trascender, nuestro país debe de agradecer haber contado con una personalidad tan altruista y generosa con espíritu filantrópico que ha permitido conformar un gran legado cultural que ayudó a rescatar y que hoy día no solo presumimos sino que forma parte de nuestro ADN cultural.

Sus restos descansan en el panteón familiar ubicado en el Cementerio Central que es digno también de visitar.

Es muy interesante y exhaustivo el desarrollo que realiza Porley en su libro donde da cuenta de toda una situación del mercado local y regional de arte con una amplitud de artistas que hablan de la historia de nuestro país.

1. Carolina Porley (Montevideo,1979) es profesora de Historia del IPA, licenciada en Comunicación (ORT) y magíster en Historia, Arte y Patrimonio (Universidad de Montevideo) y actualmente cursa su doctorado en Historia en la Universidad de la República.

2. Laura Malosetti (Montevideo 1956), es investigadora, ensayista, conservadora de museo y curadora. Tiene un doctorado en historia (Universidad de Buenos Aires) y se desempeña como directora del Instituto de Artes de la Universidad Nacional de San Martin.

3. Gabriel Peluffo Linari (Montevideo, 1946), es arquitecto (Universidad de la República), investigador independiente de historia del arte de los siglos XIX al XXI. Ha ocupado el cargo de director del museo Juan Manuel Blanes desde 1992 al 2013.

 

Galeria de imágenes en: www.asesordarte.blogspot.com

 

 

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Daniel Benoit Cassou

Daniel Benoit - (Uruguay, 1961), es contador público de profesión. Hizo su formación artística en los talleres de Hugo Longa, Clever Lara y Lacy Duarte; escultura con José Pelayo y fotografía con Enrique Abal, Oscar Bonilla y Roberto Schettini. Realizó cursos de formación teórica con Nelson Di Maggio, Alfredo Torres, Nelson Baliño y Emma Sanguinetti, entre otros. Ha participado en muestras de fotografias, colectivas asi como individuales: 2007 – Facultad de Ciencias Económicas; Centro Cultural Lapido; Club de Golf; Fotogramas - Montevideo 2009 – Galería de arte La Pasionaria – Club de Golf - Montevideo 2010 – A la Follie; Trattoria La Commedia; Club de Golf – Montevideo 2011 – Museo del Azulejo; Fotograma; Club de Golf – Montevideo; Bienal X – Salto 2012 – Espacio Innova – Punta del Este Es asiduo asistente a las principales bienales de arte: Venecia, Lyon, San Pablo, Cuba, Porto Alegre, Lima, así como ferias de Basilea, Paris, Buenos Aires, entre otras. Es coleccionista de arte nacional, asesor de arte contemporáneo, escribe en sus blogs y es columnista de la revista de arte nacional “Cooltivarte” desde el 2012, asi como de la revista “Arte” del periodico “El Pais”. Blogs: www.coleccionbenoit.blogspot.com ; www.asesordarte.blogspot.com